Lunes 17 DE Junio DE 2019
El Acordeón

Tres tristes tigres

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 03-09-17
Por: Arturo Monterroso

Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. ¡Arriba el telón! Estas palabras encierran el prólogo de Tres tristes tigres, la novela de Guillermo Cabrera Infante que este 2017 cumple 50 años de su primera edición; esa versión original mutilada por la censura española de los tiempos de Franco, acusada de antimilitarista, pornográfica, grosera, irreligiosa, irrespetuosa, ileíble (sic) y procaz, según nos recuerda Juan Cruz en un artículo de El País. La edición que leo ahora es la de Seix Barral de 2005 e incluye todo lo que la censura había extirpado en 1967. No hay peor mal que la hipocresía atrincherada en el conservadurismo, la dudosa ética de la práctica religiosa y las buenas costumbres. Pero también la hipocresía de la censura revolucionaria, atrincherada en el dogma de la ideología, que no soporta la crítica ni el pensamiento transgresor. Y soluciona el problema con la purga. A partir de su protesta contra la prohibición de P. M. en Cuba, un cortometraje de su hermano que, al igual que Tres tristes tigres, refleja el esplendor de la noche habanera; de su destitución como agregado cultural de la embajada de Cuba en Bélgica y de haber sido despedido del suplemento literario Lunes de Revolución, Cabrera Infante se convierte en un disidente, desencantado de la revolución de Fidel Castro, y va al exilio, satanizado por la izquierda y rechazado por la derecha. Es en esos días que empieza a escribir Ella cantaba boleros, el relato que, aunque parte fundamental de la novela, siempre tendría vida propia.

WelCOME to Cuba! Tres tristes tigres nos ofrece una serie de imágenes cinemáticas de la vida nocturna de La Habana en los años cincuenta del siglo pasado, al filo de la revolución, pero todavía sumergida en la banalidad que ocultaba las desgracias del represivo y corrupto régimen de Batista, aliado de los grandes productores de azúcar y de la mafia estadounidense. Y digo “imágenes cinemáticas” porque en la novela todo sucede a un ritmo vertiginoso, en un movimiento que no cesa, empujado por las palabras o, quizá, debería decir, por las voces que nos hablan desde sus páginas y que aún ahora siguen sonando frescas (“…yo rialmente lo que quiero e divestime y dígole, no me voy a pasal la vida como una momia aquí metía…”); al ritmo del bongó, la tumba y los timbales de la noche habanera, cargada de la cálida humedad de la bahía. Gran transmutador de las palabras, Cabrera Infante logra musicar en su escritura el habla de los cubanos noctívagos, impenitentes, abrasados por la irreverente sensualidad de la piel, el clima y la música: “…y ella estaba sola debajo del farol debajo del Pigal y me gritó cuando yo frené, Detén tu carro Ben Jur, y yo arrimé a la acera y ella me dijo, ¿A dónde vas cosalinda?”. Sí, sin duda el lector ha notado la transgresión ortográfica en que incurre el autor, pero no es más que parte del juego de intentar reproducir la jerga nocturna habanera. Por eso dice el mismo Cabrera Infante que algunas páginas se oyen mejor que se leen.

Lights! Lights! Amableypacientepúblicocubano… “Cuando llegué a La Habana, en 1941, me quedé deslumbrado porque cuando se ponía el sol, el día se continuaba en una noche eléctrica —dice Cabrera Infante en una entrevista de 1996—. Recuerdo aquel fulgor de La Habana mejor que la primera mujer que vi desnuda”. La música nos acompaña siempre, mientras avanzamos, como un pequeño barco, en el inmenso mar de las palabras de esta novela densa, cargada de un lenguaje rico y sonoro; contada, además, con un humor espontáneo, un ingenio divertido y una gana de vivir incontenible. Es un fonógrafo encendido en la noche larga del cabaré y la humedad tibia del amanecer. “…y entonces ella me preguntó, Con la pasión, y yo le dije, Con pasión y con locura…”.

>arturo.monterroso@gmail.com



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