Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

Cisma sangriento

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 06-08-17
Por: Arturo Monterroso
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El más reciente libro publicado por Francisco Pérez de Antón tiene este título contundente y trágico: Cisma sangriento (Taurus, 2017). Tiene, también, un subtítulo que lo explica y que sitúa la perspectiva de su discurso: El brutal parto del protestantismo: un alegato humanista y secular. Y le siguen, una vez abierta la primera página, una serie de capítulos con nombres sugerentes y, no pocas veces, irónicos. Tomemos como ejemplo, Se vende paraíso a buen precio, oiga’ y ‘A las armas todos, amados hermanos. Su argumentación, que puede resultar polémica —sobre todo entre los creyentes con pocas luces— tiene el soporte de sólidas y abundantes fuentes documentales, y privilegia el conocimiento y la razón en contraposición a la mitología, la superstición, el fanatismo y la estupidez. Y nos recuerda que, muchas veces, lo que nos han dicho los predicadores tiene que ver más con intereses económicos y políticos que con la fe, el dogma y el amor al prójimo, fundamento del cristianismo. Por eso apunta esta frase de Lutero que resulta ilustrativa: “La razón es el mayor enemigo de la fe”. Pérez de Antón camina por una ruta escabrosa, pero aun así se las arregla para escribir un texto fluido, agradable y ausente de pretensiones eruditas; con frecuencia, incluso, con un cierto humor negro o al menos gris oscuro. Y nos transmite el estupor de quien descubre una realidad que siempre ha estado allí, en las páginas de la historia, pero oculta para la mayoría bajo el manto de la ignorancia, una condición que siempre ha convenido a quienes detentan el poder, sobre todo el religioso porque toca esas fibras sensibles que pretenden darle sentido a la existencia; esos mecanismos que nos dan la falsa seguridad de estar seguros.

En la primera parte del libro, el autor nos informa de los antecedentes que prepararon el camino hacia la reforma cristiana. O, más bien, hacia una revolución sangrienta en la que “habrían de perder la vida trece millones de personas”, justificada en la posesión de la verdad revelada (en realidad, en una interpretación particular de las Escrituras o, mejor dicho: en diversas y contradictorias interpretaciones de los textos sagrados) y, por supuesto, en la necesidad de liberarse del poder opresivo de la corrupta, venal y reaccionaria Iglesia de Roma y de recuperar la autonomía nacional, sin olvidar, claro, todo lo que mueve la ambición y el ansia de riquezas. No más que intereses cubiertos con el manto de la fe y justificados por una miríada de teólogos que se sentían tocados por la inspiración divina. “Un teólogo —escribe Pérez de Antón— es alguien que se enfrenta a otro teólogo por cuestiones sobre las cuales ninguno de los dos está seguro, pero por las que ambos serían capaces de matarse. Y la llamada ‘reforma’ sería el caso real más cercano a este añejo aforismo”. Hay que decir, sin embargo, que las intenciones de Lutero estuvieron, en un principio, fundamentadas en un verdadero deseo de recobrar el espíritu cristiano de sobriedad y recato, así como en la humildad y sencillez que había enseñado Jesús, pero que se perdió en el violento camino que tomaría la revolución después y en la dispersión de los predicadores rebeldes que sostenían criterios distintos. “El cristianismo —dice Pérez de Antón— es como el mercurio, un líquido inestable que solo se puede dominar si está aprisionado y que, cuando se derrama, se rompe en miles de gotas imposibles de sujetar”.

Lo que escribo en este artículo es nada más un preludio de lo que quiero decir sobre Cisma sangriento, un libro que nos ilustra acerca de un período trágico de la historia, cuya influencia llega hasta nuestros días. Esta es su importancia, además de una reflexión sobre los delicados asuntos de la religión, la fe, los libros sagrados y las verdades reveladas. Y sobre la vanidad, el pensamiento absoluto y la hipocresía. Continuará.

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