Martes 25 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Morir con las botas puestas

La Telenovela

Fecha de publicación: 30-07-17
Por: Ana María Rodas
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No recuerdo cuántos años tenía, pero cuando salí del cine de la mano de mi padre, llevaba una determinación a la que nunca he faltado en la vida, que tiene que ver con la escritura, con el periodismo, con un lenguaje terso e íntegro. Con algunas otras cosas de las que no voy a hablar hoy pero que le han dado siempre forma a mi existencia. Porque aún a esa corta edad, o mejor dicho, a esa edad, es cuando suelen tomarse las decisiones que van a marcar el camino de una persona toda la vida.

El actor que interpretaba al héroe, que murió con las botas puestas, es decir, como debe ser si se lleva sangre en las venas, era Errol Flynn.

Aquella niña a quien le faltaba un tiempecito para llegar a los diez años, abandonó el cine enamorada del personaje y del actor. Claro, nadie soñaba siquiera con el Internet en los años cuarenta. Pero ya hacía siglos que existían los libros, las revistas, los periódicos, y ese material abundaba en la casa. Así que información había, y mucha.

Además, en aquella Guatemala sin tráfico delirante había librerías, y una infanta podía perfectamente dirigirse en solitario a revisar estanterías y anaqueles. Si la madre y el padre eran clientes habituales y la niña cuidadosa, los dueños y los dependientes la dejaban abrir libros y revistas con curiosidad pero con finura.

Así en un libro de historia me enteré de la desigual batalla en Little Big Horn, en la que el general Custer (Errol Flynn en la película) y el jefe sioux Caballo Loco participaron dirigiendo lo que fue una carnicería, porque Toro Sentado, Caballo Rojo, Dos Lunas y algunos otros que se me escapan, eran los jefes espirituales de un ejército indio de seis mil hombres, mientras que el 7º. Regimiento de Caballería apenas contaba con seiscientos.

Al nada más comenzar al cruzar el río Little Big Horn, Custer fue herido en el pecho. Ya pueden imaginar el resto.

Lo importante, y eso lo han entendido los militares toda la vida, no fue la casi aniquilación del 7º Regimiento sino la valentía de aquellos hombres que no corrieron a esconderse del ejército indio que les superaba diez a uno, sino que entraron en batalla sabiendo que muy probablemente iban a morir.

Eran tiempos en los que la valentía y el honor eran mucho más importantes que el oro y los fraudes. Los hombres solo iban armados con carabinas Springfield y revólveres Colt.

El caballo Comanche fue el único animal sobreviviente de aquella batalla histórica en la que los indios perdieron posiblemente a unos 200 guerreros mientras que fallecieron alrededor de 300 miembros del Ejército estadounidense.

Todos estos detalles y algunos otros que no cabrían aquí los fui aprendiendo a lo largo de mi niñez. Errol Flynn me había sellado. Y aunque años más tarde me enteré de cosas no muy gloriosas de su vida real, el héroe del celuloide todavía perdura en mi memoria.

Karl May, a quien leí comenzando la adolescencia tiene mucho que ver con mi pasión por los westerns. Tampoco puedo dejar de mencionar a Zane Gray. Las novelas de ambos se apilaban en mi mesa de noche con libros mucho más serios, si se quiere. Europeos de los siglos XVIII, XIX y XX, por ejemplo.

De una cosa estoy segura: aquellos héroes del Oeste, fueran indios, fueran gringos, fueran franceses de los que llegaron a buscar pieles y terminaron vendiendo Nueva Orléans –mejor dicho Luisiana– a la república norteamericana que se estaba forjando, habrían muerto con las botas o los mocasines puestos.

Un señor como Trump no habría pasado de los 12 o 14 años en aquellos ambientes idílicos en las películas y en los libros. Duros y difíciles en la vida real.

Y hay otros por ahí, refugiados de momento entre gruesas paredes de corte militar que también fueron partícipes de guerras, que consolidaron su poder sobre un país rico en naturaleza, pero lleno de pobres como los de la Inglaterra de Dickens.

Que no parpadearon durante 50 años de ires y venires y que ahora, pobrecitos, ya no usan botas sino babuchas porque tienen problemas circulatorios y malito el corazón.

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