domingo 27 noviembre 2016
El Acordeón

La vigencia del pasado

Rudy Cotton presenta, en el Museo Ixchel del Traje Indígena, una retrospectiva de su trabajo que celebra sus casi 40 años de labor artística. La muestra estará abierta hasta el 2 de diciembre. Aquí presentamos algunos de sus cuadros.

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Por Marcela Valdeavellano

En el siglo XVII, en Holanda, un pintor observó atentamente el trabajo doméstico de muchas mujeres en sus hogares, entre ellas se encuentra La encajera y el pintor fue Vermeer. Las tareas de la costura y el bordado, eran consideradas desde la Edad Media como un oficio de mujeres y era esencial para enfatizar en la modestia, la paciencia, la perseverancia y los valores impuestos para recluirlas en casa.

Vermeer fue sensible al universo femenino, debido a que sus personajes no están solamente al servicio de los valores de su época que limitaban a la mujer a su patriarcalmente determinada experiencia de vida, como muchos otros pintores contemporáneos la mostraron. En las mujeres de Vermeer, hay momentos en que la tarea se realiza a mano, pero la figura femenina está siempre enfocada, haciendo de ella un ser pensante. Se encuentra claro está, inmersa en la tarea, presente en el trabajo, pero al mismo tiempo bordando el futuro.

Así la vio Rudy Cotton en su primer encuentro con ella en el Louvre. Esta es una de las pinturas más conocidas del pintor holandés Johannes Vermeer. Este óleo sobre lienzo fue pintado alrededor de 1669 y mide 24 x 21 cm. Por eso la serie que presenta Cotton en el Museo Ixchel, prácticamente mide lo mismo que el cuadro original y su juego óptico, responde a la mirada de Vermeer, quien observó las deformaciones ópticas del ojo humano para dar profundidad de campo a su obra.

El artista guatemalteco, sensible al tejido de la vida, se asombra con la encajera como frente a los textiles que nuestras tejedoras guatemaltecas realizan en sus espacios de vida, tal como la holandesa, totalmente enfocadas y con un sentido prácticamente ritual. El trabajo de Cotton, una yuxtaposición de la abstracción geométrica con figuras de un lirismo abstracto recurrente, arroja luz sobre las ideas creativas comunes a la urdimbre y la trama, es un tejedor de consciencia que hila sus colores con la forma de la historia.

El uso creativo del lenguaje textil ha sido siempre un aspecto importante en las manifestaciones artísticas plásticas, pero generalmente se le considera una forma artesanal distante del arte profesional establecido. En el siglo XIX, el proceso de industrialización fue de la mano con la desaparición de las técnicas textiles tradicionales. Fueron los artistas del Art Nouveau quienes rescataron esa labor ancestral mediante la disolución de los límites entre el arte y el diseño y las jerarquías entre el arte y la artesanía.

Klimt en su época, realiza el retrato de Eugenia Primavesi y esta pintura es un excelente ejemplo de cómo la transición entre el estampado de la bata y la decoración de fondo es apenas perceptible, siendo uno de los importantes signos de cómo el diseño textil se convirtió entonces en un elemento sustancial de la pintura. Igualmente, Cotton, funde la figura con ese fondo geométrico que es a la vez central en su obra y en su vida. ¿Quién en Guatemala puede obviar el arte textil como tejido de una historia regada con magia y dolor a la vez?

Los textiles se integran en el arte moderno como medio, técnica, soporte y/o idea, y siendo adoptados por numerosas corrientes estilísticas de las primeras vanguardias. Ya en las décadas de 1950 y 1970, Anni Albers, Brice Marden y Joseph Beuys les emplean para representar los acontecimientos que tienen lugar en ese periodo que transita entre la abstracción, la neofiguración y el arte conceptual, amén del final del colonialismo en Europa, la posguerra y el reconocimiento parcial de la sabiduría atávica tejida en la memoria de los pueblos originarios y la importancia de las mujeres, como perpetuadoras de las tradiciones.

Evidentemente, fue Carlos Mérida, la figura del modernismo que marca la primera puntada textil en Guatemala en 1914, ya que junto al escultor Rafael Yela Gunther, promueve la revalorización de los temas originarios en las artes. Él desarrolló un lenguaje marcado por la influencia del arte textil tradicional de Guatemala. El carácter de los textiles constituía, según el artista, un paradigma de lo moderno.

Mérida, gran influencia para Rudy Cotton, así como para tantos artistas, favorece esa incorporación. Sin embargo, Cotton notó que el arte textil continuó siendo ampliamente categorizado como una labor femenina durante mucho tiempo. Nuestro artista, tal como Rosemarie Trockel en 1980, allana el camino para un cambio de paradigma en las concepciones de la sociedad. Paralelamente, artistas icónicos de los centros hegemónicos del arte Occidental, como el alemán Gerhard Richter, la artista japonesa Yayoi Kusama, la alemana Birgit Dieker y el inglés/africano Yinka Shonibare –trabajan con los textiles como una cuestión de rutina– incorporando abiertamente el arte textil en el mundo del arte contemporáneo. Como ellos, Cotton libera al textil de su condición de artesanía de una vez por todas, incorporando así, la labor tradicional y femenina, como un lenguaje que sustenta sus propuestas, así como la mujer en los pueblos originarios, sustenta la riqueza ancestral.

No es casual entonces la influencia de la encajera de Vermeer en esta muestra, puesto que revaloriza la función de la pintura, el trabajo realizado a mano, que tanto el arte actual ha echado en saco roto, llegando al colmo de llamarla “expresión de dinosaurios”, –un joven y exitoso curador chapín que vive en el extranjero, por supuesto, donde están sus raíces impuestas por el mercado del arte, le llamó de esta manera cuando se dirigía a los pintores en Nicaragua–.

Rudy Cotton en esta muestra nos conduce con la encajera como eje, por las multidimensiones sin tiempo de la diversidad humana, tejiendo con ella una propuesta en la que el artista revaloriza el trabajo femenino y lo incorpora en un planteamiento que rinde homenaje a las manualidades como sistema de tejido de identidades y presencias de la memoria colectiva. Un potente discurso visual, cercano al observador en su formato y su ritmo visual.