Viernes 19 DE Abril DE 2019
El Acordeón

Isabel Ruiz: “Me voy a angustiar el día que ya no tenga ideas”

La artista visual Isabel Ruiz comparte espacio en la galería 9.99 con Tepeu Choc. La muestra de Ruiz se llama Algo que viví y consta de una serie de grabados a pequeño formato y dos trípticos que documentan su reacción ante un hecho de violencia. Disponible de miércoles a viernes de 12:00 a 17:00 y sábado de 9:00 a 17:00 horas. En la 5a. avenida 11-16, zona 1, edificio Passarelli, segundo nivel. Entrada libre.

Fecha de publicación: 23-10-16

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Por Jaime Moreno

Guatemala, un día cualquiera. Sobre una avenida del Centro Histórico un bus avanza lento en el tráfico urbano. Un joven se acerca al vehículo, ve al piloto y sin decir nada descarga varios disparos sobre su cuerpo. El sonido corta la cotidianidad y luego todo se transforma en caos: gritos, llanto, sirenas, bocinas, reclamos y temor que pronto serán una estadística más en la dinámica de violencia de una ciudad convulsa. Pero entre los transeúntes que presencian el hecho está Isabel Ruiz, grabadista, dibujante y artista visual. Sensible a su entorno, para Isabel (Guatemala, 1945) es imposible no reaccionar ante el acto. Se acerca al bus, ve las perforaciones en el vidrio y se da cuenta de la sangre que empieza a escurrirse –como la vida misma– por las gradas de la unidad. Para ella es un mapa, lo dibuja, lo colorea y luego imagina que el conductor asesinado hablaba con su esposa. ¿Qué dirían? ¿Qué le diría si aún pudiera hablar con ella? “Se me hizo tarde”. El resultado final es una instalación en la vidriera en un local cercano al hecho y el registro de esa acción forma parte de la muestra Algo que viví, que la artista mantiene en la galería 9.99 junto con una selección de grabados.

Isabel Ruiz es una artista polifacética. Su trabajo se ha centrado en la plástica, aunque ha sabido adaptarse a los cambios en el arte y su obra ha evolucionado en el marco de las artes visuales. Artista comprometida con su entorno, su obra sale de las entrañas de las épocas más duras de la Guatemala de las últimas décadas y posee una fuerte carga de denuncia. Además de exposiciones individuales y colectivas tanto en el país como en el extranjero, su trabajo también ha causado polémica. Ejemplo es la pieza Crescendo –tres telas ensangrentadas que representan tres momentos históricos, cada una manchada proporcionalmente según el nivel de represión del momento. “¿Por qué el arte tiene que ser pulcro?” Se cuestiona la artista además de referir que el arte se alimenta de la realidad y esta no puede falsearse. Es casi un statement para toda su obra. A propósito de su muestra actual, platicamos con ella en su casa y habló de diversos temas.

¿Cómo fueron sus inicios en el arte?

– Comencé a estudiar en la Universidad Popular (UP). Lo hice por aprender a dibujar. También me encantaba la cerámica y la escultura, que la recibí con el maestro Galeotti Torres. El grabado lo recibí con un chileno y luego tuve como maestro a Roberto Cabrera, uno de los dibujantes más destacados del país. A lo largo de ese tiempo descubrí que el arte era un refugio. No encontraba otra forma de expresar mi malestar, ese que comencé a sentir a partir de 1954 cuando se trató de hacer fracasar a la Revolución. Podría decir que la Política no me interesaba, pero fue interesándome debido a mi alto grado de sensibilidad y a que me desarrollé como artista. El arte toca todas las áreas, al final mientras más información general posee uno se tiene mucho más qué decir.

En la UP descubrí el encanto del dibujo. Es como el primer grito, el primer gesto. Es el que mejor expresa el primer impacto que recibe uno para poder expresarse. Es emotivo, no hay que poner color, nada, solo la línea suelta y es como dirigir con un a batuta. Emocionante. A partir de él descubrí el grabado. No hay nada que no se diseñe primero sobre la base de un dibujo.

El grabado es clave en su obra. ¿Cómo se trabaja?

– Lo lindo del grabado es que siempre se diseña con un dibujo en papel que luego se interpreta y se lleva a una plancha, ya sea de linóleo, madera o metales. Ahí está el zinc y el cobre. Ya sobre esos materiales se debe tener más destreza en el dibujo, porque es más rústico el instrumento. No obstante, no se puede perder la sutileza.

De todos los materiales, ¿cuál es el más complicado?

– Cuando no dominas la técnica cualquier material es complicado. De lo contrario no se encuentra material así. La preocupación de un creador es siempre tener la mente muy clara y saber qué quiere hacer; tener muchas ideas. Para muchos eso es lo más difícil. No existe material complicado; lento, quizá. Por ejemplo, el grabado en aguatinta es más lento porque cada gris que se ve en una pieza es un tiempo controlado: mientras más se tenga metido el metal en el ácido más come, más profunda es la herida y por lo tanto la línea sale más marcada.

Ha sido docente. ¿Qué le ha dejado esa experiencia?

– Siempre me gustó la enseñanza. Luego aprendí a dominarla. Los mismos maestros me decían: “Isabel, tú te quedas con la clase porque tengo que salir” o cualquier cosa. Yo me quedaba con la clase y les decía a mis compañeros lo que necesitaban hacer para mejorar. Considero que ese gustarme el grabado fue lo que me ayudó a que fuera para mí muy fácil hacer docencia. Incluso he sentido preferencia por comunicarme con niños y adolescentes, en esas edades están muy prestos a la sorpresa y a aprender. El adulto casi siempre cree que le queda mucho tiempo por delante y le cuesta más. Nunca he dejado de enseñar, hasta hace poco por la enfermedad. (Mi trabajo en) el arte sigue, porque la ventaja del arte es que ha cambiado mucho y ahora sobran las maneras de expresión. Me ha ayudado estar siempre actualizada. Ahora ya no tengo que hacer las cosas, puedo pedirlas y que me las hagan como pido porque sé muy bien cómo se comienza y cómo se termina una obra.

Esta idea del artista que crea su obra y el que la encarga ha estado en la discusión últimamente. Parecen haber dos facciones, una que resiste a la idea de que otro haga la obra y otra en función del artista que solo piensa.

– No lo he sentido, porque ocurre también que cuando no se hace la obra y solo se dirige, se puede ver que se haga como uno realmente quiere. Además, hay muchos recursos tecnológicos que no se podrían ejecutar por uno mismo. Se necesita de alguien más, se necesita del trabajo en equipo. Varias cabezas funcionan mejor que una y sale una obra más interesante. Eso me gusta de los nuevos recursos. Una de las obras que hice estando en cama fue así. Me dijeron que así fuera con la mirada dirigiera y que me interpretarían. Necesitaba una coreógrafa, un músico y no hubo problema. Logré hacer la obra que quería. Claro, eso sin que deje de tener encanto que uno por cuenta propia se ponga a dibujar y todo, pero para hacer una obra de otras dimensiones es mucho mejor trabajar en equipo.

Hablando de equipo, esta es una casa en la que conviven bien el arte y la poesía (su esposo es el escritor Francisco Morales Santos), ¿cómo es esa dinámica?

– Excelente.  Por lo regular yo puedo ver muy bien plásticamente una figura metafórica al igual que mi esposo sabe interpretar muy bien plásticamente lo que él hace escribiendo. Nos hemos acostumbrado a compartir tales conocimientos que yo sé que una opinión mía pesa en él y viceversa. Se combinan perfectamente, sobre todo la literatura porque combina bien con todo. Cualquier conocimiento lo vas adquiriendo por lo que lees. ¿Qué es la literatura sino un enriquecimiento de la imaginación? Lo hermoso de la literatura es que no se tiene la imagen, se tiene que imaginar. Esa es la gran ventaja de leer. Entre más leídos seamos más capacidad de realización tenemos, de resolver imaginando. La imaginación no se detiene. A la hora de realizar, por difícil que sea, si se fue capaz de imaginarlo se es capaz de realizarlo.

Acerca de su obra. ¿Cuáles son sus preocupaciones? ¿Cuáles son sus temas de investigación?

– Más ha sido lo social. Hay muchos temas por resolver. He encontrado que plásticamente he podido expresar los temas sociales siempre y sin que me repita técnicamente. Cada época ha generado en mí otro agregado más de conocimiento en recursos teconológicos. Tengo que pensar con libertad para poder solucionar. Nunca me digo “Ah, eso no se puede expresar en óleo o dibujo”. Nunca la técnica ha sido una limitante. A mí me va angustiar el día que ya no tenga ideas. A la fecha, las ideas me sobran y sé cómo resolver cada cosa que emprendo. Estoy acostumbrada a resolver. Es importante hacerlo sin que nadie nos dé la receta. La visión del mundo no es igual, por mucho que estemos viviendo en el mismo lugar y los mismos acontecimientos, no es la misma reacción para todos.

Lo social. Eso viene mucho de su primera etapa, Imaginaria (década de los ochenta) y la confusión social de esos años. ¿Cómo fue esa época?

– En esa época ya estábamos abiertamente involucrados como grupo en el arte. No teníamos otro medio de expresión más que ese. Considero que lo social es algo que se mama. Está ahí y aunque se quiera evadir está golpeándote, recordándote aunque quieras ser indiferente. En esa época tenía dibujo, acuarela y comenzaba a hacer instalaciones y performance. Yo no sabía que lo hacía, pero lo descubrí espontáneamente. Cuando sentí, ya buscaba otros recursos tecnológicos para expresarme. Lo único que me preocupa a futuro es perder mi capacidad de asombro frente a los temas.

¿Con qué artistas compartió ese momento?

– Con el grupo Imaginaria. Eran personas como Moisés Barrios, Pablo Swezey, César Barrios, Erwin Guillermo, Luis González Palma… Luis era muy importante y se tuvo que ir del país porque podía realizarse mejor en Argentina. Pablo se murió y aún quedamos como tres vivos. Seguimos trabajando. Es una época que nos enseñó la dinámica del trabajo. No se puede parar, toda vez se generen ideas la técnica no es problema y no hay necesidad de depender de una sola. ¡Qué aburrido sería que yo siguiera trabajando con la misma técnica que en los ochentas!

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