Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Dahl

Arturo Monterroso

Máquina del tiempo

 

Fecha de publicación: 25-09-16
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Hace cien años nació Roald Dahl, el escritor galés conocido por sus cuentos para niños, sobre todo por los que han sido llevados al cine. Sin embargo, hizo un par de cosas más en su vida que lo convierte en un personaje interesante. Fue explorador, empleado de la Shell en la antigua Tanganica y piloto de la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial. Tenía 23 años cuando comenzó una serie de aventuras en Kenia, Irak, Egipto y Libia. En Washington, años después, sirvió a la corona inglesa como espía, pero le sucedió algo mejor: empezó a escribir ficción. Su primer cuento publicado fue ‘A Piece of Cake’ (‘Pan comido’), cuyo título luego cambió al más comercial: ‘Derribado en Libia’. Era un buen principio contar a partir de lo que le había sucedido en la guerra, transformando la realidad para impregnarle la fuerza de la imaginación. Nunca lo derribaron en Libia; el episodio fue un accidente en la costa mediterránea de Egipto, cuando su avión cayó en el desierto y Dahl quedó herido y ciego. Lo rescataron, recuperó la vista en un hospital de Alejandría y se enamoró de la enfermera. Volvió a volar.

Pero volvamos un poco atrás. Dahl nació el 13 de septiembre de 1916 en un pequeño pueblo llamado Llandaf, que luego se convertiría en un distrito de Cardiff. Era un universo completamente distinto de nuestro agitado mundo contemporáneo; un lugar donde un niño podía ir a la escuela en su triciclo, pedaleando a toda velocidad a media carretera sin temor a ser atropellado. “Todo esto, como comprenderán —escribe Dahl en ‘Boy’ (‘Relatos de infancia’)—, sucedía en los buenos tiempos de antaño, cuando la vista de un automóvil en la calle era un acontecimiento…”. Su familia era acomodada. Su padre, Harald Dahl, había inmigrado a Gales desde Noruega, se había convertido en armador y había hecho fortuna con el carbón. A finales del siglo XIX y a principios del XX el carbón no tenía la negra fama que tiene ahora, quizá como el más contaminante de los combustibles, que impregna la atmósfera con toneladas de dióxido de carbono, además de mercurio y otras sustancias tóxicas; no, el carbón era el combustible que usaban los barcos de vapor, que eran todos, como nos cuenta el escritor. Así que la fortuna de la familia podría hacernos pensar que su infancia fue del todo feliz, pero no fue así: perdió a su padre y a una de sus hermanas muy temprano en la vida. Después estuvo internado en un rígido colegio inglés (algo que su papá siempre quiso, pues consideraba que no había nada mejor que el sistema educativo británico) y se negó a estudiar en la universidad.

Los mejores cuentos para niños que escribió Roald Dahl son, sin duda, los que empezó a crear cuando se los contaba a sus propios hijos. En 1964 publicó ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, uno de sus relatos más conocidos, cuya última versión cinematográfica fue un lamentable suceso. Ya antes había publicado ‘Los Gremlins’, un libro escrito para Disney que fue un éxito de ventas. Solo en el mercado estadounidense se vendieron 50,000 ejemplares. Y antes de que se le ocurriera a Steven Spielberg usar a esas extrañas criaturas imaginadas por Dahl para su película ‘Gremlins’, ya las había usado Warner par que acompañaran al conejo Bugs. En fin, de Dahl me interesa más su obra posterior, sus libros para adultos, su ironía, su humor negro, su relación con Hitchcock. Así que hay todavía algo más qué decir.

Guatemala, 23 de septiembre de 2016

arturo.monterroso@gmail.com

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