Jueves 21 DE Febrero DE 2019
El Acordeón

El tedio circular y abombado del mundo

Arturo Monterroso

Máquina del tiempo

Fecha de publicación: 11-09-16
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Las historias que Valeria Cerezo nos cuenta en La muerte de Darling, finalista del Certamen Nacional BAM de Cuento 2016, tienen algo ligero, como fabricado con la levedad que dejan los hechos intrascendentes, pero bastante peso para sumergirnos en las aguas profundas del desasosiego. Publicado el pasado julio por F&G Editores, el libro encierra una serie de relatos cuya materia prima es la vida ordinaria. Sí, todo eso que en la superficie no tiene mayor importancia, pero que está atravesado por la penumbra de un suceso inquietante, de una circunstancia perturbadora y, a veces, también de un pensamiento obsesivo, quizá debido al “tedio circular y abombado del mundo”. Esta frase, que forma parte de uno de los títulos, sigue siendo para mí un misterio. Es, sin duda, un ejercicio lúdico y fonético; una expresión poética cuyo significado no hace falta desentrañar. Además, como otros títulos, contribuye a imaginar un desenlace, muchas veces inesperado, como en algunos de los cuentos de Roald Dahl.

Perspicacia, trabajo arduo y muchas lecturas han puesto en camino a Valeria para llegar a ser escritora. Que hay que leer de todo; a todos los autores, buenos o malos —decía William Faulkner—; averiguar cómo escriben y absorber ese conocimiento. Y luego, ponerse a escribir. Si funciona, uno lo conserva y, si no, lo tira por la ventana. Producto de este trabajo, a veces desalentador, es La muerte de Darling. El título mismo del libro es ya una referencia a eso que también decía Faulkner: In writing, you must kill your darlings. Es decir, cuando escribimos un relato, a veces es necesario desechar aquello que nos fascina; esas frases, esos fragmentos, esas páginas que nos parecen brillantes, pero que no contribuyen en nada a la historia que contamos. Stephen King retoma la frase de Faulkner, pero le agrega un dardo: “Prescinde de todo eso que te encanta aun si rompe tu pequeño y egocéntrico corazón de escritorzuelo”. El mensaje es tan certero que incluso hay una película que recoge la frase: Kill Your Darlings. Trata sobre los días de universidad de Ginsberg, Kerouac y Borroughs, los más importantes escritores de la llamada Beat Generation, de los años de la posguerra.

La trilogía de una novela inédita, localizada a finales del siglo XVII, en las postrimerías de la edad de oro de la piratería, cuya protagonista es una mujer, precede a los cuentos del libro que ahora nos ocupa. Bueno, también una novela erótica, una novela psicológica y una novela para niños, además de muchísimos cuentos; toda obra inédita, excepto los relatos publicados en la antología Cuerpos (F&G Editores, 2015). Leer los cuentos de La muerte de Darling es dejarnos arrebatar por lo insospechado; por algo extraño y azaroso: una niña entra con unas tijeras en la mano a la habitación donde su abuela agoniza; un marido despierta a su esposa a las tres de la mañana para ver una serie de televisión; un hombre persigue el inesperado canto de un gallo a media noche; una señora espera el correo que le trae la carta de unas tías lejanas, siempre acompañada de una estampita y de un insecto, atravesado por un largo alfiler japonés, que todavía conserva el olor almendrado del cianuro. No siempre en la vida todo tiene una explicación. Tampoco el abuelo que visita al nieto es un anciano venerable ni una mujer le dispara a una liebre, simplemente para despejar el paisaje. Una prenda íntima, dos cucharaditas de azúcar y la compra de una novela policíaca pueden llevarlo a uno a conclusiones determinantes. La seguridad no es nada cuando las letras de un libro desaparecen frente a nuestros ojos o cuando observamos a través de la ventana a un desconocido que se cocina un par huevos. No digamos cuando nuestro ritmo cardiaco corresponde a una melodía de Corelli, de Wagner o de Satie.

>arturo.monterroso@gmail.com

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