Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

¿Somos amenaza para EE. UU.?

Ana María Rodas

Fecha de publicación: 07-08-16
Por: Ana María Rodas
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Los Acuerdos de Paz, firmados en los noventa, y no necesariamente todos juntitos en 1996 como se suele creer, han ido muriendo lentamente, sin que el grueso de la población los conozca siquiera por el nombre. La falta de cumplimiento de esos convenios nos ha colocado en un resbaladero por el que nos deslizamos, manteniendo una velocidad bajísima, que nos lleva con certeza hacia un terreno peligroso.

No se trata solo de los problemas que había en el país durante las últimas décadas del siglo pasado, cuando se buscaba la pacificación de América Central. El primer intento, llamado Grupo Contadora, que involucraba a los países del Istmo.

En 1987 se firmó el Acuerdo de Esquipulas I y luego llegó Esquipulas II. Se buscaba alcanzar la “pacificación y reconciliación” por medios políticos para
sustituir las guerras en El Salvador y Guatemala.

En el año de 1991 se abrieron las negociaciones entre el Gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria de Guatemala, la URNG, bajo la mirada atenta de la Comisión Nacional de Reconciliación y las Naciones Unidas.

En fin, que entre 1991 y 1996, hubo cambios de gobierno, sucedieron muchas cosas que sería prolijo enumerar, pero finalmente, luego de  haberse formado el Grupo de Países Amigos, se creó la Asamblea de la Sociedad Civil  y las Naciones Unidas organizaron su misión para verificar el cumplimiento de los derechos humanos en el país: Minugua. Nunca he sabido claramente qué hizo Minugua.

Entre otras cosas se buscaban “el fortalecimiento de la sociedad civil y la función del Ejército en una sociedad democrática”.

Cualquiera habría pensado que luego de los tortuosos años que comenzaron en 1954, los guatemaltecos habíamos alcanzado esa “paz larga y duradera”. La vendieron como cosa real cuando era un eslogan que ya ni siquiera los viejos se atreven a pronunciar.

Saltémonos la aparición de las maras, la maravillosa forma de vivir con el paso y trasiego de las drogas. La migración —que los humanos hemos usado por milenios— como salida de una forma de vida indeseada.

¿Y los Acuerdos de Paz? ¿Qué pasó con  el acuerdo para el reasentamiento de las poblaciones desarraigadas por el enfrentamiento armado? ¿Con el fortalecimiento del poder civil y función del Ejército en una sociedad democrática? ¿Se han cumplido?

La lista, apenas 12 acuerdos, incluye respetar la identidad y derechos de los pueblos indígenas. Aspectos económicos y situación agraria.

El llamado general de la paz se convirtió en el jefe del grupo de asaltantes más grande que ha habido en el país, encarcelados hoy en el Mariscal Zavala porque no han hallado un recinto mayor.

A la oligarquía los acuerdos les vinieron del norte. A ellos, como supuestos rectores de la economía nacional les correspondían las acciones necesarias para desaparecer las desigualdades. Han aumentado: hoy más del 60 por ciento de la población vive en pobreza.

Hace unos meses el país ocupaba el quinto lugar a nivel mundial en materia de desnutrición. Superada solo por la de los países en guerra.

Este año ha salido a luz que las aguas de los ríos son desviadas para uso de los grandes intereses agrícolas, para las hidroeléctricas instaladas sin haberse consultado a los habitantes de la región.

Se pensaba que solo existía una extractora de oro, la Marlin —uno por ciento de las utilidades para el Estado— pero son muchas las minas de diversos metales en el país.

A como dé lugar, se busca la privatización de la salud. Para ello, durante años han ido desabasteciendo el IGSS, los hospitales y centros de salud nacionales.

La crispación es el ambiente que se respira en la Guatemala de las muertes de toda clase, menos por causas naturales.

¿Debe extrañarnos entonces que, apenas hace un año un personero del Departamento de Estado anunciara que Guatemala es considerada como la quinta amenaza global a la seguridad de Estados Unidos?

La cosa no se debatió en los medios. Es penosa en extremo.

La oligarquía ha dicho que sí, que está dispuesta a coadyuvar al cambio. Pero como afirmó un colega en su columna de la semana pasada, no ha dicho cuándo.

¿En qué momento la situación de Guatemala va a consolidar la percepción de amenaza que de nosotros se tiene en el Norte? ¿Y de qué manera?

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