Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

El primer caudillo guatemalteco Rafael Carrera (1814–1865)

Una reseña sobre los años de formación de Rafael Carrera, una figura clave en la historia pos independentista de Guatemala, que desempeñó un papel decisivo en la encrucijada que enfrentaron los centroamericanos entre preservar la antigua unidad colonial con la fundación de un solo país, una nación federal centroamericana, o fragmentarse en cinco países independientes, como sucedió al final.

Fecha de publicación: 12-06-16
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Por Julio César Pinto Soria

La época de Rafael Carrera 

En 2014 se cumplieron 200 años del nacimiento del caudillo guatemalteco Rafael Carrera. La trascendencia histórica de Carrera está vinculada con las guerras civiles posindependentistas de la primera mitad del siglo XIX cuando se decide no solo la suerte de las estructuras políticas, económicas y sociales de Guatemala, sino las de todo el  istmo centroamericano, el Reyno de Guatemala durante la dominación colonial española. El meollo de la discordia era la forma cómo debía organizarse la antigua colonia como unidad política estatal independiente. Después de la conquista española de principios del siglo XVI, se trata sin duda del momento más importante en la historia de Centro América. En Guatemala esta aciaga época concluye hacia 1847 con la fundación de la República, que pocos años después, en 1854, proclama a Carrera Presidente Vitalicio.

Carrera desempeñó un papel decisivo en la encrucijada que enfrentan entonces los centroamericanos entre preservar la antigua unidad colonial territorial administrativa con la fundación de un solo país, una nación federal centroamericana, las “Provincias Unidas del Centro de América”, fundadas a mediados de 1823, o fragmentarse en cinco países independientes, como sucedió al final. Chiapas y Soconusco, también provincias del Reyno de Guatemala, pasarían a formar parte de México. La vida de Carrera como caudillo está vinculada con esta borrascosa historia centroamericana de la primera mitad del siglo XIX.

Los conflictos centroamericanos eran parte y resultado de la convulsa época que emerge con las guerras napoleónicas que se inician hacia 1800 y concluyen en 1815, con la derrota de Napoleón Bonaparte en Bélgica, en la batalla de Waterloo. El movimiento independentista latinoamericano, el derrumbe del Imperio colonial español en el continente americano, constituye uno de los resultados de esta época histórica. En su lugar surgieron los actuales países latinoamericanos. Las excolonias españolas se organizaron como estados independientes a partir de los principios políticos, económicos, sociales y culturales de las revoluciones burguesas de la época que impulsan la mundialización del capitalismo a través de las nuevas formas estatales basadas en la soberanía popular, la separación de poderes y la igualdad ciudadana.

Los principios igualitarios de la Revolución Francesa de 1789 encontraron resonancia en el atraso y la desigualdad social prevaleciente en el continente americano. Después  de la Independencia de 1821 en Centro América prevaleció el republicanismo de fachada; pero la explotación, la extrema pobreza, se hicieron sentir en el temor que infunden movimientos sociales radicales como el que lleva al poder a Carrera en los años cuarenta en Guatemala. La influencia francesa se mostró en distintas formas. Carrera, un caudillo iletrado que en los inicios sabría poco o nada de los acontecimientos mundiales, en los años finales de su vida, ególatra como todos los caudillos, recordará a Napoleón Bonaparte como mi “otro yo”.

El movimiento independentista estadounidense de 1773, pragmático en términos políticos y económicos, constituyó igualmente un ejemplo en la lucha de emancipación latinoamericana. El sistema federal de gobierno fue visto como una forma eficiente de organizar a los nuevos países independientes. Estados Unidos influyó en las políticas migratorias que debían promover el desarrollo económico como también el anhelado blanqueamiento racial de las naciones indias y mestizas que deja como herencia la dominación española. México y Argentina, al igual que Centro América, adoptaron sistemas federales de gobierno. Estados Unidos era sin duda un buen ejemplo, en relativo corto tiempo se había convertido en un país prospero y poderoso. Las excolonias latinoamericanas españolas no tendrían la misma suerte.

 

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Lo anterior parecía especialmente cierto para el caso de Centro América. Hacia mediados del siglo XIX no quedaba mucho de los antiguos sueños independentistas. La unidad política y administrativa del territorio centroamericano había sido hecha trizas por los oscuros intereses localistas. Las innovaciones de orden político, económico y social se convertirían en fachada de opresivos sistemas de dominación política y social. Perviviría el dominio de minorías privilegiadas y parasitarias, el saqueo sistemático de los bienes del país, la miseria y la desigualdad económica. Carrera, por su lado, parte y resultado de estos acontecimientos, se convertiría hacia mediados del siglo en el hombre más poderoso de Centro América. El caudillo a quien injustamente, pues al final de cuentas fue un factor más en la debacle, no deja de atribuírsele esta frustrante historia de su “patria chica” Guatemala que en 1847, con toda la pompa, se proclama República de Guatemala. Por la misma fecha los otros países centroamericanos emprenden pasos separatistas similares que sepultan para siempre la antigua unidad centroamericana.

La ruta de un caudillo

La vida de Rafael Carrera está marcada por una convulsionada época histórica.  También por las características especiales que presentaba la ciudad de Guatemala entonces. El caudillo nació en 1814, en el barrio Candelaria, ubicado en la parte central de la actual zona 1 de la ciudad. En ese tiempo era uno de los barrios más pobres y marginados de la capital guatemalteca, habitado por artesanos golpeados por la crisis económica, política y social que vivía el imperio colonial español. Sotero Carrera, hermano mayor del caudillo, maestro talabartero, tenía abierto un taller en este barrio de la ciudad. Sus habitantes no solo sufrían los efectos de la crisis del agonizante régimen colonial, sino también las circunstancias precarias de tratarse de una ciudad nueva, recién fundada en 1776, la Guatemala de la Asunción, que aún no terminaba de establecerse con las bases organizativas de la vieja ciudad de Santiago de Guatemala, destruida por un terremoto en 1773.

Las repercusiones del terremoto de 1773 se hicieron sentir a lo largo y  ancho de la provincia guatemalteca. Se debía empezar prácticamente de nuevo. No se trataba solo de la construcción de una nueva ciudad, cuyas principales edificaciones estatales y religiosas se terminarían de construir décadas después, las estructuras básicas del orden político y administrativo colonial se habían visto también afectadas.  Con el traslado de la ciudad al nuevo sitio, instituciones como el Cabildo guatemalteco, después de la Audiencia el órgano con más poder en la Colonia, perderían parte importante del tradicional control sobre los artesanos pobres y descontentos, agrupados en gremios bajo la tutela de la institución. Este empezar de nuevo fue un elemento más en el clima de caos e inestabilidad política y social que se entroniza en Guatemala con los años independentistas hasta por lo menos mediados del siglo.

Los cuestionamientos que enfrenta el orden colonial en Centro América se respondieron como en el resto del continente americano persiguiendo y reprimiendo a los opositores. Se temía en especial que el movimiento independentista mexicano, dirigido por los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, se extendiera a la provincia guatemalteca. El obispo Ramón Casaus y Torres, recién trasladado de México donde había excomulgado a los independentistas con terribles anatemas recurriendo a Dios como a Satanás, alertó sobre este peligro para Guatemala. Uno de sus primeros pasos fue visitar y amonestar a los pueblos indígenas de la región vecina con México contra la desobediencia a Dios, al Rey de España. En Guatemala se le temía también a las reivindicaciones económicas y sociales más radicales del ejemplo independentista haitiano de finales del siglo XVIII. Haití se convertiría en el primer país independiente del continente americano, con su ejemplo radical de la abolición de la esclavitud bajo la que habían sufrido sus habitantes en las plantaciones de caña de azúcar implantadas por los colonialistas franceses.

Para combatir el descontento popular las autoridades coloniales hicieron rebajas en el pago de los tributos indígenas y se repartieron parcelas de tierras entre la población mestiza, incrementando a la par las medidas represivas. Los sótanos de las iglesias de la capital guatemalteca los convertiría el ultra conservador e incansable obispo Casaus y Torres en mazmorras para los curas descontentos. Así se aplastaron los levantamientos independentistas de las provincias de El Salvador y Nicaragua de 1811 a 1814. También la Conspiración de Belén en Guatemala de 1814, a la que se le atribuían nexos con el cura Morelos en México. De todos modos no se logró evitar el deterioro general de las estructuras en que descansaba la dominación española. En Centro América, como en el resto del continente, se instaló una calma chica marcada por rebeldía y desobediencia social que culmina en los años veinte con la proclamación definitiva de la independencia de España.

 

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En este ambiente de insubordinación política, económica y social se enmarca el nacimiento y la adolescencia de Carrera. En 1814, año de su nacimiento, es reprimida en Guatemala la Conspiración de Belén, el único intento separatista de importancia en esta provincia. Luego vendría la Independencia de 1821; a la que le sigue el año siguiente la Anexión de Centro América al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, impulsada por la elite criolla conservadora de Guatemala y el clero que representa el ahora arzobispo Casaus y Torres. En 1823, cuando fracasa el Imperio de Iturbide, se empezaría de nuevo con la fundación de las Provincias Unidas del Centro de América, es decir, la República Federal de Centro América.

El antiguo Reyno de Guatemala se convertiría en un país más en el emergente conglomerado de estados y naciones latinoamericanas; un país libre, soberano e independiente, de España como de México, y de cualquier otra potencia, como advertía con celo y orgullo el acta independentista de ese año. Los intereses extranjeros estaban ya presentes a través de potencias como Inglaterra, que como buitres trataban de ocupar el antiguo lugar de la España colonial. El fracaso del proyecto federalista centroamericano, hacia 1840, no sería resultado de ninguna intromisión externa, sino de sangrientas guerras civiles locales entre los nuevos estados federales, donde Guatemala, Rafael Carrera, tendrían un papel determinante.

Ignacio Solís, el editor de las Memoriasde Carrera (1906) sobre el levantamiento campesino de la Montaña de 1837 a 1840, que encabeza y lleva al caudillo al poder en Guatemala, lo describe en los años independentistas como un muchacho: “…díscolo… de genio vivo y atrevido”. Un testigo de ese tiempo hace una descripción similar de Carrera, pero acentuando los rasgos indígenas: “…un ischto relamido y pendenciero”. El estigma racial, a pesar de que Carrera se convertiría en el hombre más poderoso de Guatemala, lo acompañará por el resto de la vida: el indio Carrera.

La conjunción de los rasgos raciales mestizos indígenas con las actitudes violentas marcan la personalidad y el ascenso centellante de Carrera como caudillo. En 1838,  con solo 24 años Carrera se convierte prácticamente en amo y señor de Guatemala. El espíritu inquieto y rebelde, en el clima de enfrentamiento y movilidad social que caracteriza la época, lo inducen seguramente a abandonar el hogar en los años tempranos. Con 12 años, todavía un adolescente, Carrera toma parte en la guerra civil de 1826 a 1829 como corneta de uno de los batallones de las tropas del Estado guatemalteco al mando del conservador jefe de Estado Mariano de Aycinena (1827–1829). La experiencia de la guerra civil será importante en la vida posterior de Carrera como caudillo.

Carrera y la guerra civil de 1826 a 1829

El sistema federal implantado en Centro América en 1823 buscaba equilibrar las cuotas del poder estatal entre las antiguas provincias del Reyno de Guatemala, ahora estados federales, frente al poder y privilegios que había disfrutado y acumulado Guatemala como capital colonial durante más de tres siglos. La posición colonial privilegiada había sido utilizada en favor de los intereses económicos guatemaltecos en detrimento de las provincias, lo que creó una relación conflictiva que se agudizó en los años independentistas con el papel que de-sempeña Guatemala en la Anexión de Centro América a México. Saldar esta situación conflictiva, empezar una relación armónica entre los estados, era el objetivo del sistema federal. El objetivo resultaría  inalcanzable.

Ya en 1826, tratando de recuperar la anterior posición privilegiada, la elite criolla guatemalteca emprende un virtual golpe de Estado contra las autoridades federales, que tenían su asiento como distrito federal en la ciudad de Guatemala. Así se origina la guerra civil que culmina en 1829 con la ocupación de la capital guatemalteca por las fuerzas de los otros estados federales al mando del caudillo unionista Francisco Morazán (1792–1842). El año siguiente Morazán es electo Presidente de la Federación. En la próxima década, hasta su fusilamiento en Costa Rica en 1842, Morazán se convertirá en el bastión de la Federación Centroamericana.

Durante la guerra civil Carrera se desempeñó como el “tamborcito” de uno de los  batallones guatemaltecos y afirma que obtuvo el grado de sargento. Cierto o no, pues en las Memorias tiende a magnificarse, fue la primera experiencia militar de Carrera.  Fueron tres años de guerras intensivas que se extienden a los territorios de Honduras y El Salvador hasta culminar con la ocupación de la ciudad de Guatemala en 1829.

 

La experiencia militar, Carrera afirma que participó en varias batallas, le será de utilidad en el levantamiento campesino del oriente, donde las habilidades militares, a  pesar de su marcada juventud, lo convierten rápidamente en el caudillo de los insurgentes. La guerra civil le dejó a Carrera también el recuerdo de la reprimenda a golpes, “a cintarazos”, que le propina un comandante por no de-sempeñar bien su función como corneta durante una acción militar. El castigo solo lo templó. Fue la primera y única vez, recuerda orgulloso en las Memorias, que alguien en su vida lo golpea con “razón”. Es otra de las características de Carrera, sufrió duras derrotas, pero el orgullo personal, el amor propio, lo impulsan a levantarse rápidamente de nuevo.

Los hechos vividos durante la guerra civil, a pesar de la edad, o precisamente por ello, impactaron a Carrera y tendrán un papel decisivo en su evolución como caudillo. El conflicto militar se inicia cuando tiene 12 años y concluye con Carrera convertido en un adolescente de 15 años, endurecido por la guerra, herido en el amor propio como guatemalteco con la derrota de 1829. La derrota le dejó un sabor amargo y le marcó la identificación con Guatemala como su “patria chica”. En la misma medida le marcó la aversión hacia la Federación y los estados que se identifican con ella como Honduras, país de origen de Morazán, o El Salvador, que será el principal baluarte de la lucha morazanista. La época colonial dejó como herencia profundas identificaciones de orden local y regional que se glorifican y azuzan durante la guerra civil por los estados para vencer al adversario. Este será un factor decisivo en la debacle de la Federación Centroamericana.

Carrera pertenecía a las castas mestizas pobres y subyugadas de la capital guatemalteca, “la plebe” en el lenguaje despectivo de la elite criolla. La actitud racista despectiva refleja la relación conflictiva entre la elite criolla y los sectores sociales oprimidos, indígenas o mestizos, clima de violencia soterrada que da origen a la rebelión campesina del oriente. Carrera desempeñó durante todo el conflicto un papel complejo; es el líder del movimiento campesino, cuyas reivindicaciones defiende; pero él y su movimiento también son parte o no escapan del complejo nudo de contradicciones territoriales, antagonismos étnicos, económicos y sociales que es entonces Centro América y Guatemala. En los inicios del levantamiento los actos violentos y reivindicativos del indio Carrera causan pavor en la elite criolla. En el transcurso de los acontecimientos se entenderían rápidamente.

 

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El poder de Carrera como caudillo tenía mucho de revancha social. Su nombre, su poder, se extendió con rapidez más allá de las montañas del oriente, se hizo sentir entre la población más oprimida de la provincia guatemalteca. Carrera, como todos los caudillos, disfrutó esta nueva situación de mando y prestigio, que se consolida y sacraliza  – la religión ocupa un lugar importante en su encumbramiento como caudillo – conforme se le reconoce o justifica como salvaguarda del orden prevaleciente, papel que asume. Carrera sería decisivo para la elite criolla para poder enfrentar uno de los momentos más difíciles que vive desde los años independentistas. El levantamiento de La Montaña, compuesto por la población indígena y mestiza de una de las regiones más pobres, pareció por momentos amenazar la existencia del oprobioso sistema de dominación impuesto desde la conquista española. Carrera se convertiría en el salvaguarda del sistema. Como reconocimiento y justificación, la elite criolla lo elige Presidente Vitalicio, lo consagra su caudillo de por vida.

Este mundo de profundas raíces coloniales, la vieja preponderancia en Centro  América, era lo que defendía la elite criolla en la guerra civil de 1826 a 1829, una lucha a muerte entre el bien y el mal, entre la religión católica y sus peores enemigos. Así lo planteaban por lo menos sus defensores más acérrimos, el fanático y tenebroso Ramón Casaus y Torres y su versión laica Mariano de Aycinena, cabeza del clan más poderoso de la elite criolla. Aycinena, el viejo Arzobispo, y la mayor parte de las órdenes religiosas, fueron expulsados por Morazán en 1829. La religión y el retorno de Casaus y Torres se convierten pocos años después en la principal banderiílla de la lucha de Carrera contra el gobierno liberal de Mariano Gálvez (1831–1838).

Otro resultado de la guerra civil de 1826 a 1829, para finalizar con esta visión panorámica de una de las épocas más oscuras y conflictivas de la historia centroamericana, es el enfrentamiento entre Carrera y Morazán, su enemigo a muerte porque era implacable con los curas oscurantistas, y porque Morazán con su “patria grande” centroamericana se opone o castiga a su “patria chica” Guatemala en 1829. Diez años después, en 1840, Carrera saldará todas estas cuentas cuando derrota a Morazán en la capital guatemalteca, sepultando para siempre el sueño unionista centroamericano.

-Ignacio Solís (Ed.), Memorias del General Carrera. (1837 a 1840) Guatemala: Tipografía de Sánchez & de Guise, 1906.
-Pinto Soria, Julio César (1987), “El intento de la unidad: la República Federal de Centroamérica (1823-1840)”. https://www.academia.edu/14741098/El_intento_de_la_unidad_la_Rep%C3%BAblica_Federal_de_Centroam%C3%A9rica_1823-1840_
-Pinto Soria, Julio César (1996), Nación, Caudillismo y conflicto étnico en Guatemala (1821-1854). https://www.academia.edu/13788299/Naci%C3%B3n_Caudillismo_y_Conflicto_%C3%A9tnico_en_Guatemala_1821-1854_
-Pinto Soria, Julio César (2011), “Las religiosidades indígenas y el Estado nación en Guatemala (1800-1850)”. https://www.academia.edu/10571871/Las_religiosidades_ind%C3%ADgenas_y_el_Estado_naci%C3%B3n_en_Guatemala_1800_- 1850_

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