Martes 19 DE Febrero DE 2019
El Acordeón

Manolo Gallardo, a lo largo de una vida

El artista guatemalteco Manolo Gallardo cumple  este mes 80 años de vida y más de 60 en el medio artístico. A propósito de ambas fechas inauguró la semana pasada una exposición con obra reciente, basada en La Antigua, que combina con piezas históricas en su producción. Dura todo el mes, como parte del 12 Festival de Junio. En la Escuela Nacional de Artes Plásticas (CCMAA, 24 calle, zona 1). Entrada libre.

Fecha de publicación: 05-06-16
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Por Mario Monteforte Toledo

Este enunciado no resulta enteramente feliz porque puede aplicarse a cualquier mortal; pero tratándose del presente caso funciona por referirse a una persona y un artista excepcionales, aunque en varios sentidos típicos del último medio siglo en Guatemala.

Manolo Gallardo nació en la capital el 10 de junio de 1936 bajo el signo de Géminis, lo cual, para quienes creemos en la influencia de los astros, explica dualidades y contradicciones de su carácter, así como la determinación de defender enconadamente sus opiniones y sus obras y la simultaneidad de aceptar y rechazar el medio donde vive.

Su abuelo paterno, de origen español, fue zapatero y se casó con Ángela Branmi Bellosi –abuela del futuro artista– cuya madre, inmigrante italiana igual que su esposo, murió cuando ella era muy niña. Cuando tenía ocho años hubo que internarla en el hospital donde creció. La nueva esposa de Luis Branmi, su padre, la trataba muy mal, le pegaba y la vestía con sacos de yute y una pita en la cintura y la mantenía descalza. Como no la quería, se la regalaron a una señora ya muy anciana, que fue quien la llevó al hospicio. El abuelo de Manolo hacía zapatos a la medida a los soldados y muy probablemente a los niños del hospicio. A los 19 años Manuel Gallardo Benítez la pidió en matrimonio.

El abuelo materno de Manolo, de apellidos Mansylla Pinagel, sostuvo a la familia con las Esencias Mancilla y construyó, donde hoy está lo que hasta hace poco era el Palacio Nacional, el Cine Rialto, primer cine que hubo en la capital. Se casó con una señora de familia distinguida de origen español e irlandés, de apellidos Placeres O’Cooking Ford.

Su madre –de singular hermosura– casó tres veces. Del primer matrimonio tuvo cuatro hijos; del segundo cinco, el mayor de los cuales fue Manolo, y con el tercero no tuvo familia. Manolo reconoce cierta inclinación edípica hacia ella, que por cierto nunca ha complicado su mente ni su conducta.

El padre de Manolo fue mecánico dental de buena fama, incluso como dentista sin título, lo cual le ocasionó líos a veces serios con el quisquilloso gremio, cuyas demandas lo llevaron tres veces a la cárcel y  a la incautación de todo su instrumental. Era Manuel Antonio Gallardo Branmi estricto y apasionado, pero nunca obstaculizó sus inclinaciones artísticas. La relación con su esposa era bastante tormentosa; además, en un principio, la familia de la señora no lo aceptaba por ser de un estrato social más bajo. Ella le agradecía el trato con los hijos de su primer matrimonio, a quienes su esposo, siempre consideró como propios. No eran muchas las diversiones del padre de Manolo; todas las tardes jugaba dominó en un billar del barrio del actual Centro Histórico. El sentimiento de Manolo hacia él estaba subyugado por la admiración por su extrema honradez, su entrega al trabajo y un poco también por el temor.

Al faltar el padre –murió del corazón a los 59 años–, la madre de Manolo quedó sin fortuna, pero todos sus hijos ya estaban crecidos. Siendo muy joven trabajó en el Registro Civil y como dependienta en el almacén Emperatriz, de Isodoro Zarco –más tarde cofundador de importante diario.– Después fue vendedora de seguros de Cruz Azul y durante más de 25 años trabajó como florista en su propio negocio. En sociedad con Manolo tuvo un balneario con restaurante que se llamaba Las Hamacas, camino entre Amatitlán y Palín, Ecuintla.

 

La pobreza obligó a los hijos mayores a trabajar desde jóvenes. Sin embargo, casi todos siguieron los estudios y Manolo cursó dos años de Medicina, hasta comprender, sin lugar a dudas, que su destino era la pintura; su tesis de bachillerato (1955) lleva el título de Tratado de la pintura. Vida y obra cumbre de Leonardo Da Vinci que ilustró con un dibujo de la Mona Lisa y por lo que se ganó un cien, sin que le hicieran preguntas sobre la tesis. (a) Manolo no tuvo tiempo –y acaso tampoco muchas ganas– de sobresalir como estudiante porque lo absorbía demasiado su trabajo como instrumentalista en el sanatorio de su tío, el doctor Humberto Mansylla Placeres. Además, la mayoría del tiempo se la pasaba dibujando.

Cada momento de desamparo y miseria los padres de Manolo se veían forzados a repartir a sus hijos entre sus familiares y amigos, inclusive cuando a la desesperada decidieron trasladarse a México durante casi un año. En una ocasión el presidente Arévalo los ayudó con 500 quetzales, gesto que con el tiempo iba a suavizar la ideología del futuro artista, por razones mucho más familiares y sentimentales, partidario del coronel Francisco Javier Arana – su pariente político–, a la sazón jefe de las fuerzas armadas y ya precandidato a la sucesión presidencial, esperanza que iba a costarle la vida. Sin embargo, el tío de Manolo, el doctor Humberto Mansylla Placeres fue médico de la madre del presidente Arbenz, a quien también atendió cuando estaba asilado en la Embajada de México, y fue a despedirlo al aeropuerto cuando tras un vejamen humillante y vergonzoso para el gobierno de turno lo expulsaron del país.

Una anécdota. Cuando la familia vivía a la vecindad del Pinkis bar, negocio de Eloisa Velásquez La Locha, algunos días muy temprano el padre de Gallardo quemaba cohetes para vengarse del escándalo nocturno usual en el famoso negocio. Andando el tiempo Manolo entabló amistad con la “señora Velásquez” y le dio clases de pintura.

Los años siguientes a la Revolución de Octubre fueron duros para los intelectuales independientes.

Cuenta Manolo: “Dos testaferros de la seguridad de Tito Arana, hijo del presidente Arana Osorio, bajo las órdenes de Tito, asesinaron a mi hermano Hugo Enrique Cruz Mansylla  y lo desfiguraron, lo cual hizo imposible a mi madre identificarlo en la morgue, donde lo buscaba todos los días durante un año”. Manolo cita otro crimen de la época de Méndez Montenegro: “A mi madre y a mí nos iba bastante bien en el balneario Las Hamacas entre Palín y Escuintla, pero me asaltaron dos veces: la primera, ocho policías miliares; autoridades del gobierno dijeron que yo lo había inventado para hacerle propaganda a nuestro negocio. La segunda vez me defendí y le pegué un tiro en la cabeza al jefe de la Policía de Palín, quien con otros tres policías de Escuintla trataron de asaltarme. Cuando los denuncié me llevaron preso y me tuvieron en bartolina en Escuintla durante ocho días. El ministro de Gobernación en esa época era el llamado Nigua Mansilla, familiar de mi madre. El conocimiento de esta palanca entre las autoridades me resolvió los problemas; pero sin la menor intervención de mi pariente.

Cuando en tiempo de Castillo Armas (junio de 1957) escribí como testigo un artículo denunciando el asesinato de los cinco estudiantes universitarios en la 6a. avenida y 11 calle de la capital, del que era directamente responsable el tenebroso Santos Lima, me encarcelaron una semana”.

No era que fuese militante, porque siempre ha luchado por mantener su independencia y su libertad; pero siempre se ha interesado en el acontecer nacional y extranjero. Buen número de sucesos relevantes del país constan por entero en símbolos en sus cuadros, aun cuando se vio obligado a emboscarlos tras apariencias inofensivas para salvar la vida durante las dictaduras militantes.

Su vida sentimental comenzó temprano. A los 14 años se fugó con una niña de 12 a Puerto Barrios; el padre llegó a rescatarla y tuvo que esconderse para que no lo matara. Su primera relación plena con una mujer ocurrió cuando tenía 17 años.

Nunca se metió con prostitutas  –ni si quiera durante su amistad con La Locha– porque no le gusta “comprar el amor”. Luego se casó cuatro veces y tuvo dos hijos y dos hijas.

Por no fumar, beber poco, acostarse y levantarse temprano, hacer siesta y “no meterse porquerías en la cabeza” se conserva bien, dice. Explica también: “Uno pinta o escribe no por tener vicios sino con buena suerte a pesar de ellos”.

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