Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Irse de vacaciones

La Telenovela

Fecha de publicación: 16-05-16
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Ana María Rodas

Hoy viernes, luego de ver noticieros toda la semana, revisar diarios, y sobre todo leer apasionadamente Plaza Pública, no me da la gana hablar sobre lo que sucede en el país.

Tal vez debería hablar de esos seres rectos, apegados a la ley, prontos a defender — a periodicazos si fuera necesario— la justicia. La justicia. Esa palabra que aparece en La Chalana, muy cerca de cierta frase: “Patria, palabrota añeja”.

Sí, la Justicia está en La Chalana —y por supuesto excluyo con todo respeto de lo que pienso al respecto al Juez Miguel Ángel Gálvez, uno de los pocos personajes guatemaltecos cuya sabiduría y valor es reconocido por tirios y troyanos— y me doy cuenta de que a esa pobre señora la venda se le resbala por el rostro blanquísimo del mármol en su inútil afán de mantener equilibrados los platillos de la balanza.

Los memes, palabra de reciente ingreso al diccionario guatemalteco, suelen ser, en ocasiones, los mejores editoriales sobre lo que se desarrolla — ¿o debería decir se derrumba?— en el país. Hay que reconocer que los hay geniales, pero son como las perlas negras: difíciles de hallar. Lo normal es que sean zafios y chanflones (váyanse al diccionario, no hace daño), pero en fin, la gente comienza a decir lo que piensa.

Y eso, mis queridos amigos, es un avance maravilloso. Que los chapines, aquellos seres que conocí musitando, hablando en voz bajita, santiguándose en cuanto salía a relucir una palabra gruesa y todo el tiempo dispuestos a quitarse el sombrero ante la autoridad, (las mujeres no contábamos para nada) se atrevan a decirles esas mismas palabras gruesas que antes se evitaban a los representantes de la autoridad, denota algo de… ¿cómo decía el poeta? …hacer camino al andar.

Lo difícil es que el camino, si se compara con la pequeñez del país, es largo, largo, largo. Da vueltas, se enrolla en sí mismo un sinfín de veces y, a su paso, nos va dejando ver toda clase de cuestiones maléficas.

Nos alegramos porque la SAT finalmente logró cobrarle a una de esas compañías señoronas los impuestos que le había birlado, más una multa exactamente igual a lo hurtado.

La mayoría de los que ya comenzaron a caminar se alegraron, como cronopios de Cortázar. Lo malo es que los famas y los esperanzas —de Cortázar, claro— no se dieron cuenta de ciertas cosillas.

Para poner un ejemplo fácil, que se observa todos los días en este país, y al que sólo le tenemos que añadir una interrogación: ¿Cuántas personas entre niños y adultos —porque también hay adultos desnutridos, si no se han dado cuenta— perdieron la vida porque durante años faltaron fondos para salvarlos mientras la compañía señorona contaba y contaba monedas como Rico McPato, sin pagar lo que tenía que haberle pagado al Estado?

A lo mejor, esos fondos —en vista de lo visto recientemente y que tiene que ver con mansiones, fincas, yates, caletas, selfies con el Papa Francisco, peregrinajes por hospitales, cárceles de primer orden (total, no son ladrones de la 18 calle) — tampoco habrían llegado a tiempo para salvar niños desnutridos, sino que habrían pasado a formar parte de las fortunas que, haciéndose de la vista gorda, los funcionarios suelen enviar a Panamá a las Bahamas, a los paraísos fiscales en boga.

Según se cuenta en Google, hay 75 lugares en el mundo clasificados como paraísos fiscales. No están en la lista los estados como Wyoming, Nevada, o Dakota del Sur, que sí, se han convertido en paraísos fiscales dentro de EEUU. Esto último lo afirmó el diario El País a principios de este año, conste.

En fin, que entre los saludos cordiales que suelen ofrecerse los presidentes de los organismos Legislativo y Ejecutivo, los chapuceros proyectos de leyes, alguno de los cuales podría hacerse efectivo el día domingo, cuando aparezca este artículo, y otra serie de cosas maravillosas que suceden en este país, me desaparezco y no escribo nada de la actualidad.

Así, no voy a hablar de robos de tierras, de ríos, contaminación de los lagos, instalación de hidroeléctricas y todas esas minucias que suceden diariamente en esta tierra sin Ley, esa que ya se cayó hace siglos de los platillos que trata de enderezar la pobre Justicia. Y, como anuncié desde el principio, esta semana me voy de vacaciones.

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