Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

Agua

La Telenovela

Fecha de publicación: 17-04-16
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Ana María Rodas

Mientras la vida se nos va detrás de las infamias, degradaciones y estigmas de los políticos —hay que anotar que algunos se salvan y trabajan muy bien—  la mayoría de los guatemaltecos no nos hemos dado cuenta de que un elemento que nos constituye, que forma parte de nuestro cuerpo en un 70 por ciento, el agua, se está degradando a pasos agigantados en el país. Aparentemente, estamos destinados a morir muchísimos habitantes del mismo en los próximos tiempos.

Poquísimos guatemaltecos saben a ciencia cierta cuántas operaciones para extraer oro, plata y otros metales, incluyendo uranio, han sido autorizadas por los gobiernos guatemaltecos de un tiempo para acá.

Diversos sistemas se utilizan por las compañías mineras para extraer los metales preciosos. Uno de ellos es la lixiviación, usado en la Mina Marlin, por ejemplo.

Ese tipo de sistema utiliza productos químicos como ácido sulfúrico para extraer cobre, o una solución que contiene cianuro, para el oro —el caso al que me refiero— y en otros procesos, se usan metales pesados que también contaminan las aguas superficiales y subterráneas.

Repito: no sabemos cuántas concesiones han sido otorgadas para extraer los tesoros nacionales. Si sabemos algo de La Puya, donde también se continúa extrayendo oro, a pesar de que la justicia ordenó detener los trabajos de la mina llamada El Tambor, es porque los habitantes del lugar tienen años de estar en resistencia contra la extracción de oro, cuestión que jamás fue consultada con la comunidad, como lo manda la ley.

Hace tres años, una persona que lucha denodadamente por el país, la salud de sus habitantes, y el mantener el agua limpia y pura me mostró un mapa donde se mostraba, en triángulos de color azul, los lugares donde se estaban instalando o se pensaba instalar hidroeléctricas, justamente al lado de puntos rojos que marcaban o proyectos mineros o proyectos de otro tipo, dañinos para el agua, los habitantes de las comunidades cercanas y la ecología del país en general.

Eso, en el campo

Ahora bien, la ciudad de Guatemala, que se extiende como mancha maligna más allá de las montañas que rodean el valle donde fue instalada, también sufre, aunque seamos ignorantes de los males que padece, y que se incrementan a medida en que corre el tiempo y la huella de las lotificaciones y los grandes edificios crece y crece dando lugar a asuntos muy delicados para la salud.

Donde ha habido fuentes de agua pura se han construido edificios que sofocan esos nacimientos y los cambian por desfogues de aguas residuales —es decir, cargadas de excrementos— que van creando corrientes de porquería que acarrean enfermedades, que contaminan con la fetidez de sus corrientes.

La capa asfáltica y de concreto que ha cubierto el terreno de la ciudad es también motivo de polución terrible. Hay laboratorios cuyos nombres omito por razones comprensibles, que han detectado agua contaminada incluso a cien metros de profundidad.

No me consta que en esta ciudad funcionen plantas de tratamiento de las llamadas aguas servidas, que, por ejemplo, al norte del montículo de La Culebra, van, por diversos lugares, a dar al río Motagua.

Aparentemente, hay problemas con Honduras, a causa de la polución de sus aguas marítimas, esas donde desemboca justamente el Motagua.

Nunca he logrado explicarme el afán de algunos seres humanos por acumular riqueza. Todos, incluidos ellos, vamos a morir. Y como decía mi nana, no se van a llevar nada. Serán un cadáver común y corriente que se pudre poco a poco o unas cenizas aburridas. Y no habrán hecho nada por su país, por su mundo, por sus semejantes.

Espero  sinceramente que las actuales autoridades se percaten de la significación profunda y real de la marcha por el agua, que se inició el 11 de este mes y llegará a la Plaza de la Constitución el próximo viernes.

Para el día siguiente, sábado, los vecinos de la capital que se preocupan por la contaminación ambiental manifiesta, saldrán de diversos puntos citadinos para darse cita frente a la Municipalidad a las 11 de la mañana.

Aparentemente, ya aflora la preocupación por el agua, la contaminación visual, auditiva y otros males que aquejan a aquella que en tiempos remotos llamaban la tacita de plata.

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