Domingo 24 DE Marzo DE 2019
El Acordeón

“Welcome the Hell El Salvador”

Casi 25 mil almas rockeras de varias generaciones y países centroamericanos se dieron cita el domingo 6 de marzo en San Salvador, para escuchar a Iron Maiden. Lucía Escobar viajó al vecino país para asistir al concierto y nos cuenta cómo suena desde el trópico la banda más emblemática del heavy metal inglés.

Fecha de publicación: 03-04-16
Fotos: Óscar Machón Por: Por Lucía Escobar
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Desde que vi el primer anuncio de que la banda Iron Maiden tocaría en El Salvador como parte de la gira The Book of Souls supe que quería ir. Mi hijo N se entusiasmó con la idea de acompañarme. No se necesita ser fan de hueso colorado para saber cuándo un concierto será histórico. Cuarenta años saltando en los escenarios del mundo y toda una industria metalera atrás, han hecho de Iron Maiden, una de esas bandas que como los Rolling Stone, vale la pena ver en vivo aunque sea una vez en la vida.

Escuché por primera vez a Iron Maiden en los noventa, gracias al Animal, mi primer novio, hoy difunto. Era fan, tenía en el hombro un tatuaje de Eddie* con la bandera de Guate. De él (mi ex) heredé su colección de discos compactos de heavy metal y un par de excelentes amigos. Esos discos estuvieron empolvados en mi casa, hasta que N los descubrió.  Era casi un bebé cuando ya pasaba horas viendo las portadas diabólicas de Killers, The Number of the beast, Somewhere in time y Beast of the Best y escuchando los discos a todo volumen (como debe ser).

Iron Maiden también es conocido como La Doncella de Hierro, en referencia a un instrumento de tortura y ejecución de la edad media. Y The Iron Maiden es también el nombre de un cuento corto escrito por Bram Stocker en 1893.

Los organizadores calcularon que unos 2 mil 450 guatemaltecos (de todas las regiones del país) viajarían a El Salvador. Nosotros también.

Hermanos de sangre

En el camino –el clima iba cambiando de un poco frío, a cálido, a infernal– hablamos de las distintas etapas que ha vivido el grupo y comentamos las ilustraciones que adornan las alas del Ed Force One, un jumbo 747-400, con motivos mayas. El vuelo 666 es piloteado por un Bruce Dickinson (voz) recién recuperado de cáncer.

No sentimos las horas de camino. Pasamos el trámite de migración en la frontera de Las Chinamas rapidísimo. Antes y después de nosotros, fans vestidos de negro, muchos con la cerveza ya en la mano iban contentos y entusiasmados. Nos tomamos fotos todos con todos sin conocernos.

Llegamos a las tres pm a los alrededores del Estadio Nacional Jorge el “Mágico” González y ya estaban invadidos por las camisas negras. Vi muchas banderas de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Me dio ternura ver tantos fans viajando con la identidad a cuestas. Afuera vendían todo lo que se necesita para parecer un metalero: camisetas, bandanas, pósters, suéteres y calcomanías. Compramos nuestros respectivos souvenirs. Todo color negro hollín. ¡Había hasta pintacaritas de Eddie! N pidió que le dibujaran uno. Por dos dolares, el pintor invirtió unos 40 minutos en su creación dark.

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Fotos: Óscar Machón

Me acerqué a la puerta a recoger mi acreditación de prensa y ahí me enteré que N no podía entrar. Espectáculos Públicos clasificó el concierto para mayores de 15 años. N con su carita pintada de calavera no parecía de 15, tampoco de 14 y medio.

“Ni siquiera de 12”, me dijo la organizadora.

Decepción, tristeza, enojo ¿Y ahora qué hago con el niño? ¿Le pago un cuarto en el motel de enfrente del estadio? ¿Lo voy a dejar a casa de Beatriz? ¿Lo meto de colado? ¿Soy una madre irresponsable por traerlo a un concierto “diabólico”? ¿Qué tan peligroso puede ser? ¿irán a sacarle el corazón a alguien?

N con los ojos a punto de rebalsárseles de llanto, parecía incluso más pequeño de lo que es. Comencé a buscar a otros niños afuera y ví a varios, no miles, pero sí habían más. Ví a una familia entera todos de negro, la pequeña, de la edad de N, llevaba un peluche en la mochila y la carita también pintada de rockerita. No entiendo. Los niños son expuestos a ver Combate en la televisión, a escuchar reguetón en los buses, a la violencia diaria, pero no pueden ver una banda de abuelitos haciendo rock.

Por cierto ¿sabían que en Inglaterra ya hay pregrado universitario en heavy metal?

“Mejor intenten entrar por una puerta normal que no sea de prensa”, sugiere G.

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Foto: Germánico Barrios

Le hacemos caso. Hacemos la cola. Entramos como si nada. Nos abrazamos. Adentro ya no encontramos a los amigos. G va enfrente, muy cerca del escenario con los demás fotógrafos. Tiene solo las tres primeras canciones para tomar fotos. Luego deberá ir a dejar la cámara al carro.

El estadio estaba a reventar. Los datos oficiales hablan de 25 mil almas. Siento ganas de llorar. La emoción me transporta al concierto de Metallica en Guatemala. Me gusta sentirme parte de esta familia grande del rock. Me gusta compartir con mi hijo esta fuerza, las ganas de bailar, este entregarse con desconocidos y saltar como si fuéramos uno solo.

El imperio metalero

El concierto empezó puntual con la presentación del grupo Araña de El Salvador. Luego siguieron The Raven Age del Reino Unido quien, junto a Anthrax de Nueva York, también andan de gira viajando en el avión de Iron Maiden. Los tres grupos que abrieron estuvieron a la altura de las expectativas.

En las pantallas gigantes anuncian Speed of Ligth, el nuevo videojuego electrónico de la banda, que por supuesto N quiere tener. Lo ha agregado a su lista de regalos de cumpleaños.

Aunque el cansancio ya estaba haciendo mella en mí y en N, ambos saltamos al escuchar los primeros acordes de la Intro: Doctor, Doctor. Me sentí contagiar con la energía de Steve Harris en el bajo, Adrian Smith, Dave Murray y Janick Gers en las guitarras, Nicko McBrain en la batería más grande que he visto en mí vida y el gran Bruce Dickinson saltando como quinceañero y con un estado físico que envidiaría cualquier cuarentón.

Sonaron If Eternity Should Fail, Speed of Ligth, Children of the Damned, Tears of a Clown y The Red and Black. Cuando en la escenografía apareció la imagen de Eddie con un sable y una bandera: y los ultra conocidos acordes de The Trooper y Scream For Me “El Salvador” el estadio parecía a punto de reventar. La mitad de los asistentes estaban grabando con el celular, miles de luces iluminaban y bailaban como años antes lo hacian los encendedores.

El escenario cambiaba constantemente. Ahora un caldero de fuego, de pronto estamos en el Egipto Antiguo. En Powerslave, Dickinson con una máscara de Blue Demond salta por el escenario haciendo gala de su excelente condición física. Siguen Death Or Glory y la canción que le da nombre a la gira y al nuevo disco: The Book Of Souls.

Un momento esperado por todos: aparece un inflable de Eddie blandiendo un hacha. Dickinson le arranca el corazón, lo pone a arder en las llamas y lo tira al público. Un típico sacrificio satánico que da más risa que miedo. El cantante agradeció por estar primera vez en El Salvador. El público grita. De vez en cuando en las pantallas gigantes aparece el público de la primera fila. Ahí aplastados contra el escenario están los mega mega fans, la tropa, los más engasados. Lloran como en las películas hemos visto hacerlo a las las fans de los Beatles o de Michael Jackson. Lloran y gritan y no pueden creerlo. Sus edades podrían estar entre los 20 y los 40. Todos son hombres.

Se apagan las luces y la expectativa crece, los acordes de Adrian, Dave y Janick van formando la melodía de Iron Maiden, la canción.

Mientras tanto mi pequeño N, ha amarrado las bandanas (pedazos de tela que se ponen en la cabeza los rockeros) promocionales que regaló una marca de tarjeta de crédito y que muchos han tirado al suelo y ha hecho con ellos una gran pita gigante (una especie de enorme cordón umbilical). Me amarra un extremo a la cintura y el otro se lo queda él, se va a sentar hasta atrás en la gramilla, ve el concierto por las pantallas gigantes de los lados. Algunos rockeros nos regalan sus bandanas para hacer más grande la pita. Ese invento me da movilidad. Me permite ir a comprar cerveza, ir por una crepe (Por cierto, ningún concierto donde vendan crepes puede ser tan grueso) y hasta tengo el valor de acercarme a unos hondureños y pedirles que me compartan un poco de su humo. Nadie le niega un poco de hierba a una madre metalera.

En el escenario la gigantesca cabeza de Eddie aparece. Lenguas de fuego aparecen. Desaparecen. Estamos en cualquier pasaje bíblico o apocalíptico. Mencionan la civilización maya. Grito y me jalo los pelos. Se escucha la voz de Barry Clayton con The Number Of The Beast, mientras un demonio gigante aparece en uno de los bordes del escenario.

No puedo evitar pensar en el Animal, con quien escuché todos estos discos una y otra vez. Eran los noventa, explorábamos nuestro lado oscuro mientras rebasábamos los límites de velocidad permitidos y los del volumen también. Él era el típico hombre bueno que presumía de lado oscuro. Ahora entiendo por qué le gustaba tanto Iron Maiden, son canciones duras que hablan de temas profundos. Ahí está la dualidad del ser humano, el lado oscuro y el claro, la mística del más allá.

El concierto termina con Wasted Years. Casi no sentí la hora y media de música.

El rock también es política

Durante el concierto Nicko McBrain vistió una playera con la imagen del Monseñor Romero. Luego supimos que previo al concierto había visitado junto con Janick la tumba de este icono de la cultura Latinoamérica. Por supuesto que esto molestó a los conservadores que odian el rock, la rebeldía y todo lo que cuestiona.

Platicando con la escritora y poeta Jacinta Escudos, me dice: “fue una demostración para los mojigatos que hicieron campaña negra al concierto diciendo que ocasionaría violencia, cuando en realidad no hubo incidentes. Les cerramos la boca”.

El Salvador tiene una tasa de homicidios de 104.2 por cada 100 mil habitantes, es considerado el país más violento de Centroamérica y el Caribe, según un estudio del Índice Global de Paz (IGP).

No solo no generó disturbios sino todo lo contrario, avivó la economía local, estimuló el turismo y relajó a la juventud. El Ministro de Turismo de El Salvador agradeció al grupo por su visita. El Alcalde también.

Una fuerte e inusual lluvia termina con la noche del concierto más esperado en El Salvador. Yo me voy tarareando Always look on the brigth side of life.

* La siniestra mascota diabólica que aparece en todos los conciertos y discos de Iron Maiden.

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