Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

La última esperanza sobre la faz de la Tierra

Máquina del Tiempo

Fecha de publicación: 14-02-16
Por: Arturo Monte rroso
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Ese país desmesurado, construido a golpes de conquista, guerras, compras y anexiones desde principios del siglo XVII, con el establecimiento de las 13 colonias británicas en la costa atlántica, no termina de sorprendernos. Los casi 10 millones de kilómetros cuadrados que ocupa el actual territorio de Estados Unidos fue producto de un proceso que comenzó diezmando a los pueblos indígenas, desde que Juan Ponce de León puso el primer pie en una isla que después resultó ser parte del continente: La Florida. De esos tiempos, lo más interesante son las terribles aventuras de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, consecuencia de la desafortunada expedición del adelantado y matador de indios, Pánfilo de Narváez. Luego vendrían los franceses a comerciar con pieles, en la región de los Grandes Lagos y, pasado el tiempo, reclamarían un inmenso territorio que se extendía desde el Golfo de México hasta la actual frontera con Canadá, a lo largo de la cuenca del Misisipi: La Louisiane. La tierra del rey Luis XIV abarcaba gran parte de los actuales estados de Luisiana, Arkansas, Oklahoma, Missouri, Colorado, Kansas, Nebraska, Iowa, Wyoming, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Minnesota y Montana. Napoleón se lo vendió a los gringos en 1803 y así lograron casi duplicar sus posesiones originales. El Indian Removal Act de 1830, una ley que obligaba a los indios a un éxodo al Oeste, causó graves enfrentamientos, incontables injusticias y un gran número de muertos entre los pueblos originarios. Trail of Tears se llamó a esta migración forzosa; un sendero de lágrimas causado por los civilizados y piadosos cristianos blancos, que avanzaban implacables.

La política expansionista de Estados Unidos (un país que era “la última y mejor esperanza sobre la faz de la Tierra”, según Lincoln) continuó en 1845 con la argucia de la invención de la República de Texas, su independencia de México y la invasión del ejército estadounidense, cuyo objetivo era engullirse esas extensas tierras que habían sido conquistadas por los españoles y que alcanzaban parte de los actuales estados de Oklahoma, Kansas, Colorado y Nuevo México. La doctrina del Destino Manifiesto puesta en práctica en todo su esplendor. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, redactado en su totalidad por los gringos y firmado en 1848, les permitió apropiarse de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Arizona, además de otras tierras en Wyoming, Kansas, Oklahoma y Colorado. Toda la tierra al norte del Río Bravo. A esta rapacidad se le conoce con el eufemismo de “Cesión Mexicana”. Nuestro vecino perdió más del 50% de su territorio de entonces. Dos años antes, Estados Unidos había logrado negociar las tierras del extremo noroeste con los británicos y hacerse de Oregon, del actual estado de Washington y de Idaho. Hubo un estallido de patriotismo, aunque Ralph Waldo Emerson dijera que “la mayoría de los grandes resultados de la historia se han logrado por medios indignos”.

La introducción del ferrocarril, los brotes de la fiebre de oro y la colonización del Oeste precedieron a la Guerra de Secesión y al movimiento abolicionista, pero también a las leyes de Jim Crow y su política de apartheid. Para ese tiempo habían muerto 40 millones de bisontes americanos, cazados por el hombre blanco debido al alto precio de su piel y de su carne. A finales del siglo XIX quedaban unos 750 ejemplares. En 1898 los estadounidenses organizaron un golpe de estado en Hawái y se apropiaron de ese archipiélago de la Polinesia. Ese mismo año encontraron el modo de declararle la guerra a España y de contribuir a la independencia de Cuba, una isla que amaban con pasión desmedida y que no les habían querido vender. Otra vez el Destino Manifiesto mostraba la voluntad divina y el camino airado del invasor. Continuará.

Guatemala, 12 de febrero de 2016

>arturo.monterroso@gmail.com

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