Sábado 15 DE Junio DE 2019
El Acordeón

Abularach, el maestro de la línea

El artista guatemalteco Rodolfo Abularach inauguró recientemente una muestra en Sol del Río. No es una colección común, ya que recopila trabajos producidos en la década de 1960. Es una época de cambio en su trabajo, una que lo llevó a conocer a la élite del arte latinoamericano y que marcó su camino para radicarse definitivamente en Estados Unidos.

Fecha de publicación: 07-02-16

Jaime Moreno > elperiódico

Por Jaime Moreno

Línea, sucesión continua de puntos en el espacio. Línea, señal o marca estrecha que se hace o se forma sobre un cuerpo o superficie. Línea, producto de una acción con infinitas posibilidades estéticas que delimita formas y espacios semánticos que adquieren sentido en el arte. En líneas Rodolfo Abularach es un maestro. El artista, nacido en Guatemala en 1933, ha experimentado ampliamente con ellas a lo largo de su carrera. Ahora, la galería Sol del Río le dedica una exposición que recoge inexploradas piezas realizadas durante la década de 1960.

A lo largo de la muestra, la agrupación sistemática –obsesiva– de líneas que por medio de intervalos de intensidad generan formas y espacios de luz y sombra revela al espectador un Abularach desconocido. Aparentemente lejano a la temática de los ojos, de los cuales dice el propio artista no son un estancamiento en su trabajo como muchos piensan, el grupo de piezas expuesto en Sol del Río corresponde al periodo entre 1962 y 1968. Para ese momento, Abularach se encontraba en sus primeras estancias en Estados Unidos y el resultado es coherente con la vorágine cultural que experimentaba Norteamérica en los inicios de la segunda mitad del siglo XX. La exposición estará abierta hasta el próximo 29 de febrero, en las instalaciones de la galería (14 avenida 15-56, zona 10). La entrada es libre.

 

Visiones de un mundo taurino

Los inicios de la obra de Rodolfo Abularach están marcados por dos elementos que lo definirían: la tauromaquia y la curiosidad por aprender. La relación entre ambos conceptos comenzó en 1945, cuando su padre inauguró en Jocotenango una plaza de toros. “Me llevaba fotografías y afiches de las corridas. Trajo a Guatemala a varios de los toreros famosos del momento”, recuerda. Esa fascinación por el mundo taurino lo llevó a explorar en su habilidad para el dibujo. “Yo soy autodidacta. Tuve la suerte de tener mucha habilidad desde niño y trabajé intensamente el tema de los toros”, afirma al tiempo que describe cómo en dos o tres trazos era capaz de recrear un paso taurino. El gusto por esta temática le valió su primer acercamiento formal al arte. Cuando tenía 13 años, su padre mostró sus dibujos a Mario Alvarado Rubio. “Le interesó mucho. Fue a ver a Rodolfo Galeotti Torres, director en ese entonces de la ENAP. Decidieron hacer una exposición de mi trabajo en la (extinta) Sala de Turismo. Ahí exhibían todos los pintores de Guatemala”, dice.

Para 1950, Rodolfo había terminado los estudios secundarios y necesitaba elegir una carrera. Ingresó a la Facultad de Ingeniería y pronto descubrió que su pasión era el dibujo. Abandonó los estudios, salió del país y emprendió un viaje que lo llevó por Los Ángeles y México. Ávido de nuevos conocimientos y con gran cantidad de ideas en mente, regresó a Guatemala y mantuvo contacto con los grupos artísticos locales. “Me juntaba con el grupo de Humberto Garavito y Miguel Ángel Ríos, quien tenía su galería frente a El Volcán en la 7a. avenida. En su sótano experimentábamos. También para esa época tuve contacto con González Goyri, quien tenía una cátedra de dibujo abstracto. Comencé a quemar etapas rápidamente”, afirma.

Filosofía en una línea

Carlos Mérida le dijo una vez que tenía talento, pero que para aprovecharlo debía salir del país. “Haz lo que puedas, pero sal de Guatemala”, le aconsejó. No dudó un momento y decidió hacerle caso al maestro. En 1958, tras un breve lapso como estudiante en la ENAP y luego de unos años a cargo de los cursos de dibujo en esa misma escuela, Roberto González Goyri (director en ese momento) y Mario Alvarado Rubio decidieron becarlo por medio del Estado para estudiar en Estados Unidos. Nueva York fue el destino elegido. “Yo decidí ir a estudiar grabado. No quería perder libertad, porque las escuelas tienden a domesticar alumnos. Estudié todas las técnicas del grabado”. A su regreso pasó por México, donde conoció y se hizo amigo íntimo del colombiano Omar Rayo. Volvieron a reunirse en Estados Unidos, gracias a que se le concedió la beca Guggenheim. “Por esa época el MoMa me compró mi primer trabajo. Fue en 1958. Nunca me imaginé regresar a Estados Unidos. Les interesó mucho mi obra y me extendieron la beca un año más”. No volvería a vivir en Guatemala sino hasta hace pocos años.

 

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Jaime Moreno > elperiódico

Los trabajos que hoy expone Sol del Río se caracterizan por el uso radical de líneas. Son producto de un proceso que para Abularach comenzó en 1959, cuando realizó una serie de trabajos de líneas a tinta que expuso en la Unión Panamericana en Washington. El curador de esa muestra le solicitó una serie en esa estética por considerarla especial. ¿Cómo surgió? De un proceso espiritual. “Mi interés en el yoga y en la filosofía zen me llevó a tratar de conocerme a mi mismo por medio de la meditación”, afirma al momento de mencionar que ese proceso también lo llevó a eliminar formas en sus composiciones hasta optar por el círculo. “Esa idea es universal, es una forma que no es estática, tiene movimiento. Es cósmico. Para mí el movimiento es circular y en esas formas está la búsqueda de uno mismo”, puntualiza. De la muestra actual también anota que son piezas con un gran interés por las texturas y especial estudio en el trabajo de Malevich.

“City of the eyes”

“La gente cree que soy un pintor estático, pero no es cierto. Tengo varios periodos diferentes. He hecho volcanes, guerras, edificios destruidos, premoniciones. No he sido estacionario, aunque tengo esa fama por los ojos”, menciona Abularach a propósito de uno de los temas que a pesar de todo se ha convertido en referente de su trabajo. A lo largo de los años, los ojos en la obra del artista han adquirido diferentes dimensiones, posturas, emociones. No obstante, su origen es muy parecido al de la técnica de líneas… espiritualidad y grabado. “En 1966 fui a Los Ángeles, recomendado por el curador de dibujo del MoMa, a un taller litográfico en el que también trabajó Rufino Tamayo. Mi dieron una pieza y comencé a trabajar con el compás. Así surgió el ojo. Es un trabajo muy geométrico. Para mí fue una sorpresa cuando lo descubrí”, afirma. En el taller llamaron a esa muestra City of the eyes, que se expuso en Estados Unidos en 1967.

Los ojos tienen además un significado espiritual. Como el propio artista menciona, “El ojo surgió de una experimentación geométrica. Al principio era hipnótico, con un vacío que relación que ver con el pensamiento budista”. También añade que las piezas de la exposición en Sol del Río son el origen de esta tendencia, gracias a la curiosidad por las geometrías que mostró en ese momento y a un hecho inconsciente que no responde a actos deliberados.

Futuro

Los trabajos que se encuentran en la galería guatemalteca han tenido un recorrido largo por el mundo. Creados en Estados Unidos, primero vieron la luz en una de las salas expositivas de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en Bogotá, Colombia. Gracias a sus amistades colombianas, Abularach tuvo un amplio reconocimiento en ese país. En cada viaje anual a Sudamérica se quedaba un mes o dos en Guatemala, así mantuvo contacto con amigos como Roberto Cabrera o Ramón Ávila. No obstante, su lugar de residencia siempre fue el país norteamericano.

Abularach vendió su taller neoyorkino en 2005. Ahora sus esfuerzos se enfocan en la construcción de un sitio para exponer su obra, un patrimonio que ha acumulado a lo largo de su carrera no sin cierto egoísmo. El cómo conserva mucho de su trabajo lo explica por medio de una anécdota: “En los sesenta, Fernando Botero tenía su taller en la misma calle donde yo tenía el mío. Nos veíamos a diario. Un día me dijo ‘Rodolfo, tengo un coleccionista que quiere ver tu obra. Voy a enviarlo a tu taller’. Llegó, le mostré todo y en la emoción le enseñé algo que no quería vender. Se empecinó pero no lo vendí. Se fue frustrado”. La obra que ya no está con él se encuentra en colecciones y museos internacionales, gran parte en el prestigioso MoMa en Nueva York. Abularach es uno de los artistas guatemaltecos con más trayectoria internacional, y de cara al futuro quiere retomar la curiosidad reflejada en el trabajo que expone hoy en Guatemala. “Creo que corrí demasiado en esa época. Ahora quiero retomarla. Es en ese periodo en el que se produce el cambio en mi forma de pensar y expresarme”, finaliza.



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