Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

El antropoceno ¿A dónde nos lleva?

La Telenovela

Fecha de publicación: 24-01-16
Por: Ana María Rodas
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Hay días claros, hay días negros. Hoy me tocó uno de estos últimos. Oxfam ha dado a conocer que 62 personas, en el mundo, poseen las riquezas equivalentes que logra justamente la mitad de la población de la Tierra. Tres mil quinientos millones de habitantes de este pobre planeta que está harto de haber llegado a un nuevo periodo… ¿de vida? ¿de muerte? ¿Quién se atreve a dar respuesta a estas preguntas?.

Los científicos afirmaron apenas hace unos días que “una nueva época geológica que se caracteriza por el impacto de la actividad humana sobre la Tierra es ahora evidente”. La nota completa apareció en la revista Science, donde puede ser consultada a su gusto y antojo.

Estos geocientíficos internacionales aseveran que hemos entrado en el Antropoceno, un periodo terráqueo que se considera iniciado a mediados del siglo XX, que está marcado “por la expansión de nuevos materiales como el aluminio, el cemento, el plástico, las cenizas de combustión de hidrocarburos y los radioisótopos provenientes de las pruebas atómicas alrededor del planeta, además de las elevadas emisiones de gases de efecto invernadero y la distribución global sin precedentes de especies invasoras”.

El Holoceno fue el periodo en el que el cual las sociedades humanas avanzaron mediante la domesticación gradual de la superficie terrestre con el fin de incrementar la producción de alimentos, la construcción de asentamientos urbanos, y el aprovechamiento del agua y de los recursos minerales y energéticos del planeta.

La época Antropoceno ahora propuesta, sin embargo, “está caracterizada como un tiempo de rápidos cambios ambientales provocados por un crecimiento acelerado de la población humana y el incremento vertiginoso del consumo a partir de la ‘Gran Aceleración’ de mediados del siglo XX”.

El homo protagonista de esa era que parece estar llegando a su fin fue el homo sapiens. Vivíamos —y me cuento entre ellos, así como todos aquellos que nacimos en la primera mitad del siglo XX— en una era de temperaturas que fueron haciéndose más mansas.

El Holoceno fue un periodo interglaciar. Me refiero a ese tiempo como algo pasado, puesto que hemos entrado, según dice la ciencia, en el Antropoceno.

Recuerdo ahora, con muy mala leche, por cierto, los años ochenta, los años de los yuppies, es decir los “young urban professional” que pululaban en Wall Street. Esos niñitos, o jóvenes —porque algunos alcanzaban hasta los 35 años— fueron los protagonistas hacia los que veía mucha gente con gran esperanza.

Estaban al día tecnológicamente, vestían una moda especial que los diferenciaba del resto del mundo, y hacían suya la promesa de crear un mundo mejor. Lo malo es que no especificaron para quiénes iba a ser mejor, porque entraron en desuso (no eran otra cosa más que objetos al servicio de en gran parte de la cultura popular estadounidense a finales de esa misma década, pero solamente de la gente más adinerada) debido en parte a la crisis provocada por el  Lunes Negro y consecutiva recesión de principios de los noventa.

Recesión que luego se transformó en otras palabras, pero no en menos hechos tenebrosos para la mayoría de los habitantes de la
tierra.

Los yuppies fueron el estandarte de esa ambición desmedida que estalló en el siglo XX, de ese ansia de posesión que caracterizó al ser humano — me atrevería a decir que desde siempre— pero que se ha convertido en la cuestión más infame desde que algunos de nosotros, hace ya miles de años, nos levantamos del suelo en África y aprendimos a andar sobre las piernas.

Me parece que los dinosaurios tuvieron una mejor suerte que
nosotros.

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