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El Acordeón

Uli Stelzner: “Me considero un trabajador de la luz y la memoria”


El cineasta Uli Stelzner habla acerca de la muestra documental que dirige, Memoria, verdad y justicia, la cual está a la mitad de su séptima edición en estos días. Las proyecciones son en los cines Cápitol y Lux. La programación puede verse en www.cinememoriaverdadjusticia.com.

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Uli Stelzner es alemán y, desde hace décadas, deambula entre América Latina y Europa. Llegó a tierras latinoamericanas muy joven y desde entonces se ha dedicado a retratar la sociedad que ve. Es cineasta y así llegó a Guatemala, en donde realizó Los civilizadores y La Isla, documentales poderosos sobre la historia del país. Con este último tuvo una idea innovadora, preparar al público por medio de una muestra de cintas relacionadas antes del estreno. Eso fue en 2010. Hoy, Uli es director de la muestra de cine documental Memoria, Verdad y Justicia, que este año cumple su séptima edición.

Se estrenó esta semana la muestra ‘Memoria, Verdad y Justicia. ¿Cómo nace el proyecto?

– Nace en 2010, junto al lanzamiento de la película La Isla, que había trabajado durante tres años. Sabíamos que ese tipo de cine causa una reacción polémica, son presentaciones delicadas en las que se nota que la sociedad guatemalteca no está acostumbrada a la crítica social por medio del cine. En el caso de La Isla fue más extremo, porque tiene mucha información dolorosa y nueva para la sociedad, indica responsabilidades y hechos que de alguna manera sí se conocían, pero no de forma tan cercana, con pruebas e imágenes de archivo. Incluso había una coyuntura preelectoral que involucraba a Otto Pérez. Nos inventamos una muestra para antes de proyectarla, con películas relacionadas de otros países que prepararan al público local para su propia película.

Eso fue, nos inventamos una muestra. Fue un intento de establecer una muestra de cine documental en el país, cosa que no existía. Nos fue tan bien entre todo lo difícil que fue el lanzamiento, que tomamos la decisión de defender ese espacio y continuar con el proyecto.

¿Cómo ha sido la experiencia de estar al frente de este proyecto que toca sensibilidades, mueve a la opinión pública, etcétera?

– Hay que apuntar que el cine llegó muy tarde a Guatemala. La producción siempre ha sido mínima y en condiciones complicadas. Hubo intentos pero también mucha autocensura, miedo, exilio y producciones pequeñas. El desarrollo cinematográfico ha sido lento en el país, y sin apoyo es difícil de producir y divulgar. Nunca tuvimos acceso a las grandes salas de cine comercial, pero había espacios pequeños como en universidades o a veces se organizaban estrenos en bares, lugares pequeños. No obstante, la respuesta del público siempre ha sido impresionante, este se ve reflejado en la pantalla.

Con la muestra se da una primera oportunidad de acercar al público al cine documental. Nos sorprendió la buena respuesta de la gente porque no estábamos hablando de ficción, de Hollywood, sino de cine de autor, independiente. Hemos tratado de presentar buen cine, la selección es muy estricta y tiene que caber en nuestro perfil para Guatemala. Es una muestra hecha para el país, para su coyuntura actual. No solo pasamos cine, prácticamente cada película se debate y la gente se dio cuenta de que estos espacios no existían antes. Haber formado un público durante cinco años ha sido un éxito grande. Son más de 45 mil personas a lo largo de estos años.

¿A qué se debe el éxito del cine documental frente a otros ejemplos acá en el país?

– La muestra tuvo un fuerte impacto desde su inicio. Los primeros siete mil espectadores sentían nuestra cercanía hacia la población. Eso es determinante, el público sabe que estamos trabajando para ellos, que no es un festival común y corriente con alfombra roja o para cinéfilos. Es para todos, tiene un equilibrio entre asombro, cine de autor, etcétera. No es un cine elitista.

No obstante el éxito con el público, también existen presiones, censura y autocensura que muestran el impacto de la muestra en ciertos sectores ¿Qué pasó con el exilio forzado de la última edición?

– Uno de los objetivos principales de la muestra es presentar un cine documental nacional y darle un espacio adecuado y un público adecuado. Hay muchas personas que filman en Guatemala, pero no siempre hay espacio para exhibir sus películas en el país. Nosotros ofrecemos ese espacio y nos ha funcionado bien. Si en una muestra no podemos pasar cuatro películas nacionales, para nosotros es un golpe fuerte.

En una muestra anterior, hubo cuatro películas autocensuradas por sus directores o sus protagonistas, quienes pidieron que las cintas no se pasaran en el país por seguridad. Una era una película suizo-colombiana sobre la masacre en Pavón; otra sobre los B-boys, en la que la productora los quería proteger porque ellos viven en zona roja y en cercanía con las maras, la policía corrupta y demás. Como organizadores no podemos hacer nada, porque es decisión de ellos, pero fue muy frustrante. Las otras dos películas eran una sobre una chica filmada durante siete años, cuyo papá era un payaso asesinado por las maras; la otra era La propuesta impuesta, sobre la reforma a la educación. Con ella tuvimos intervención de tres ministerios, Relaciones Exteriores, Gobernación y Cultura.

Después de un tiempo de reflexión tomamos la decisión de un exilio temporal, de exhibir estas películas en Alemania y Argentina, para dejar claro que en esas condiciones no podemos trabajar. Fue un momento en el que, en general, la población ya estaba muy frustrada con el régimen de Pérez Molina.

¿Hacia dónde se enfoca la selección de documentales para esta VII muestra?

– Es una muestra hecha para Guatemala. Cada año escogemos un tema y este año, cuando estábamos en Berlín presentando las películas censuradas y autocensuradas, empezó el movimiento en Guatemala. Esto fue un acontecimiento que habíamos esperado, el momento de despertar y expresar. La toma de decisión fue fácil, era le momento de presentar cine relacionado a las protestas. La programación responde a esa coyuntura. Escogimos la fecha porque sabíamos que había pasado la segunda vuelta, las movilizaciones habían parado y era momento de reflexionar.

En el contexto de esta muestra, El buen cristiano parece ser el plato fuerte…

– Nos cayó del cielo. De repente me escribe la directora y me habla de la posibilidad de un preestreno. Los directores saben que la muestra es una buena plataforma para lanzar una película. Aceptamos de inmediato. Es el plato fuerte nacional de este año. Es el primer largometraje sobre el juicio y sobre Ríos Montt. Es sobre un muchacho que pierde a sus padres, es entregado al Ejército y al final se encuentra en el juicio. Hay una dramaturgia bien elaborada. Es un preestreno mundial porque la productora tiene una línea de festivales, pero nos dieron el work in progress. La proyectamos sin créditos para que eso no perjudique a la cinta en los festivales internacionales.

Uli, ¿por qué incursionar en el género documental? ¿Cómo llegaste a él?

– Pregunta complicada, porque no fue una decisión que haya tomado. Aterricé en este continente muy joven, a los 18 años. Trabajé en educación de adultos en Bolivia y acumulé historias que quería contar entre los dos mundos, Alemania y América Latina. Comencé con la fotografía pero no bastaba. El cine siempre ha tenido una influencia en mí, el cine me llega, entra en mi alma y me hace reflexionar. Me impresionó el impacto del cine como género. Empecé sin estudiar, con mis propios medios, sin academia. Quería hacer cosas. Hice un par de películas en Alemania, otra en Perú, pero mis primeros largometrajes los filmé aquí en Guatemala. Fue un proceso de autoenseñanza.

Como director he tenido respuesta positiva y masiva por parte del público. No bastaba presentar películas en televisión o en una función. Cada película tiene un proceso de años de divulgación. Nunca podría ser un director que produce, entrega su trabajo y nunca vive lo que ha creado. Llegar al público no es fácil, pero la respuesta siempre ha sido tan gratificante que me nutre. El cine y su magia no solo es la pantalla, también es ver la reacción del público, lo positivo que pueda causar en el ser humano.

 

La isla es una pieza importante en tu carrera. Se estrenó en medio de una amenaza de bomba y con mucha incidencia. ¿Cómo ha sido la experiencia con este documental?

– La película tuvo su estreno en Ámsterdam en noviembre y en diciembre vine a Guatemala a preparar el estreno local. Fue conflictivo desde que salí de Berlín, donde me citó el Ministerio de Relaciones Exteriores, departamento de América Latina, para aconsejarme que no lanzara la película en Guatemala porque no era el momento adecuado. Mi respuesta fue que en Guatemala nunca es el momento adecuado. Ahí comenzaron los problemas entre gobiernos, diplomacia, el partido Patriota, etcétera. Fue espinoso. Tenía que defender la película y tenía que defender a los protagonistas. Fue un camino difícil, pero sabía que no se podía evitar el riesgo. Pregunté a los protagonistas, asumí la responsabilidad y lo hicimos. La diplomacia me recomendó irme del país, pero si te identificás tanto con tu película, su mensaje, sus protagonistas y su dolor… Son tres décadas de conflicto retratados en documentos y en testimonios.

La película tomó su camino. Por cuestión de una posible censura ya habíamos elaborado los DVD. A los dos días ya estaba con los chicos de la piratería. El camino oficial fue en festivales, ganando premios, fue positivo y gratificante. Hemos cumplido con darle una herramienta de conciencia a la sociedad, con un documento histórico. Fue un camino políticamente difícil pero esos riesgos que asumimos valieron la pena porque nos abrieron el camino de la muestra Memoria, Verdad y Justicia.

Documentales se hacen acerca de casi cualquier cosa, pero sobre temas sociales parece más complicado. En América Latina, ¿qué tanto lo es?

– Es muy complejo. Cada país tiene su tradición en ese género. Brasil, Chile, México, Argentina tienen una tradición mucho más fuerte que Guatemala. También hay auges en otros países, se produce mucho cine social, crítico, porque tienen entidades estatales que fomentan ese tipo de cine. Saben que el cine documental fomenta la cultura, la identidad y la crítica. Es un género necesario para la identidad cultural de un país que está confrontado a un sistema audiovisual que penetra cada vez más con una cultura dominante. Es un acto de resistencia. El cine documental cada vez tiene un público más grande.

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