Domingo 24 DE Marzo DE 2019
El Acordeón

La vacuidad insolente

Máquina del Tiempo

Fecha de publicación: 18-10-15
Por: Arturo Monterroso
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El arte de las palabras vacías. Una muestra rampante de la futilidad, de la dispersión, de la absoluta falta de consistencia. Eso fue el debate de los candidatos a la presidencia organizado por la Asociación de Gerentes de Guatemala, el miércoles pasado. Sin solidez, sin respuestas, sin la habilidad para concretar alguna idea coherente, los candidatos se perdieron en el ataque y la defensa de asuntos irrelevantes. No se han dado cuenta de que tenemos un país cuyos graves problemas necesitan soluciones concretas y que sus propuestas debían plantearse con un lenguaje claro, breve y conciso. Además, claro está, de contestar lo que les preguntaron, no evadirse recurriendo a sus necios discursos hasta el cansancio. En lugar de perderse en señalamientos, acusaciones, terquedades y palabrerío inútil, doña Sandra y el señor Morales debieron explicar cómo, cuándo y con qué recursos van a trabajar para transformar la educación en un sistema de conocimiento científico y desarrollo integral del ser humano; para proveer al Ministerio de Salud de una organización eficiente y de los insumos necesarios para su funcionamiento; para implementar un programa viable de seguridad, sin alardes ni grandes gastos, que dé tranquilidad a la población; para terminar con la deuda del Ministerio de Comunicaciones y reparar de una vez por todas las carreteras cuyos trabajos se han vuelto no solo onerosísimos sino eternos, como la CA-1 Occidente; para promover una ética del funcionario, crear sistemas de control efectivos y erradicar la corrupción pública y privada; para utilizar el presupuesto con honestidad, lucidez, criterio y sentido común, además de mejorar la recaudación tributaria e incentivar la responsabilidad ciudadana; para establecer las bases de un desarrollo económico que alcance a las personas menos favorecidas de la sociedad. Pero no, todo se redujo a una lamentable pérdida de tiempo, a un alarde de mediocridad.

Pude notar que los candidatos tenían pocas luces, una pobreza de vocabulario apabullante y tal falta de ideas propias que a uno le daba vergüenza ajena. Todos los asuntos medulares se quedaron para otro día. De todas maneras, me dio la impresión de que interesaba más el show que una discusión seria. Claro que una discusión seria habría exigido de los candidatos un mínimo de preparación, un atisbo de conocimiento, un criterio formado acerca de nuestra realidad. Y preguntas más sólidas. A ratos parecía un programa de la señorita Laura. Bueno, no sabemos aún quiénes serán las personas que ocuparán los puestos clave del Gobierno; tampoco si piensan erradicar gastos inútiles como la publicidad, los celulares, los carros oficiales, los viajes innecesarios, los asesores improductivos, los empleados ociosos, los sesudos y carísimos estudios que no resultan en acciones concretas.

Es posible, sin embargo, que usted haya pensado con profunda satisfacción que el señor Morales representa sus bien cimentados principios conservadores de derecha, que garantizan el statu quo, y se convenció de que se merece su voto para salvarnos del peligro populista. Lo felicito, es usted una persona de fe. También es posible que usted crea que doña Sandra representa sus indiscutibles principios progresistas de izquierda, que también garantizan el statu quo, y va a votar por ella para salvarnos de la oligarquía. Me alegro, es usted un creyente irreductible. No obstante, la obcecación ideológica y la ingenuidad son peligrosas; votar en contra también, ya hemos visto los resultados. Pero no nos pongamos irónicos, no todo es malo. Durante los últimos meses hemos redescubierto el poder de la persona individual cuando se convierte en ciudadano y actúa en pro del bienestar de la sociedad, por el bien común. Así que hay mucho qué hacer si queremos un país diferente, unas personas mejores y un Gobierno que contribuya al bienestar de todos.

Guatemala, 16 de octubre de 2015

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