Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Tres mujeres

Máquina del Tiempo

Fecha de publicación: 04-10-15
Por: Arturo Monterroso
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Uno escucha a Sara Curruchich y siente de inmediato ese estremecimiento de alegría que produce su música, su voz y su presencia; una presencia dulce y suave como su sonrisa y, al mismo tiempo, capaz de transmitir firmeza y una gana de vivir irrefrenable. “Que no se mueran tus sueños —canta en La Puya—, que no se apague tu luz; que no languidezca la esperanza, que no se apague el amor”. Se trata de unos versos escritos a partir de una poesía elemental y de la sencillez de quien tiene algo que decir desde el fondo de nuestra realidad. Nada como el arte genuino para expresar todo lo que involucra la resistencia pacífica. La música, la poesía y la voz de Sara, en kaqchikel o español, es agua fresca que recorre todavía el curso de la experimentación y la búsqueda, y uno puede percibir en sus canciones indicios de influencia diversa. Sin duda esta patoja de San Juan Comalapa tiene un talento indiscutible. Basta escuchar Ch’uti’ xtän (Niña), en la versión de estudio grabada en México, adonde fue invitada en 2014 para participar en el XXX Festival del Centro Histórico y cantar en el Palacio de Bellas Artes acompañada de la Orquesta Filarmónica de Dresde. Ovacionada por su “sublime registro”, Sara tiene mucho que decirnos con su hermosa voz.

La voz de Concha Buika es pasión profunda, sensualidad y fuerza emotiva. Hija de inmigrantes, nació en Palma de Mallorca y creció bajo la influencia de la comunidad gitana y el flamenco; un espíritu incendiario y un género que atraviesa su música hasta el jazz, pasando por la copla, la electrónica, los ritmos tropicales latinos y el pop gringo; sin olvidar la ranchera y el bolero, como en El último trago, el disco con el que rinde homenaje a Chavela Vargas y a Bebo Valdés, grabado en el estudio Abdalá de La Habana. Flamancia pura. “Dentro de mi alma yo tengo una fuente, para que tu culpa se incline a beber…”, canta Buika en La niña de fuego, la canción insignia del disco que la lanzó a la fama en 2008. Su padre, el escritor Juan Balboa Boneke, llegó a las Islas Baleares huyendo de Francisco Macías Nquema, el dictador de Guinea Ecuatorial, la antigua colonia española que, aunque sigue teniendo un régimen represivo con un nuevo dictador, tiene buenas relaciones con Estados Unidos y España gracias al petróleo, a George W. Bush y a Repsol. Buika, a quien todavía consideran una extranjera en España, ha participado en los festivales de Jazz de Montreux y del Mar del Norte y ha sido invitada especial de Chick Corea en el Blue Note de Nueva York. En su libro de poemas, relatos y fotografías que tituló A los que amaron a mujeres difíciles y acabaron por soltarse… escribe: “Por un momento intuí que un orden distinto no es desorden sino identidad propia…”.

El Ave María del músico florentino Giulio Caccini adquiere una profundidad y una belleza extraordinaria en la voz de Elīna Garanča, la famosa mezzosoprano nacida en Letonia, cuya voz tiene “una amplitud de registro impresionante y un timbre oscuro y aterciopelado”, según iopera.es.  Y es cierto. En Guatemala la escuchamos en el teatro del IGA, en Carmen y en La Clemencia de Tito, y volveremos a escucharla en Roberto Devereux, de Donizetti, durante la temporada 2015-2016, gracias a las transmisiones en directo del Metropolitan Opera desde Nueva York. Esta bella mezzosoprano pasó sus primeros años en Riga, antes de la Revolución Cantada que llevó a Letonia a conseguir su independencia de la Unión Soviética; comenzó a estudiar música en 1996 y, después de cantar en la Ópera de Francfort, se hizo notar en el Festival de Salszburgo en 2003, lo que marcó el comienzo de su magnífica carrera. Recientemente publicó un libro autobiográfico en el que dice que para alcanzar lo que uno se propone no hay milagros, solo trabajo duro, coraje y talento.

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