Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
El Acordeón

Puente adentro

Fecha de publicación: 23-08-15
Más noticias que te pueden interesar

Abre usted el libro y se precipita en el vacío. No, quizá es impropio recurrir a ese término porque hay una densidad molesta e imprecisa en el aire enrarecido de la novela; el vacío nos remite a la ausencia, a la falta de todo asidero, al sinsentido de la vida. Y sí, mucho de eso hay a lo largo de las páginas. Pero también el miedo, la obsesión por evadir al perro del dolor, agazapado junto a la puerta de una existencia vacua; la necedad incisiva por averiguar la verdad oculta en una cotidianidad, tan ordinaria que parece absolutamente normal, aceptable, decente, incluso provechosa y, sobre todo, inevitable. No importa cuán anodinos resultan los rituales de la mediocridad que nos impone la aceptación (no del todo confesada pero llena de los gestos erráticos del equilibrista, siempre a punto de caerse) de una rutina impuesta por la sociedad o, dejémonos de excusas, por nosotros mismos. Y, como esos personajes de ficción que transitan el libro, nos negamos a mirar la cara de esa persona que creemos ser en el instante que precede a la espuma del jabón en el espejo. Allí está, con los colores desleídos, el cansancio de las decisiones ajenas que parecen nuestras, el agotamiento de los pocos recursos que hemos desarrollado para entender la realidad, para aceptar la derrota de no ser extraordinarios, sino habitantes de la medianía; quizá con algo del hombre sin atributos que nos dejó Musil. Bueno, eso puede ser el vacío o su antónimo; la saturación espesa, la penumbra de un atasco en el tráfico a las seis de la tarde de un viernes obnubilado por el humo, la falta de oxígeno que nos ahoga el cerebro, el regreso a la nada y, sin embargo, nos queda la búsqueda, la obsesión por averiguar esa verdad que se nos escapa, ese subterfugio que nos da sentido.

Hablo de Puente adentro, de Arnoldo Gálvez Suárez, la novela ganadora del Premio BAM Letras 2015. Escrita con un raro dominio del lenguaje, una intensidad sin concesiones y un ritmo trepidante, el autor se las arregla para subirnos al carro de la ansiedad desde el principio. Y uno se siente obligado a viajar al lado de los personajes en su búsqueda de nada y, al mismo tiempo, de todas las respuestas. Se trata de un relato universal, arraigado en nuestra realidad; la del pasado reciente y la inmediata; la de la guerra de los treinta y pico de años, pero sobre todo la de sus secuelas, logrando salvar el peligro del lugar común siempre que se escribe sobre los años del conflicto, como un trapecista que va de un extremo del tiempo al otro, dejándonos nada más que la impresión del vuelo. Es una historia íntima contada desde los riñones y los intestinos, desde la duda, desde la ira disimulada a medias, desde la necesidad de saber para encontrar la explicación de la propia vida y de sus circunstancias. La novela nos remite al realismo, como un trazo de Flaubert, pero es del todo contemporánea. Tiene también algo del naturalismo porque se aleja de la idealización de la vida y se percibe en el relato una cierta actitud determinista, como un sino implacable.

Gálvez Suarez es un escritor guatemalteco con un indiscutible estilo narrativo, construido, sin duda, a partir de un sólido conocimiento del idioma y de un arduo trabajo en la construcción de su literatura. El dominio del lenguaje le permite el ejercicio lúdico de experimentar con diversas formas de expresión, como su propuesta de diálogos intensos, dinámicos y libres, que van más allá de las convenciones. Puente adentro es una novela que trasciende la política, la moral y la discusión ideológica. Es una historia reflexiva, pero de una reflexión beligerante, conflictiva e irónica que transita en los linderos de la realidad posible y de la ficción que refleja la verdad oscura de muchas vidas. Una novela sin concesiones, una fotografía de la realidad, un instante del conflicto íntimo que todos hemos vivido alguna vez.

Etiquetas: