Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

Sorprenderse ante la realidad

La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide estuvo en Guatemala para la inauguración de Espejos de Luz, muestra antológica de su celebrado trabajo. Asistente de Manuel  Álvarez Bravo, amiga personal de Cartier Bresson, Iturbide es una de las grandes fotógrafas de México en el siglo XX.

Fecha de publicación: 09-08-15
Por: Por Jaime Moreno
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La muestra Espejos de luz está abierta en la galería del Centro Cultural Mexicano, ¿en qué consiste la exposición?

– Es una muestra corta. Se pueden ver fotos de un pueblo del sur de México que se llama Juchitán. Hay unas pocas fotos de los Seris (comunidad indígena de México) y también unas cuantas fotos de pájaros. También tenemos una pantalla en la que se pasan imágenes de todo mi trabajo. Pensé que era un lugar pequeño y no sabía cuántas fotos se podían traer.

 

A lo largo de tus años de carrera, que es una trayectoria extensa, ¿cuáles son los temas que más has abordado?

– Estuve en comunidades indígenas, como Juchitán y los Seris, también participé en diversas fiestas de México y visité lugares de peregrinación. Ahora, como viajo mucho, hago más cuadernos de viaje. Viajo mucho a Italia, África, India. Son lugares en donde hago exposiciones pero también me quedo para trabajar. Entonces, tengo toda una serie de fotografías de todo lo que me sorprende en cada viaje. Tengo, por así decirlo, de todo, pero se van acomodando, cosas abstractas, objetos, paisajes, gente. Tengo un libro, se llama No hay nadie, es en India, es sobre el símbolo de lo que puede ser la persona o la cultura. Últimamente he trabajado mucho en ello porque viajo mucho y no puedo quedarme. Acabo de estar en Japón, en una residencia, y tomé lo que fui encontrando, pero quiero regresar para completar el trabajo.

 

Hablando de tu trabajo, ¿por qué la investigación sobre los pájaros?

– (risas) Siempre me han gustado los pájaros. Hay un poema de San Juan de la Cruz, que es un místico que me encanta, que habla de las cinco cualidades del pájaro solitario: una, que vuela muy alto; dos, que no goza de compañía aunque sea de su propia naturaleza; tres, que pone el pico en el aire; cuatro, que canta suavemente y quinto, que no tiene determinado color. Tanto él como otros me han influenciado. Todos estos poetas místicos, que son un poco incomprensibles, pero a mí me llegan. Según yo, siempre me ha gustado el pájaro por la idea de la libertad… Siempre he perseguido a los pájaros porque no los encuentras en todas partes. Cuando traes la cámara y de repente veo pájaros en la carretera, los persigo. Es un animal muy significativo en mi vida.

 

El otro tema que puede verse en tu obra es la figura humana, el rostro en distintas facetas. ¿Qué buscas cuando buscas cuerpos, rostros?

– Cuando tomo al ser humano es cuando vivo en las comunidades. Busco que me conozcan como fotógrafa y que yo tenga el permiso implícito de ellos para fotografiar lo que veo. ¿Qué busco en ellos? Busco la sorpresa, la dignidad del hombre, aquello que me sorprende, sus fiestas, sus ceremonias, su vida cotidiana. En las comunidades en las que he estado hice libros, pero mi compromiso es estar con ellos, tener su permiso y tener esa complicidad para fotografiar lo que vivo.

 

¿Es fácil para una persona el actuar normal frente a una cámara?

– Si tienes complicidad con ellos sí. Si llegas un día a un pueblo con una cámara te van a ver como si quisieras algo, como si los agredieras. Trato siempre de ir con permiso, a vivir con ellos, estar con ellos. Claro, excepto en las fiestas, en donde puedes tomar lo que quieras porque hay permiso. Por supuesto, hay fiestas en las que no puedes, pero porque es sagrado.

 

Es convertirse en uno más…

­– Sí, son mis amigos. Muchas veces te hablan de “el otro”. Para mí no es eso, para mí es mi pueblo, es mi gente. Tanto en Juchitán como con los Seris pasó lo mismo, se volvieron mis amigos, viví en sus casas, ellos mismos me avisaban de lugares que podía fotografiar, vienen a México a visitarme. El concepto de “el otro” proviene de cuando venían los viajeros de Holanda y otras partes, durante la Colonia, que venían de Europa a visitar América. López Austin (antropólogo) me decía “¿cuál otro? No es el otro, todos somos los mismos”. Cuando estoy con ellos me siento en mi casa.

 

En relación con los marcos conceptuales, ¿cuáles son las corrientes fotográficas que más se exploran en Latinoamérica? ¿Qué lenguajes tienen más empuje?

– Hay de todo. Ahora existe desde el arte conceptual, que los jóvenes lo usan mucho. También la fotografía con objetos o como forma de expresión. Está el reportaje, que yo creo que todo lo es. En México tenemos una tradición fotográfica muy grande, muchos extranjeros llegaron a México y nos dejaron escuela, como Cartier Bresson o Hugo Brehme. En mi caso, mi maestro fue Manuel Álvarez Bravo, con quien aprendí a conocer mi país. Mi cámara fue el pretexto para conocer realmente mi país. También, a donde voy, mi cámara es el pretexto para conocer la cultura.

 

El proceso creativo. ¿Cómo se forma? ¿Las escenas se construyen o se revelan?

– Se revelan. Para mí, la sorpresa es muy importante en mi obra. Aunque yo viva en el pueblo, se trata de lo que veo, de lo que me sorprende. Cuando algo te causa sorpresa es la imaginación la que actúa, puede haber dos fotógrafos tomando la misma escena que al final las imágenes serán distintas. Reaccionas de acuerdo con tu cultura, con lo que has leído y eso es personal. Cuando leí Un mundo para Julius, de Bryce Echenique, me quedaron todas estas imágenes fantásticas. No es que las copie, pero quedaron fijas en mi mundo. Evidentemente, toda la literatura, la poesía, la música ayudan a que tu imaginación actúe cada vez que te sorprendes.

 

Sobre la gama cromática. ¿Por qué tomar el blanco y negro?

– Yo tomo blanco y negro porque comencé a hacerlo con Álvarez Bravo y me acostumbré a abstraer. Para mí, la realidad es en blanco y negro cuando salgo con mi cámara. Pero también he hecho fotografía a color, como el baño de Frida Khalo. Tu cerebro cambia la percepción entre una y otra. Es muy interesante cómo actúa tu cabeza de acuerdo con lo que tomas. Pero me gusta el blanco y negro, así veo e, incluso, así sueño.

 

La cámara que usas, ¿es análoga o digital?

– Análoga, siempre.

 

Lo digital es interesante. En esta época, donde lo digital está de moda y permite una gran apertura de los lenguajes fotográficos, pareciera que se sobreexpone al espectador a un corpus muy grande de imágenes…

– Exacto. Pero creo que toda la fotografía es válida, todos los aparatos son válidos, desde una cámara de cartón hasta un teléfono celular. Depende de quién está detrás de ese aparato, de lo que piensa, de lo que siente. Puede haber una foto con un teléfono celular que es maravillosa. Pero tienes razón, a veces yo veo tantas imágenes y pienso ¿para qué soy fotógrafa? ¿Qué hago? Pero es mi terapia, mi mundo. La idea es buscar lo propio. Es como la poesía, están dichas muchas cosas pero falta mucho por decir. La fotografía es muy democrática. Lo que vale es la memoria. Jean Cocteau decía que lo único que mata a la muerte es la fotografía…

 

Decías algo muy cierto, el aparato es válido pero depende de quién lo tome. ¿Qué diferencia a un verdadero fotógrafo?

– Hay fotógrafos como Cartier Bresson que nos han enseñado mucho. Yo he visto fotos maravillas que mis nietos han tomado con el teléfono. A veces es suerte, a veces es disciplina. Esa es la diferencia, la disciplina, pero todos tenemos la capacidad de tomar una buena foto, solo que a veces tenemos miedo.

 

Para el arte, ¿qué representa la fotografía?

– En un tiempo fue nada para el arte, era la fotografía que solo servía para medios o para información. No se le reconocía como arte. Después fue la niña pobre del arte, cuando ya empezó Cartier Bresson. En ese momento nadie compraba una foto. Ahora hay coleccionistas específicos y grandes artistas de la cámara. Para los artistas conceptuales ya es arte la fotografía y tienen todo el derecho. Todo depende de quién esté detrás de la cámara. Hay arte y no lo hay en la fotografía, pero ahora se le considera como tal.

 

Para cerrar, ¿qué tanto espacio encuentran temas más cotidianos, como la tradición o el arte popular, frente a temas de moda como fotografía de guerra y otros?

– Cada fotógrafo tiene su misión, ves las fotos de Cappa y dices qué maravilla, pero ves otras de Cartier Bresson y piensas que él entró más profundo. En todo hay diferencias, pero depende del ojo del fotógrafo, de su pasión y de la integridad de cada quien.

 

Las metáforas mexicanas

Por Ángeles García

En la historia de la fotografía mexicana, Manuel Álvarez Bravo es Dios y Graciela Iturbide el Espíritu Santo. El imaginario de su abundante obra está lleno de jardines llenos de cactus, de caminantes sin rumbo, de retratos de mujeres de una pieza. Es toda una mezcla de tradiciones ancestrales y lucha por la supervivencia cotidiana. Las denuncias no son violentas. Graciela Iturbide (México, 1946) ha optado toda su vida por las metáforas para despertar el sentido crítico del espectador.

 

Quiso ser escritora primero y cineasta después. Entró en la Escuela de Cine de México DF y filmó dos películas antes de sucumbir ante el gran mito de la fotografía latinoamericana, Álvarez Bravo. De él aprendió a dar a las cosas el tiempo que necesitan. “No hay prisa. No hay prisa”, era el lema que el maestro tenía en su laboratorio y que Graciela aprendió a aplicar en su trabajo y, sobre todo, en su vida. “En un momento en el que estaba mal visto, cámara en mano me adentré por todo México. Conocí y retraté sus bellezas arqueológicas, sus fiestas de la muerte, la determinación de las mujeres del desierto de Sonora y esos jardines botánicos cuya belleza es tan impresionante como su fragilidad”.

 

Graciela Iturbide sigue en plena actividad, retratando todo lo que sigue llamando su atención. Eso sí, siempre con cámara analógica y con revelado y edición al gusto de la autora. No entiende este trabajo de otra manera.

 

“La cámara fue siempre para mí un pretexto para conocer el mundo y las culturas. Me gusta encontrarme con cosas que me llenan de adrenalina y cuando llego al laboratorio vuelvo a experimentar la sorpresa de lo fotografiado”.

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