Sábado 23 DE Marzo DE 2019
El Acordeón

Sara, la rebelde

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez publicó recientemente Sara, su más reciente novela. Está basada en el relato bíblico de Abraham y su esposa, pero con la característica fundamental de estar contado a partir de la visión que ella tiene sobre los hechos que la rodean. La edición es de Alfaguara y ya está disponible en el país.

Fecha de publicación: 26-07-15
Por: Por Jaime Moreno
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La Biblia es un conglomerado de narraciones delirantes. Algunas son fantásticas e inverosímiles; otras, crudas al punto de mostrar la crueldad y la desolación de la condición humana en su rostro más honesto. Es también un libro fundamental para religiosos y no tanto. Para la literatura, una ficción maravillosa con posibilidades inagotables de exploración.

 

Sergio Ramírez se ha sumado a la iniciativa. En Sara, su nueva novela, el nicaragüense aborda la historia de Sara y Abraham, relato bíblico del Antiguo Testamento que adquiere dimensiones fundacionales para diversas tradiciones religiosas. En el texto, publicado bajo el sello de Alfaguara, Ramírez aborda la historia desde la perspectiva de Sara. La dota de personalidad, de carácter, de dudas y desacuerdos. Por medio de un giro narrativo, propio de la literatura, el lector asiste a una historia vista a través de los ojos de una mujer irreverente, poderosa y que juega un papel activo en su entorno. En esta entrevista, Sergio habla acerca de su Sara y algunas otras cosas.

 

¿Por qué Sara y no otro personaje bíblico?

– Porque es un persona singular, una mujer marginal en la sociedad patriarcal primitiva, pero que se encarna en la mujer de hoy día, y que se comporta de manera rebelde en defensa de su libertad.

 

¿Cuál ha sido el proceso de investigación para abordar este tema?

– Primero, releer muchas veces el texto del Génesis donde las figuras de Sara y Abraham aparecen, hasta meterme dentro de la piel de Sara, y luego explorar otros textos, el Corán, el Talmud, los padres de la Iglesia, libros sobre antropología, sobre la historia de Dios, sobre etnología, las costumbres y maneras de vida de la época.

 

Rebelde, incrédula, celosa, ¿cómo definir exactamente a Sara?

– Una mujer que quiere ser mujer. Llena de sentido del humor, con el que se defiende de la adversidad; incrédula, y escéptica. Curiosa, inteligente. Y celosa claro, pero también generosa, y sentimental, como para inducir a su esclava a que se meta en la cama de Abraham, y así este pueda tener el descendiente que tanto ansía, ya que ella es estéril. Pero luego, celosa, es capaz de echar de la casa a la esclava embarazada.

 

Muchas veces se podría pensar que Sara es sumisa. Acepta que el esposo la lleve a la cama del Faraón. ¿Acepta por temor, por convicción, por rebeldía contra Abraham o contra el Mago?

– Acepta lo que no tiene el poder de evitar. Pero usa la astucia cuando calcula que puede llegar a hacer su voluntad. Su alma, como la de cualquier otra mujer, es contradictoria, y sus sentimientos son opuestos. Sabe que lucha en un terreno desigual, y busca sacar todo el provecho posible a esa desigualdad.

 

Sutil la forma de transformar al Ser Supremo bíblico en el Mago de la novela. ¿Hay cierto regocijo en Sara al tratar de manera irreverente al Mago?

– Ella lo bautiza como el Mago porque la divinidad no tiene ningún nombre, ni tiene figura ni rostro, pero es capaz de hacer cosas extraordinarias. Su única referencia son los magos de las plazas de Ur, donde ella ha vivido de niña. Y lo trata con familiaridad, y hasta irreverencia, pero ni siquiera sabe que él la está oyendo, porque nunca le ha hablado. El Mago no habla a las mujeres.

 

¿Es feminista Sara? ¿Considera a su marido “un flojo” frente al Mago, se burla de la sumisión y la obediencia sin límites de Abraham frente a las órdenes del Mago?

– No puede ser feminista, esa militancia no existe entonces. Es una mujer inconforme, no está a gusto con el papel que le han asignado, no se resigna a vivir detrás de la cortina, a callar. No se resigna a que se le prohíba reírse. Y tampoco a que el marido acepte todo lo que el Mago le ordena, por absurdo que sea.

 

Algo que resulta muy interesante en la novela es el narrador. Es omnisciente, pero no solo en la clásica tercera persona, sino constantemente mantiene al lector muy consciente de que alguien está contando la historia. Alguien que comenta, que incluso duda de la veracidad de los datos de la historia. ¿A qué obedece la utilización de esta técnica?

– El narrador se sitúa en un punto intermedio entre el autor de la novela, y Sara. Pero yo diría que está más cerca del oído de Sara. Y como ella, se siente en libertad de contar la historia a su manera. Lo sabe todo, claro, sabe acerca del futuro, porque es contemporáneo a nosotros, y puede cuestionar también la congruencia de la historia bíblica, y narra de manera humorística, precisamente porque se siente libre, al no comprometerse con ningún punto de vista.

 

 

¿Es Sara una novela posmoderna? ¿Corresponde a este canon dado su carácter irreverente, desmitificador, su ironía y su tono humorístico? Hay allí un Mago a quien no le importa si en el sacrificio le ofrendan un becerro o una liebre, ya no digamos las “opiniones autorizadas” de Tertuliano y Cipriano de Cartago.

– No me había puesto a pensar en eso de la postmodernidad. Pero es una escritura con la que me he divertido, viendo a mi narrador comportarse con tanta libertad, y viendo a Sara, también muy libertaria, cuestionarlo todo. Y el Mago, al final, aunque parece indefenso frente a tanto cuestionamiento, pues se sale con la suya. Me parece que el diálogo final entre él y Sara, cuando al fin le habla a ella, es el triunfo de ambos.

 

¿Es la novela una exaltación de la mujer, de la madre? Es Sara quien rescata a su hijo Isaac, desafiando a su esposo y al propio Mago.

– Es una mujer con todo el sentido común del mundo. ¿Qué mujer se quedaría conforme si quisieran sacrificar a su hijo? El novelista judío David Grossman dice que Dios fue inteligente al pedirle a Abraham que le sacrificara a su hijo, pues Sara nunca hubiera consentido. Por eso en la novela ella usa su astucia para evitar que Abraham degüelle a Isaac.

 

¿Cómo se inscribe Sara en el contexto de tu narrativa? ¿En qué medida se acerca o se aparta de sus otras novelas?

– Es algo muy diferente, el regreso a una historia tradicional, para construir otra, leyendo el texto antiguo entre líneas, y asomándose entre esas líneas para intuir, o imaginar, qué es lo que ocurrió de verdad, porque el texto bíblico es muy escueto. Es como una investigación policiaca, basándome en las evidencias, en lo que está dicho, para partir hacia lo que no está dicho.

 

¿Es Sergio Ramírez un “hacedor de trucos”, como el Mago? Al fin y al cabo, “fingir como realidad lo que no es cierto es mentir”. Lo afirma Sara. Esto, hablando de Mentiras Verdaderas, según tu propio ensayo.

– Estoy ahora terminando un curso sobre narrativa en el ciclo “El autor y su obra” de la Universidad Menéndez y Pelayo en Santander, y he titulado a mis charlas Confesiones de un fabricante de mentiras. Y las mentiras se fabrican con trucos creíbles, como los magos. Tiene que tratarse de mentiras que inspiren confianza al lector. El escritor tiene que ser como un mago, con la chistera llena de conejos.

 

Hablando de otros temas, ¿qué tanto ha cambiado tu rutina desde el premio Carlos Fuentes?

– Primero, que estoy viajando demasiado, lo que me quita tiempo para escribir, y quiero corregir esa anomalía el año que viene, quedarme más en mi casa, algo que suena fácil de decir, pero no lo es. Ya veré de qué trucos me valgo para decir no a tantas invitaciones.

 

 

¿Cómo ha sido la experiencia al frente de la revista web Carátula?

– Muy gratificante, son diez años al frente de una revista electrónica que tiene una circulación virtual de 25 mil ejemplares, que es el número de lectores individuales, no repetidos, a la que llega. Esto es un milagro en Centroamérica. Y poder comunicar a los escritores centroamericanos entre ellos, y darles una voz hacia afuera, es otra gratificación.

 

¿Hace el medio digital más democrática a la literatura? También podría pensarse que hoy hay tanto qué leer en digital que el lector termina perdiéndose.

– Con Carátula hemos demostrado que no. No es un mensaje enviado en una botella. Es un mensaje que llega a muchas puertas, y tenemos también las estadísticas de lectura, sabemos qué secciones se leen más, y todo eso que es posible ahora con las estadísticas virtuales.

 

Latinoamérica es un hervidero de protestas, ¿a dónde va la región?

– Estamos mejor que antes, si queremos verlo desde otro punto de vista. Sin dictaduras militares opresivas, sin guerras civiles destructivas y que nos costaron miles de vida. Las protestas cívicas en las calle y plazas en Guatemala, que convocan a miles, no hubieran sido posibles hace apenas algunas décadas. Tampoco las de Honduras. Y la gente protesta contra la corrupción, eso es un hermoso signo, que los ciudadanos se indignen por la corrupción, que no se queden callados, ni sumisos frente a los abusos. Eso me da muchas esperanzas acerca de nuestro futuro.

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