Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
El Acordeón

La palabra: herramienta y mecanismo

Máquina del Tiempo

Fecha de publicación: 12-07-15
Por: Arturo Monte- rroso
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Romper con la inocencia. Sin duda esta es una de las funciones más importantes de la palabra: romper con el analfabetismo, con la ignorancia, con la ingenuidad. Porque la palabra es la herramienta que abre la posibilidad de la duda; el mecanismo que echa a andar el engranaje del conocimiento; el vínculo con la realidad en un mundo abrumado por ficciones de toda índole. Y es cierto, la palabra sirve para la verdad y para el engaño; para descubrir y para ocultar; para el odio, la crueldad y el desamor, pero también para la pasión, el abrazo y la ternura. Para la justicia y la injusticia; para el elogio y la injuria. Para acercarse y para despedirse; para comprender, para afirmar, para negar. Para obedecer, para inclinar la cabeza, para aceptar la sumisión. Pero también para pensar, para decir, para gritar, para rebelarnos. Y para escribir, para crear nuevos significados, para inventarnos un destino diferente. Lo que nos dice puede ser inquietante, aburrido, irónico, sabio, inútil, profundo, carente de peso; apenas un movimiento de labios que despierta la curiosidad o el descubrimiento, la reafirmación; aunque la mayor parte de las veces, no sea más que la agitación de un aire vacuo; la ilusión de algo que no está.

 

En la solapa de un libro del escritor Chris Hedges (excorresponsal de The New York Times en Centro América, Medio Oriente, África y los Balcanes, además de premio Pulitzer) leo lo siguiente: “Una cultura que no puede distinguir entre la realidad y el delirio está condenada a la muerte. Y de hecho nos estamos muriendo. Si no despertamos de nuestro estado de infantilismo (que considera la trivialidad y el chisme como información y cuyo objetivo es una felicidad elusiva e inalcanzable, en lugar de la justicia) y confrontamos nuestras severas limitaciones, continuaremos refugiándonos en la fantasía. Quienes se aferran a una ilusión en tiempos de desesperanza y desconcierto, inevitablemente buscan a los demagogos y a los charlatanes para que los entretengan y les den tranquilidad. Y los demagogos, como lo han hecho a lo largo de la historia, conducen a la muchedumbre, ciega y complacida, hacia el despotismo”. El libro se llama Empire of Illusion. The End of Literacy and the Triumph of Spectacle (New York: Nation Books, 2009) y es un recuento de lo que ha llevado a la sociedad estadounidense a vivir en un estado de delirio. Sin embargo, nada de eso nos es ajeno porque somos una sociedad espejo, que refleja esa vida arraigada en la idea equívoca y delirante de que podemos alcanzarlo todo, de que la felicidad puede fabricarse como un producto de consumo, de que no hay deseo que no podamos satisfacer. Basta ver los tiempos que vivimos: la voracidad, la connivencia, la falta de un mínimo sentido de la honradez y la justicia.

 

Cuando la palabra contribuye a romper con ese infantilismo de la sociedad, con esa ilusión de una existencia feliz, lejana y ajena, si no imposible, cumple una función fundamental. La palabra escrita, en general, y el libro, en particular, contribuyen de manera determinante a romper con ese imperio de la ilusión al que se refiere Hedges. Y permite recuperar la capacidad de comprender lo que leemos, salvando el impedimento del analfabetismo funcional para superar el iletrismo tan arraigado entre nosotros. Por todo lo dicho, la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua), que se celebrará del 16 al 26 de julio de 2015, tiene una importancia indiscutible. Organizada por la Gremial de Editores, es una actividad cultural dedicada al intercambio literario e intelectual, así como a la promoción del libro y la lectura. Más allá de sus limitaciones, comprensibles en un país que no invierte en la cultura sino de manera marginal, la feria es una oportunidad para escuchar una palabra inteligente, para descubrir un libro, para aprender a pensar.

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