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El Acordeón

Robespierre republicano, Trump jacobino


A lo mejor, deberíamos ser lo bastante atentos como para no perder de vista que en el centro del concierto y el método habita el desconcierto y la anarquía, que en el centro del balance y el equilibrio habita la deformidad y la desproporción, que en el centro de la cordura habita la locura o en el centro de la sobriedad habita la ebriedad.

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Si los principios que han sido la piedra fundamental de la civilización moderna mantienen alguna vigencia, si los cantos que han rodado hasta nosotros desde la lejana ilustración aún no desafinan del todo, si la razón, la igualdad y la libertad todavía pueden vislumbrarse entre todo el polvo que ha producido el paso del tiempo; todo eso habrá de ser porque en algunos lugares se ha tomado el cuidado por mantener esa piedra sólida, a salvo de la erosión capaz de diluirla hasta convertirla en nada.

Ya se sabe que no se puede transitar por el mundo sin tropezarse con la crisis, por eso mismo, la fuerza de una tradición o la energía de un impulso se ponen a prueba, precisamente, por su capacidad para enfrentar estos obstáculos, por su capacidad de superarlos.

Uno de los momentos más críticos de la tradición ilustrada aparece justamente, dentro, en el mismo núcleo de esa piedra fundamental, que ha sido la Revolución Francesa, …y esta crisis es el llamado Reinado del Terror, que se extendió por un periodo de poco más de un año, desde la primavera de 1793 hasta el verano del año siguiente, en el que, según se dice, diez mil personas fueron pasadas por la cuchilla de la guillotina, aunque se sabe también que esa cifra puede fácilmente duplicarse, y no es casual que no haya datos ni certezas ni registros.

Terror manipulado por los jacobinos capitaneados por un personaje rabioso y feroz: Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, abogado, escritor, orador y político francés.

El terror se montó como una persecución velada contra los girondinos, una facción revolucionaria y democrática más moderada; la matanza se extendió plenamente a todos los que impidieran o simplemente estorbaran la revolución, aunque terminaron volando cabezas como la de Danton quien, desde los comienzos, fue de los más fieros defensores de la revolución, o la del mismísimo Barón de Lavoisier científico brillante y artífice de la ciencia química moderna.

¿Puede llegar algo como el terror a buen puerto…? Francamente, esta no parece una pregunta razonable; sin embargo, el hecho es que por aquellos días sí se lo vio así, y por eso se formó el llamado Comité de Salvación Pública, una máquina de matar de varias cabezas dirigidas por la cabeza del tremendo Robespierre, quien diría: “el terror no es más que la justicia rápida, severa e inflexible”.

¿Puede el terror llegar a servir a algo como la razón…? Claramente, esta parece la pregunta más lejana posible de cualquier propósito lógico; sin embargo, las cosas se dieron así, de manera que, si hay una figura en la que se reúne el rasgo de la locura, entre tanta razón, esa es la figura de Robespierre y su comité.

Robespierre el incorruptible, alguien que en sus inicios criticaba la pena de muerte, y luego llegó a usarla como instrumento y, sobre todo, como el más visible estandarte para infundir lo dicho: el terror.

Incluso hoy, casi doscientos treinta años después, el reino del terror sigue provocando muchas controversias, muchas contrariedades entre los historiadores propios y ajenos, franceses y extranjeros, porque hay quienes dicen que lo único que quiso y persiguió Robespierre fue asegurar el triunfo sobre el Ancien Régime (Antiguo Régimen); y también hay quienes lo tratan de hipócrita, despreciable e impío asesino.

Al final, ¿qué triunfó…una revolución que terminó por aburguesarse…? O bien ¿…la voluntad de un hombre a quien quemó el fuego de su propia pasión…?

Habría que recordar que Robespierre murió como víctima de la guillotina, de la máquina de muerte que él mismo justificó y puso en marcha.

¿Puede que, al elegir a Donald Trump, los Estados Unidos de América se hayan descarrilado…? Honestamente, visto lo visto, dados los resultados, a estas alturas del partido, esta parece una pregunta con cierto sentido, porque ¿cómo un personaje revoltoso logró llegar al núcleo del orden político de un país que, desde sus inicios, ha parecido ser un ejemplo de cordura democrática…? 

Presidente Trump, detestado y reverenciado por igual, a veces, como si su atrevimiento fuese capaz de anular su estupidez, pero a veces también al revés, como si su estupidez fuese capaz de anular su atrevimiento.

A lo mejor, deberíamos ser lo bastante atentos como para no perder de vista que en el centro del concierto y el método habita el desconcierto y la anarquía, que en el centro del balance y el equilibrio habita la deformidad y la desproporción, que en el centro de la cordura habita la locura o en el centro de la sobriedad habita la ebriedad.

Así como Robespierre fue posible dentro de los postulados de libertad, igualdad y fraternidad, o bien, como Nietzsche fue capaz de encontrar el altar de Dionisos en el propio templo de Apolo.

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