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El Acordeón

Poemas de Louise Glück


El reciente Premio Nobel de Literatura a Louise Glück (Nueva York, 1943) es una doble alegría porque es un premio a la poesía y a una de las poetas más destacadas de Estados Unidos. Resulta difícil inscribirla en una corriente literaria, porque su estética es el resultado de la decantación de muchas influencias y lecturas, pero pertenece a la tradición de la poesía estadounidense que va de Emily Dickinson hasta Elizabeth Bishop, aunque también es heredera de Wallace Stevens, William Carlos Williams y W.H.Auden.

foto-articulo-El Acordeón

EL UMBRAL
Yo quería quedarme como estaba,
quieta, a diferencia del mundo,
no en medio del verano sino en la fase previa
al brote de la primera flor, el momento
en que nada es pasado aún –

no en medio del verano, intoxicante,
sino a fines de la primavera, cuando el césped no es alto todavía
al borde del jardín, cuando los tulipanes precoces
empiezan a brotar –

como un niño que ronda un umbral, observando a los demás,
los que entran primero,
tensa fusión de brazos, atento a los
fracasos ajenos, las vacilaciones ajenas

con la brutal confianza infantil de un inminente poder
preparándose para vencer
esas flaquezas, para sucumbir
a la nada, el tiempo directamente

previo a la floración, la época de la maestría

antes de la aparición del don,
antes de la posesión.
Versión de María Negroni

AMANTE DE LAS FLORES
En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de
ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…
Traducción de Abraham Gragera López

PUERTO DEPORTIVO
Mi corazón era un muro de piedra
que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño
a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;
tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.
Lo eras todo para mí,
no sólo belleza y dinero.
Cuando hacíamos el amor
el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano
las piedras
se estremecían alrededor del jardín amurallado:

no hay nada allí ahora
excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,
el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar
donde llegué a ver la maldad en mi carácter
y me dejaste ahí.

El gato abandonado
gimotea en el dormitorio vacío.
Traducción de Berta García Faet

EL JARDÍN
El jardín te admira.
Por ti se embadurna de pigmento verde,
del extático rojo de las rosas
para que puedas venir con tus amantes.

Y los sauces:
mira cómo ha formado estas verdes
tiendas de silencio. Con todo
hay algo más que necesitas, tu cuerpo
tan suave, tan vivo entre animales de piedra.
Admite que es terrible estar como ellos
más allá del daño.
Traducción de José Manuel Arango

CEREMONIA
Me dejaron de gustar las alcachofas cuando dejé de comer
mantequilla. El hinojo
nunca me gustó.

Una cosa que siempre he odiado
de ti: odio que te niegues
a invitar gente a casa. Flaubert
tenía más amigos y Flaubert
era un ermitaño.

Flaubert estaba loco: vivía
con su madre.

Vivir contigo es como vivir
en un internado:
pollo los lunes, pescado los martes.

Tengo muy buenos amigos.
Tengo amigos
ermitaños.

¿Por qué lo llamas rigidez?
¿No puedes llamarlo gusto
por la ceremonia? ¿O es que tu hambre de belleza
se satisface completamente con tu propia persona?

Otra cosa: dime otra persona
que no tenga muebles.
Comemos pescado los martes
porque los martes son frescos. Si supiera conducir
comeríamos pescado también otros días.

Si estás tan desesperado por encontrar
precedentes, prueba con
Stevens. Stevens
nunca viajaba; eso no significa
que no conociera el placer.

El placer, puede, pero no
la alegría. Cuando prepares alcachofas,
hazlas para ti.
Traducción de Berta García Faet

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