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Editorial de hoy

¿Cuánto tiene que pagar?

opinion

“(Tomado de la Hemeroteca Nacional de Guatemala, dirigida por la honorable y bien querida María Eugenia Gordillo).”

Como si fuese cuento corto esto aparece en los periódicos de antaño a finales de 1918 (parafraseo): Una epidemia de influenza arribó a tierra guatemalteca. La enfermedad, que llevaba meses causando estragos junto con la guerra mundial, entró por la vía férrea del Motagua a territorio nacional y en su recorrido de locomotora fue comiéndose las vidas de caseríos completos. Según primeras noticias, en el Progreso afectó a todos los miembros de la guarnición militar, y en una sola noche hubo que relevar a cuatro centinelas suplicando médico y medicinas ya que sólo contaban con un parchero que no aplicaba otra cosa que cogollos de naranja y aguardiente de pasto a los que estaban a punto de morir. Suspendieron el servicio de correo, las ferias de paso y también los besos. La influenza para entonces había invadido oficinas públicas, iglesias, centros de enseñanza y beneficencia, oficinas particulares y talleres, así como los cuerpos de banda y del ejército por lo que las fiestas patrias se vieron también interrumpidas: las candidatas a Señorita Independencia se quedaron plantadas con tafetanes, vuelos y canelones, sin corona ni gloria, ni fotografía para la posteridad.

Una familia de diez miembros murió completa y sin dejar testamento; 217 reclusos de la Penitenciaría Central también fueron visitados por la muerte. Por falta de cura no hubo misa por domingos y se obligó el cierre de colegios, teatros y circos, seguramente con todo y sus monos amazónicos, elefantes asiáticos, alguna serpiente hindú y un avestruz. También se ordenó la destrucción de temascales indígenas (cosa que no ocurrió porque un siglo después, aún aparecen victoriosos dibujando las montañas del altiplano azul). Según una nota departamental (por telégrafo), “Fallecieron de influenza Toribio Rosal, Pedro Henry, Rosenda Salazar de Diaz y muchísimos indígenas. Están enfermos Rafael Yela y el doctor Mausileo Domínguez…” “Los indígenas mueren por centenares y eso afecta la productividad nacional” (cita textual). Informaron 43,731 muertes en pocos meses, aunque según estudiosos, pudieron haber llegado a más de 150,000, en su gran mayoría, indígenas.

Pues, a un siglo de distancia, el impacto de esta nueva pandemia no es tan diferente… No aprendimos la lección y hoy siguen siendo los mismos quienes quedan más al desnudo. Una pandemia que queda “más lejos” en los territorios golpeados sistemáticamente por la historia. Escasean las pruebas y los tratamientos igualitarios. No se sabe a ciencia cierta lo que está pasando en muchos municipios que se protegen como pueden. Porque, como siempre, a mayor ruralidad, mayor indolencia estatal. Abandono. Silencio. Los datos son tan frágiles como las vidas…, unos dicen, ¿5 mil muertes? Otros, ¿tres mil? ¿Cuánto tiene que pagar un muerto para aparecer en las cifras?

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