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Editorial de hoy

Siembran vientos y cosecharán tempestades

opinion

Jose Rubén Zamora

El Presidente instrumentalizado por Leyla Lemus, voraz e insaciable, desde hace meses decidió quitar del camino, por incómodos, irritantes y porque representan una verdadera piedra en el zapato, para cristalizar eficazmente negocios, al vicepresidente Guillermo Castillo, al presidente del IGSS Carlos Contreras, al controversial PDH, Jordán Rodas, y a cuatro fastidiosos magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC). Hoy, son tres los fastidiosos magistrados, pues lamentablemente el coronavirus se llevó sorpresivamente al honorable magistrado, el connotado jurista Bonerge Mejía.

Los esfuerzos estratégicos en cada uno de estos casos van evolucionando en paralelo. En los últimos ocho días se han sumado hostigamiento y presiones contra la Fiscalía contra la Impunidad (FECI) y contra la Contraloría General de Cuentas.

El país está para cualquier cosa, aunque el Ejecutivo tiene todo a su favor: el apoyo incondicional del Pacto de Corruptos, enraizado hasta el más profundo subsuelo del Congreso, de la Corte Suprema de Justicia, la cleptoburocracia militar-estatal, las mafias y carteles del narcotráfico, los impresentables sindicatos del Estado encabezados por Joviel Acevedo y algunas organizaciones clave del sector privado.

Es una alianza implícita e inconsciente, no deliberada ni coordinada, pero formidable, poderosa e invencible que, de entrada, con su gigantesca y abrumadora maquinaria de propaganda ha logrado polarizar, fanatizar y radicalizar a la sociedad y, de paso, ha perfeccionado el laberinto perfecto que conocemos como Guatemala. Perfecto, porque no tiene salida. Su receta para el presente y el futuro del país es el inmovilismo. Que nada cambie, ni tengan lugar  transformaciones de ninguna naturaleza.

En 2030, en lugar de experimentar un prodigioso bono demográfico, sufriremos una crisis humanitaria de grandes dimensiones: una genuina bomba demográfica, en un contexto de conflictividad exacerbada y niveles de crimen y violencia nunca vistos.

La única opción, aunque parece poco viable, para tener un destino de prosperidad, progreso, decencia, dignidad y fortuna, es que nuestras elites del sector privado, abracen y profundicen sus convicciones y sus auténticas afinidades políticas, morales e intelectuales, sin vacilaciones ni temores, con la democracia, la libertad, el mercado, la competencia, el respeto al Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos, la transparencia, la tolerancia, la rendición de cuentas, la igualdad de oportunidades y la difusión y popularización inteligente y agresiva del capitalismo, y, sobre todo con la disposición de combatir sin cuartel para erradicar la corrupción y la impunidad.

Obviamente, esto va de la mano, con que rompan con el autoritarismo, el verticalismo, el fascismo, la cultura del discurso único, el inmovilismo, el corporativismo político, el mercantilismo, la intolerancia, el dogmatismo y la intransigencia.

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