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Editorial de hoy

Pasado y presente en el poder hegemónico

opinion

Lecciones no aprendidas.

En Universidad de Massachussets, Boston (2008) presenté una ponencia en la Conferencia “Hacen justicia a la justicia las Comisiones de la verdad y la reconciliación”. Lo expresado tuvo como referencias textos posteriormente incluidos en la La historia Negada (2010).

Inicie recordando un pasaje que describe violenta guerra contra los indios americanos, que incluyó arrasar sus territorios y, cómo los políticos estadounidenses tomaron prestado el término tierra arrasada facilitado por “académicos norteamericanos, para referirse al enfrentamiento armado guatemalteco. Cualquiera que haya leído la historia americana recuerda el ataque conducido por el coronel William Harney contra la aldea india de Brulée (03/septiembre/1855), fecha en que un contingente de 1,300 soldados arrasó la aldea en mención o la acción similar contra los habitantes de Sand Creek (29/noviembre/1864), llamada la “Masacre de Sand Creek”, en la que fuerzas irregulares (milicia civil), bajo el mando del coronel J. M. Chivington, arrasó un campamento Cheyenne que en ningún momento demostró actitud hostil alguna.”

Al finalizar las exposiciones hubo entrevistas con los asistentes. Una estudiante me comentó que desconocía esa parte de la historia norteamericana. Es normal, respondí. Porque lo más cercano en la memoria de los jóvenes son las bombas atómicas de Hiroshima Nagasaki y Nagasaki (6 de agosto de 1945 – 9 de agosto de 1945), posteriores a la movilización de ciudadanos japoneses a campos de concentración por el gobierno norteamericano, acción imitada por México y Perú, como lo describe Peddie Francis (2006): “La colonia japonesa de México (1941-1945) fue sometida a algunas medidas restrictivas que afectaron gravemente la libertad de movimiento, el bienestar económico y la concentración demográfica de esta gente”. En otra parte explica, que EE. UU, Canadá y Perú tomaron “… acciones más extremas, que incluyeron el traslado en masa de los japoneses a campos de concentración, la confiscación de hogares y bienes, hasta la deportación a Japón”.

Para algunos las acciones contra los japoneses se justificaron por el ataque a Pearl Harbor, pero no en el caso del ciudadano afroamericano George Floyd, que para algunos está siendo aprovechado por los demócratas de cara a las próximas elecciones. Al respecto comentó el exembajador Stephen G. McFarland “La discriminación, sea racial, de género, religiosa, o de clase social, es un cáncer para la democracia” (elPeriódico).

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