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Editorial de hoy

Sobre salarios y remolachas

opinion

“Para los trabajadores que están alimentados insuficientemente y cuyas condiciones de vida son degradantes y que temen la desocupación, un aumento dado de sus patrones de vida puede tener como resultado un mejoramiento notable de su eficiencia”. Maurice Dobb, Salarios.

 

Caminando alguna vez por una calle de San Salvador me topé con una joya, como lo dice en el prefacio de la obra el experto John M. Letiche, un economista de la Universidad de Chicago, con respecto al libro del premio Nobel Robert Solow: “El mercado de trabajo como institución social”.

El libro debiera ser lectura sugerida, como un ejercicio de búsqueda de consenso por parte del Ministro actual Gabriel Aguilera, para el trabajo de todos aquellos que a partir del 15 de septiembre discutirán durante un mes la situación del salario mínimo en el medio.

Letiche afirma que la teoría económica tradicional, basada en un conjunto de clasificaciones establecidas, ha interpretado de manera errónea el funcionamiento del mercado de trabajo y como consecuencia de ello no ha podido explicar correctamente la inflexibilidad relativa de los salarios y la persistencia de tasas elevadas de desempleo, o bien de subempleo diríamos nosotros.

Y es que los economistas y los empresarios que proponen tasas salariales, gracias a su influencia en la arena política, tienden a ignorar las restricciones derivadas de las normas sociales, especialmente las vinculadas con la justicia, y que otros autores más audaces por eso han afirmado que es en los salarios mínimos en donde se comienza a establecer el nivel histórico y moral de la fuerza de trabajo. Y eso sencillamente está fuera de las frías demostraciones de economistas sabihondos y sus adláteres.

Las demostraciones de Solow bien nos hacen abrir los ojos y reflexionar que las ideas tradicionales con respecto a los salarios deben cambiar, dado que el mercado de trabajo no se comporta como el de las remolachas, en virtud de que el ser humano tiene aspiraciones, busca la estabilidad y la contratación le otorga otra fisonomía que incluso es parte hoy en día de las grandes disputas teóricas en las universidades de prestigio.

Por otro lado, debemos recordar que en las escuelas de negocios, en donde se enseña la gerencia moderna y el tema del talento humano, se riñe con esquemas de enseñanza y pensamiento en donde la gente es un simple eslabón de la empresa, sin aspiraciones ni sentimientos. Simplemente, lo que aprenden los estudiantes de copetín, en las escuelas de negocios más onerosas del planeta debe guardar una relación con respecto a un mundo más humano y justo, tema este que por cierto no ha sido ganado en base al convencimiento de pizarrón, sino a pura lucha social.

Dice don Robert Solow: “sostengo que el mercado de trabajo es realmente diferente. No puede entenderse sin tener en cuenta que los participantes, en ambos lados, tienen ideas muy claras de lo que es justo e injusto. Para tratar de convencerlos, apelaré a todos los trucos retóricos”. Y es que una vez uno admita que los salarios y el empleo están profundamente ligados a la condición social y a la autoestima está uno abandonando el tratamiento que se le da al mercado de trabajo en los libros de texto, afirma claramente el premio Nobel, quien además es el formulador de la teoría clásica del crecimiento económico y muchas cosas más. Concluimos así, entonces, que el mercado de trabajo no es un bien exactamente igual a la mayoría de los demás bienes, razón por la cual otros autores de mayor profundidad hablan de lo ficticio de tratar como mercancías precisamente al trabajo, a los recursos naturales y al dinero, temas estos que merecen mucho más espacio de explicación que una simple columna de prensa.

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