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Editorial de hoy

Sandra Torres y el retorcimiento de las leyes

opinion

La violencia contra la mujer es una epidemia, por eso, las leyes que buscan acabarla no deben utilizarse como estrategia política.

 

Retorcer las leyes para beneficiarse de ellas y asegurarse privilegios es una de las prácticas comunes de las elites y los políticos guatemaltecos. La práctica es descarada por el irrespeto a la ley y porque muchas veces éstas deberían ser utilizadas para proteger a la población vulnerable y no usarse para el beneficio de unos pocos o para buscar impunidad. Este es el caso de Sandra Torres, candidata presidenciable, quien está utilizando la Ley contra el Femicidio para protegerse de una investigación que la vincula con delitos de financiamiento electoral ilícito. Con estas acciones, Torres se une a las filas de mujeres corruptas e incompetentes de la política nacional, como la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, la canciller Sandra Jovel y la diputada Patricia Sandoval, quienes han utilizado esta ley para callar y atacar a sus críticos.

La Ley contra el Femicidio y otras Formas de Violencia Contra la Mujer fue aprobada en 2008, para erradicar la violencia física, sexual, psicológica y económica contra las mujeres. Un año antes de su aprobación, en 2007, un total de 590 mujeres fueron asesinadas. Diez años después, según datos del INE, en 2017, se recibieron 47 mil 186 denuncias que cabían bajo los parámetros de la ley. La mayoría de denuncias fueron por violencia psicológica, seguida de la violencia física y combinaciones de femicidio entre violencia económica y sexual. Para ese mismo año se recibieron 6 mil 857 denuncias de violación. A pesar de la ley y las denuncias, el rango de impunidad en estos delitos es alto. El INE también determinó que de las denuncias recibidas, solo el 18 por ciento de los hombres responsables habían sido sindicados. De enero a octubre de 2018, el INACIF contabilizó 628 necropsias a mujeres, cuyo deceso estaba asociado a hechos violentos. Asimismo, el instituto realizó 6 mil 257 evaluaciones por delitos de violencia sexual en mujeres, siendo el 44 por ciento niñas menores de 14 años.

Ser mujer o niña en Guatemala, frente a los altos índices de las múltiples violencias cometidas sobre sus cuerpos, integridad y vida, es un acto de resistencia similar a un milagro. En una sociedad patriarcal y conservadora como la guatemalteca, el cuerpo y la vida de las mujeres es controlado, violentado y desechado cada día. Por lo tanto, que mujeres en la política, como Torres, que usan la Ley de Femicidio para salvaguardarse de investigaciones y que, además, existan juezas que contribuyan a respaldar estas tácticas perversas y maliciosas, es una ofensa y una violación más a la vida de los miles de mujeres en Guatemala, quienes todos los días luchan por sobrevivir. La violencia contra la mujer es una epidemia, por eso, las leyes que buscan acabarla no deben utilizarse como estrategia política.

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