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Editorial de hoy

La geografía es destino

opinion

No se puede entender la historia de Cuba, si no se entiende el interés geopolítico de los EE. UU.

El padre del psicoanálisis solía decir que “la infancia es destino”, porque el hombre adulto es hijo del niño que alguna vez fue. Probablemente también se pueda sostener que la geografía marca indeleblemente el destino de todos los países. Es decir: la geografía es destino.

El geógrafo sueco Rudolf Kjellen acuñó, en 1899, el término geopolítica, para designar una nueva disciplina que evidenciaba la íntima relación entre la geografía y las políticas de los Estados establecidos sobre determinados territorios.

De hecho, se observa que los Estados y sus políticas fundamentales se mantienen sin grandes cambios durante largos –a veces larguísimos– periodos. Pueden cambiar los regímenes políticos y de gobierno, los partidos y las coaliciones gobernantes, los amigos y los enemigos y, sin embargo, las grandes directrices de Estado se conservan.

Los modelos desarrollados por la geopolítica permiten enfocar, observar, explicar –y quizás hasta predecir– las acciones y reacciones de fondo de los Estados. Para cualquier estadista verdadero es esencial estudiar detalladamente los determinantes geográficos de su propio país, y también los de sus competidores y colaboradores. En este sentido, la geografía es destino.

El almirante estadounidense Alfred T. Mahan afirmaba: “Quien domine el mar domina el comercio mundial; quien domine el comercio mundial domina el mundo”. A partir de la segunda mitad del siglo XVII, Inglaterra fue el ejemplo más evidente de la tesis de Mahan. Otro estudioso, el británico Halford J. Mackinder, enfatizó la importancia geopolítica de la región que él llamó “el corazón del mundo”: la extensa región fronteriza entre Europa y Asia.

En la Alemania nazi, los geógrafos Friedrich Ratzel y Karl Haushofer, y la idea del lebensraum, contribuyeron sin duda a impulsar el propósito de la expansión alemana hacia los territorios de Mitteleuropa, al tiempo que sus ejércitos se acercaban al “corazón del mundo” de Mackinder y la dominación mundial.

Al utilizar los instrumentos desarrollados por los especialistas de la geopolítica y aplicarlos para entender los acontecimientos actuales en nuestra parte del mundo, de inmediato se nos evidencian interesantes patrones de larga duración. Por ejemplo: la aparición, el desarrollo y el desmoronamiento de la llamada “doctrina Estrada” de la diplomacia mexicana, como una “natural” reacción defensiva frente al poderoso “Vecino del Norte”; o bien al reconocer la bicentenaria política estadounidense del Destino Manifiesto y su atención especial hacia los territorios del Sur, México y Centroamérica, Cuba y las Antillas.

Otro ejemplo: el reciente viaje del presidente Obama a Cuba y la Argentina se deben interpretar en términos de los intereses geopolíticos de largo plazo de los Estados Unidos. Al menos desde 1803 con la compra de la Luisiana y la adquisición de la Florida en 1819, Cuba se convirtió en un territorio estratégico para los sucesivos gobiernos estadounidenses. Esto sigue orientando sus políticas hasta el día de hoy. No se puede entender la historia de ese país caribeño, si no se entiende el interés geopolítico de los Estados Unidos y la posición geográfica de la Isla como la llave del Golfo de México.

Argentina, por su parte, es clave para mantener abierto el Atlántico del Sur. Estados Unidos sigue recordando el dictum de Mahan. Los tiempos geopolíticos no son de años, sino de siglos. La geografía es destino.

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