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Editorial de hoy

Cuatro goles

opinion

Fortuitos triunfos pasajeros.

La identidad chapina favorece las actividades individuales, como la viveza natural para el comercio. Igual ocurre en el deporte, un marchista llega a solas a la meta, es premiado y abrazado con lágrimas en los ojos. Tenemos destacados andadores, escaladores solitarios de montañas nevadas, navegadores de veleros que vuelan sobre olas marinas, y en la cultura abundan los intelectuales virtuosos, novelistas extraviados, cantautores populares como Ricardo Arjona, cuyo triunfo se atribuye al talento gratuito (porque la voz es un don natural) y suerte, porque se aplaude los triunfos de los individuos como golpes de suerte, es como ganarse la lotería, y se los admira aunque al mismo tiempo se los envidie.

Nuestras figuras más exitosas en el deporte o la cultura no se contemplan como modelo chapín, sino son excepciones, pero sí es modelo el comerciante que se enriquece a cuenta de comisiones, sin esfuerzo. El guatemalteco triunfa en lo propio, como individuo, pero no le gusta compartir ni piensa en el otro, por la cultura de la competencia comercial. Aquí no se puede trabajar en equipo. Por eso en el fútbol no lo hemos logrado nunca, porque no pasamos de fortuitos triunfos pasajeros que incendian el nacionalismo pero al siguiente día nos regresan a la depresión o resaca de lunes. Hemos visto que a un éxito repentino le sigue la caída, que no nos mantenemos, que ha habido casos de corrupción para vender juegos o lugares, y cuando un equipo gana por primera vez en la liga nacional, pronto salta la mancha de dopajes o mañas que abruman. Pero para resentirnos con la ofensa vertida por un periodista internacional sí nos inflamamos, y hasta nuestro flamante presidente Jimmy, sin discreción ni prudencia, resultó dando la cara por un equipo que superó todos los frenos para ir hasta en avión privado a recibir el 4 a 0. El mandatario quedó asociado a la decepción del pueblo.

En equipo no funcionamos, es una tragedia. Hasta el Presidente ganó las elecciones a solas, y ahora navega a la deriva, acostumbrándose a las goleadas.

A los chapines no se nos da el trabajo en equipo, porque desde la escuela, cuando nos agrupan para hacer una cartulina o un trabajo de investigación, ya sabemos que alguno lo hará todo, y que los vivos se beneficiarán. Por eso no funciona el Congreso, porque no hay partidos políticos sino individuos que se pliegan o esconden tras intereses. Y no funcionamos en el fútbol porque los jugadores compiten entre sí y no se integran. Aceptémoslo, mientras no mejoremos el sistema educativo, el país será asunto de comerciantes individuales y un desastre en el fútbol. Salgámonos de las competencias hasta que estemos listos, y por ahora dediquémonos a promover el ajedrez.

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