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Editorial de hoy

El rincón de Casandra

opinion

Pena capital a la francesa.

Carta (supuesta) del doctor Guillotin dirigida al ministro de Justicia francés en 1790.

“El Comité Legislativo me ha hecho el honor de consultarme sobre cartas dirigidas a la Asamblea Nacional, en lo concerniente al Código Penal, que determina que todo condenado a la pena de muerte será decapitado. En ambas cartas, el señor Ministro de Justicia y el Director del departamento de París, juzgan de urgente necesidad determinar con precisión la manera de proceder al cumplimento de la ley, ello ante el temor de que por imperfección del procedimiento o falta de experiencia y torpeza del verdugo, la decapitación se convirtiera en algo horrible para el reo y para los espectadores.

“Estimo justas las consideraciones y bien fundados los temores de ambos funcionarios. La experiencia y la razón demuestran también que la forma vigente para cortar la cabeza a un reo lo expone a un suplicio más espantoso que la simple privación de la vida, lo que es el deseo formal de la ley. Por lo cual para darle cumplimiento, es preciso que la ejecución sea expedita y de un solo golpe. Los ejemplos actualmente en práctica prueban la dificultad de así lograrlo”.

“Recordemos aquí lo que se pudo observar en la decapitación de Lally –acusado de traición durante el reinado de Luis XV. Lally estaba arrodillado, con los ojos vendados. El verdugo le golpeó en la nuca, pero el golpe no separó la cabeza. El cuerpo cayó de bruces, y solo tras tres o cuatro golpes de sable más, pudo al fin separarse la cabeza del tronco”.

“En Alemania, los verdugos son por lo general más experimentados por la frecuencia de esta especie de diligencias. No obstante, la perfecta ejecución falta a menudo de precisión por la inexpertise del verdugo, ello a pesar de la precaución que tiene de mantener fijo al reo en el momento de su decapitación”.

“Nadie ignora que los instrumentos cortantes, si no golpean perpendicularmente la nuca poco o ningún efecto tendrá, causando un suplicio adicional y excesivo. Por lo cual convendrá mandar a construir una máquina, cuyo efecto sea infalible y que la decapitación –¡Crac!– se ejecute en un santiamén, siguiendo el espíritu y la voluntad de la nueva ley”.

Y fue así que gracias al doctor Guillotin nació a la vida pública la infalible guillotina que fuera usada durante la Revolución Francesa y hasta el siglo XX cuando la pena capital fue abolida en Francia en 1981 y la máquina diabólica relegada al cuarto de los cachivaches viejos…

¡Aunque como va hoy el mundo, de repente habrá que regresar al ¡Crac! del pasado… a pesar de la oposición feroz de los abolicionistas irreductibles.

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