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Editorial de hoy

El reto de la microeconomía (I)

opinion

La falta de un modelo de desarrollo no se sustituye con puras opiniones.

 

¿Víctimas del éxito macroeconómico? Tal vez no; tal vez sí. Tal vez no; en parte, gracias a ese éxito resultaría suicida para cualquier político o funcionario público pretender obtener ganancias de corto plazo manipulando discrecionalmente la política macroeconómica. Gracias a ese celo de los guatemaltecos por la estabilidad macroeconómica y el ambiente institucional reinante, hasta los más ardientes seguidores del activismo fiscal y monetario, cuando han estado a cargo de los más altos puestos a cargo de la política económica dentro del gobierno, han sido mucho más cautelosos y prudentes que lo que hubieran querido dadas sus preferencias ideológicas. Un cambio de una actitud que nada tiene que ver con su ideología o con una súbita toma de conciencia acerca de la importancia de la mesura y el control en el manejo de la política económica. Ese marcado disgusto de la población con la inestabilidad macroeconómica, en parte, explica también el origen de las reformas institucionales que hoy atan de manos a los especímenes más virulentos del activismo fiscal y monetario.

Por el otro lado, la más mínima posibilidad de poner en riesgo el éxito macroeconómico hace que el tono de ciertos debates cruciales adquieran un tono poco propicio para el desarrollo del país. Uno de ellos, por ejemplo, es el debate en torno al tipo de cambio y el papel que podría jugar dentro de una estrategia de crecimiento y empleo basada en las exportaciones. Es tanta la importancia que se otorga dentro del debate público a las cuestiones fiscales, monetarias y cambiarias que no queda espacio discursivo para discutir de forma técnica y no ideologizada de otros temas vitales como la industrialización del país; la necesidad de impulsar una política de investigación y desarrollo; del financiamiento para el desarrollo; la congruencia de la política salarial con las necesidades de empleo; etcétera. Desde esa perspectiva, la defensa extrema de este éxito, probablemente, afecte negativamente la posibilidad de enfocar la atención en otros de similar importancia.

Como se acostumbraba decir hace unos años atrás, “la macroeconomía va bien, pero la microeconomía carece de eficiencia … es momento de prestar mayor atención a los aspectos microeconómicos del crecimiento”. Algo difícil de lograr mientras el énfasis siga estando en la redistribución; aumentos de impuestos; satanización del sector empresarial; desconfianza por los procesos de generación de riqueza y empleo; menosprecio a todo lo relativo a la productividad, eficiencia y competitividad; enfoque asistencialista a la pobreza, y demás temas hostiles a la inversión, propiedad privada y Estado de Derecho. Si todo se resumiera en una actitud autocomplaciente con los logros alcanzados, la solución al problema sería sencilla. Lamentablemente, el asunto es mucho más grave: la falta de un modelo de desarrollo no se sustituye con puras opiniones.

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