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Editorial de hoy

El genocidio como proceso “especial”

opinion

El juicio de 2013 forzó al país a revisar una honda herida.

El juicio contra los generales Efraín Ríos Montt y Mauricio Rodríguez Sánchez por genocidio en 2013 representó un proceso trascendental para la historia de Guatemala y para la justicia transicional a nivel mundial. Desde las ciencias sociales son múltiples los elementos de análisis que el proceso, dentro y fuera de tribunales proporcionó. Sin embargo, ante el “juicio especial” que inició la semana pasada –a puertas cerradas sin acceso a medios de comunicación o público– y donde no deberá presentarse Ríos Montt, tres elementos resaltan.

El primero, el proceso ha revelado la intensa lucha nacional por la memoria que se desarrolla en todos los ámbitos sociales y políticos. Forzando hasta a los intelectuales ladinos de izquierda y exmiembros de la guerrilla a defender su privilegio de blancura al negar que la violencia del Estado desembocó en genocidio. Simultáneamente la amnesia histórica, el racismo, violencia y mito del “heroísmo militar” permitieron la reactivación de organizaciones militares y promilitares, estancadas en la época de la contrainsurgencia. Y lamentablemente, también, revelaron las siniestras alianzas, los silencios cómplices y la falta de protagonismo de organizaciones y legendarios líderes indígenas.

Segundo, en 2013, los medios de comunicación fueron obligados a reportar sobre los delitos de lesa humanidad, viéndose forzados a cambiar su narrativa sobre pueblos indígenas, víctimas y sobrevivientes del genocidio. Esto no evitó que los testigos no fueran deshumanizados y hasta criminalizados por algunos comunicadores.

Y tercero, la decisión de la CC de retroceder el juicio luego de la amenaza pública del CACIF constató la corrupción de la justicia. Lo que reveló el miedo de algunas elites de ser juzgadas por su participación en las campañas genocidas de contrainsurgencia.

En su conjunto, el juicio de 2013 forzó a Guatemala a revisar una honda herida y obligó al debate. En un país ignorante de su historia, donde las mayorías se rehúsan a comprender contextos fuera de los propios, los procesos de justicia merecen la mayor difusión porque impartir justicia a puertas cerradas solo fortalece la impunidad, corrupción, olvido y negación.

Ni las víctimas, los sobrevivientes de genocidio o Guatemala merecen un “juicio especial” y esto lo grabará nuevamente la historia universal.

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