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Editorial de hoy

¿Impuestos?  (Segunda parte del artículo del sábado 5)

opinion

Si se quiere seguridad y otros servicios, se tienen que pagar impuestos.

 

Por falta de espacio en mi artículo del sábado 12 referente a la prisión provisional y al proceso al que se encuentra sometido Francisco Luis Gordillo Martínez como consecuencia de la línea de mando, línea inexistente o sumamente frágil en un conflicto irregular, quedaron cercenadas las últimas palabras, palabras que resumen la esencia de mi tesis: y que dicen así: O todos en el suelo o todos en la cama, tal reza la sentencia popular y las imputaciones en contra de Francisco Luis Gordillo Martínez–por línea de mando– obligan a idénticas imputaciones –por línea de mando– a toda la insurgencia.

Si amnistía, todos amnistiados pero –si persecución– todos perseguidos.

Y, ahora sí, la segunda parte del artículo del sábado 5: La carga tributaria que existe entre nosotros es muy baja y no es cierto lo que dicen los loros neoliberales de que sea una carga muy alta e incluso mayor que la que existe en otros países, ya que esta recae –tal es su argumento– sobre un reducido número de habitantes, grupo este que es el que paga los impuestos –sus impuestos, matizo, no los de los demás– y, en consecuencia, sobre el cual recae la carga tributaria –hecho que es cierto pero que no por ello la hace más alta para estos, limitados a lo suyo: Me explico, no es que paguen los impuestos de todos sino los propios, siendo estos –eso sí– los únicos impuestos que se pagan.

La carga tributaria, pagada por todos o por pocos, es en todo caso baja en Guatemala, siendo la única diferencia que, si todos pagaran, aunque baja, multiplicaría los recursos del Estado. Sin embargo, baja, como lo es –aunque todos pagaran– seguirían siendo insuficientes.

Lo peor que ocurre con los loros neoliberales es que no entienden que no entienden y, tan no entienden que no entienden, que ni siquiera se percatan que los verdaderos liberales –no los loros– sí lo entienden o, mejor dicho, lo entendemos: La seguridad no es gratis y, para hacerla posible, es necesario que proporcionemos al Estado los recursos que la paguen y no solo reactiva o punitiva sino lo que es más importante, preventiva.

Claro que debe perseguirse el delito perpetrado pero cuanto mejor si no llega a perpetrarse.

No todo lo resuelven las sagradas reglas del mercado, básicamente, porque en la realidad, no existe perfecto sino –antes bien– plagado de innumerables rigideces y, además, porque aunque existiera, su solución de para quién se produce, no lo hace sostenible: O logran satisfacer todos sus necesidades mínimas –independientemente de las reglas del mercado o la propia actividad se hace imposible: Situados “los eficientes” en sus jaulas.

Los loros neoliberales no llegan a comprender el polvorín en que se encuentran.

En el otro lado del espectro, los estatistas (comunistas, comunistoides y cosas parecidas) –también loros– pontifican sobre el Estado como un dios y, al final del túnel, su utopía.

Los Estatistas –deificado el Estado– no piensan más que en que se le siga alimentando, sin reparar en resultados.

Sin la debida fiscalización del gasto y sin las debidas administración y evaluación por resultados, se convierte el Estado en lo que lo hemos convertido: Aunque raquítico, barril sin fondo.

En la utopía comunista no existiría el Estado –sociedad perfecta en la cual, superada la explotación del hombre por el hombre, se hace innecesario y desaparece “por emanación espontánea”– paso previo, claro está, la más descarnada dictadura. “¡Qué trágica utopía!”, no siendo la “utopía” lo combatido por el anticomunismo –sería idiota– e idiotas son los que así lo tergiversan –sino la sangrienta tiranía “para alcanzarla”.

(Continuará el martes 22)

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