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Editorial de hoy

Sueño de una noche de verano

opinion

Me desperté sudado, exhausto y confundido

Anoche tuve un sueño descabellado, en el que apareció la inefable jueza Yassmín Barrios (con su abundante cabello negro ensortijado) en un estrado muy grande impartiendo justicia a diestra y siniestra. Primero condenó a altos funcionarios de gobierno por violación del Hábeas Corpus, al haber impedido, por años, que un juez pudiera acudir ante personas detenidas para corroborar si sufrían tortura y si habían sido consignadas a algún tribunal. Luego, con las fotografías de detenidos que sufrieron maltrato (suministradas por Meoño Brenner), la jueza condenó a diversos mandos militares encargados de las cárceles. Después, condenó a otros funcionarios de gobierno por realizar ilegalmente espionaje de llamadas telefónicas y de correos electrónicos. Luego vi cómo la jueza emitió sentencia condenatoria de diputados por haber sido cómplices de todos esos delitos, que conocían muy bien. Ellos solo invocaban a su favor la National Security. Tras cada sentencia, Yassmín levantaba los brazos en señal de victoria, para luego colocarlos en forma cruzada sobre los hombros.

Pero lo que me dejó atónito (¡casi me despierto!), fue ver sentados en el banquillo de los acusados a George Bush y a Barack Obama (una voz se alzó para decir –too good to be true!) porque, según las pruebas, ellos conocían que en Guantánamo se negó el Hábeas Corpus y el derecho a un juicio justo a los detenidos (terroristas o no); de las torturas en las cárceles que administraba el Ejército norteamericano en Irak y Afganistán; así como del espionaje telefónico y de correos electrónicos. Yo pensé:
–¡ahora Yassmín tiene una brasa! Sonriente, el embajador guatemalteco presenciaba el juicio en primera fila. ¡Guau!

Como los sueños saltan más rápido y lejos que una pulga, y en los que a veces el tiempo aparece comprimido, vi a Yassmín, ya no en Estados Unidos sino en Guatemala, juzgando a exmilitares por delitos de lesa humanidad; y fuera, decenas de jubilados del Ejército, con la testa baja, esperando escuchar las acusaciones en su contra, quienes mascullaban insultos contra el gobierno de los Estados Unidos por haber traicionado a sus aliados de la Guerra Fría, a quienes equiparon ideológicamente (anticomunismo), trasladaron conocimientos castrenses (Escuela de las Américas) y diversos apoyos, porque esa guerra en Guatemala fue caliente, la guerrilla inclusive asesinó al embajador norteamericano John G. Mein.

En un recinto grande, vi a incontables familias campesinas que, a gritos, reclamaban justicia por el asesinato (apuñalamiento o degüello), realizado por los guerrilleros, de millares de sus parientes, que eran no combatientes. A los insurgentes los acusaban también de enrolamiento militar de menores (un delito gravísimo), tortura sicológica de secuestrados, masacres, esclavitud doméstica, actos de terrorismo y otros delitos contra la humanidad. Reclamaban la justicia a gritos porque para sus muertos solo había desprecio. (¡Ni la prensa les prestaba atención!) ¡Para los militares, la ley; para los guerrilleros, la impunidad! ¡Guácala!

Extrañamente se me apareció Pedro Calderón de la Barca que me dio copia de su obra de teatro La vida es sueño, en la que leí: –Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. (Una voz interior me dijo: –Magister dixit). Yo me dije: –entonces tenía razón Platón cuando, en el Mito de la caverna, expuso que no conocemos las cosas, sino solo sus sombras; o Kant, que aseguró que no conocemos los noúmenos (las cosas en sí) sino solo los fenómenos (lo que percibimos de las cosas).

Sudado, exhausto y confundido me desperté (para seguir el sueño de la vida). Mi esposa me llevó una taza de café que le agradecí con un beso. ¡No sabía qué pensar! La vida es sueño. La realidad es sueño. La justicia es sueño. La justicia universal es sueño. ¡La doble moral es una realidad dentro del sueño! Y los sueños, sueños son…

gasturiasm@gmail.com

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