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Editorial de hoy

El rincón de Casandra

opinion

Un diplomático experimentado.

El discurso del Nuncio en ocasión del tercer aniversario del pontificado del papa Francisco marcó un hito en lo que debe ser el comportamiento de un representante diplomático en el extranjero. Fue un buen ejemplo de cómo se debe abordar ciertos temas “sensibles” con fuerza y convicción pero con respeto y elegancia tanto hacia las autoridades y el país en que ejerce su misión como hacia sus propios colegas diplomáticos. Monseñor Thevenin lo hizo siguiendo todas las reglas de la diplomacia vaticana clásica, sumado ello a su propio talento de expositor.

Y en efecto lo que debe evitar el representante en misión diplomática es tomar posición a favor de uno u otro grupo político local. La mayoría de los representantes lo entiende así. Sin embargo hay y más aún ha habido en Guatemala –sobre todo durante el conflicto armado chapín– excepciones desafortunadas que han llevado a roces innecesarios y evitables entre ciertas misiones diplomáticas y gobierno local.

Al respecto veamos lo que Casandra publicó hace varios años.

“Un notable diplomático francés del siglo XIX solía afirmar, medio en serio medio en broma, que no es indispensable ser inteligente para ejercer adecuadamente dicha profesión pero que por el contrario era imprescindible ser cortés… El embajador francés Berthelot era de reconocida inteligencia pero también un inveterado guasón. Y es evidente que existen otras cualidades – aparte de la cortesía– que surgen de la vocación misma de la diplomacia tal como el sentido crítico, el sentido común, y cierto olfato que le permita al Jefe de Misión juzgar con certeza la situación del momento y sus actores para transmitir la información oportuna a su Gobierno con exactitud, sin deformaciones ni florilegios.

Un diplomático deberá ser valiente para comunicarle con “discreción” al Gobierno donde se halle acreditado “la verdad” –su propia y la del Gobierno que representa– sin por ello ofenderlo ni causarle contratiempos públicos. La prepotencia provoca reacciones locales inesperadas y la mentira y la intriga útiles en la época de Maquiavelo ya no son viables frente a medios de comunicación que todo lo averiguan y todo lo filtran –aunque con frecuencia a destiempo y con errores–. … Y de intentar deformar la verdad el representante diplomático perdería toda credibilidad frente a las autoridades locales y aun frente a sus propios colegas.

Sin embargo la función del diplomático puede provocar críticas de parte de grupos interesados locales. Le será entonces conveniente mantener la sangre fría y recordar las instrucciones de Choiseul ministro de Luis XV Rex Francorum, a sus embajadores del siglo XVIII: “El verdadero talento del diplomático es la verdad dicha con fuerza y convicción pero siempre con elegancia”.

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