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Editorial de hoy

Nuestra responsabilidad moral como invasores y colonizadores

opinion

La historia de nuestros avances colonizadores en este planeta no ha sido precisamente ejemplar.

Cada día está más cercana la fecha en que la humanidad empiece a colonizar otros mundos. Los proyectos de exploración y colonización marciana comienzan a tomar forma. Ya tenemos exploradores en la superficie de nuestro vecino Marte, el planeta rojo. Es el planeta que ofrece las mejores condiciones de habitabilidad para nosotros, por lo que seguramente iniciaremos en él nuestra gran empresa colonizadora. Marte será nuestro primer pied-à-terre en el universo.

La colonización de otros mundos es una tarea y una aventura natural e indispensable para nosotros, y al mismo tiempo garantía de nuestra permanencia. Sin embargo, esto nos obliga a iniciar una profunda conversación sobre los aspectos éticos del proyecto. No podemos ni debemos dejar para después discutir sobre las posibles consecuencias de nuestros actos invasores.

La historia de nuestros avances colonizadores en este planeta no ha sido precisamente ejemplar. Allí donde hemos dejado nuestra huella, otras especies y otras culturas han sufrido terribles consecuencias. Cientos –si no miles– de especies nativas se extinguieron como resultado de nuestra nueva y repentina presencia invasora. Lo mismo sucedió –y sigue sucediendo– con las poblaciones y culturas indígenas que se han encontrado con “el progreso” de los colonizadores.

Por ejemplo, en el siglo XVI, el noventa por ciento de la población nativa de Mesoamérica se extinguió a raíz del encuentro con la civilización europea. No fue solo la guerra y la destrucción de las estructuras sociales nativas o la explotación económica: los indígenas sucumbieron principalmente a la invasión de gérmenes contra los que no tenían defensa alguna. Como una posible excusa podríamos decir que entonces no se conocían esos microscópicos seres que invaden nuestro cuerpo y en ocasiones nos destruyen. Hoy lo sabemos y no tendríamos excusa alguna si, en nuestra exploración, invasión y colonización de otros mundos, también llevamos con nosotros las semillas de la destrucción de otros tipos de vida.

¿Será que toda vida es sagrada y debe ser respetada en absoluto? Nuestros avances tecnológicos y la posibilidad de encontrar formas de vida en los otros mundos que decidamos habitar – nos obligan a pensar seriamente en cuál será nuestra responsabilidad frente a esos diferentes modos de existencia. ¿Será que la ética del jainismo, o quizás una ética incluso más exquisita y respetuosa, deberían acompañarnos en nuestra exploración y colonización? Y de ser así, ¿sería siquiera posible pensar en explorar y colonizar otros mundos?

Llegados a estas consideraciones éticas, se nos presenta inevitablemente un terrible dilema: la humanidad y toda vida en este planeta estamos destinados a la extinción antes o después. Nuestra única oportunidad de sobrevivir está en colonizar primero otros planetas, avanzar después a otros sistemas solares y eventualmente a otras galaxias, y llenarlos de nuestras formas de vida. Somos por naturaleza colonizadores e invasores. Cualquier nicho existente está disponible para nuestra eventual invasión.

Afortunadamente, ya comenzamos a plantearnos qué hacer con Marte. ¿Seguimos adelante con nuestro proyecto de exploración y colonización o nos resignamos a nuestra inevitable extinción futura? ¿Será que nuestro destino es llenar de vida inteligente el universo o ser simplemente una llama pasajera que se extingue para siempre? Todos los posibles futuros están plenamente abiertos y nos invitan. De nosotros depende responder y construirlos.

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