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Editorial de hoy

¡La muerte traerá la paz!

opinion

¿Porqué responder  a la violencia cotidiana con otra violencia?.

Mientras leo los imparables y atroces crímenes que cometen en múltiples espacios miembros de maras, entre mujeres y hombres, no dejo de preguntarme ¿Qué hemos hecho como sociedad para crear seres que al descuartizar a sus semejantes también se descuartizan a sí mismos? Simultáneamente leo que, ante la incapacidad del Estado de investigar y frenar la violencia cotidiana del centro del país y de algunas ciudades del interior, el gobierno de Jimmy Morales y su bancada en el Congreso deciden enarbolar la propuesta de Zury Ríos –hija del dictador Efraín Ríos Montt– de reactivar –como única salida– la pena de muerte. Y cuestiono: ¿Por qué responder a la violencia cotidiana con otra violencia? ¿Es que el Estado no ha aprendido de su pasado reciente, cuyas secuelas ahora enfrentamos como parte de la historia viva?

Y es que, mientras más se va armando el rompecabezas nacional, más se aprende de cómo a partir de 1954 el Estado, bajo el argumento de acabar con el comunismo colocó en un mismo espacio a la población maya, a sectores estudiantiles, sindicatos, académicos y otros, acusándolos –sin pruebas– de ser comunistas o de implantar un sistema comunista en Guatemala y para frenarlos optó por una única respuesta: la de acabar con la vida individual y colectiva de los supuestos o futuros “guerrilleros”, provocando una de las más largas y sangrientas carnicerías humanas que el siglo XX registra y que se cometió en este pequeño país contra población civil, en su mayoría maya y desarmada.

Ahora, ante la incapacidad de entender, investigar y buscar múltiples alternativas a la violencia de las maras se opta por la salida fácil, la misma por la que apostaron en 1954 y también la que impulsó Ríos Montt, la de acabar con la vida y para lograrlo exacerban el terror y el miedo para que la población concluya en que: la muerte traerá la paz.

No apruebo ni uno solo de los crímenes de las maras pero tampoco apruebo la única respuesta del Estado, demando que como país nos forcemos a realizar lecturas complejas para crear respuestas realistas y acordes a lo que la realidad nos arroje.

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