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Editorial de hoy

Absoluta incongruencia

opinion

¿Una línea de mando que en el Ejército de Guatemala determinaría responsabilidades, pero no en la guerrilla?

Al coronel Francisco Luis Gordillo Martínez se le tiene sometido a prisión preventiva bajo el argumento de que –como consecuencia de la línea de mando que impera en el Ejército– dada la calidad que tenía de Comandante de la zona militar de Quetzaltenango– todo cuanto haya podido ocurrir en esa zona tenía que haber sido de su conocimiento.

La cadena de mando es propia de los ejércitos regulares en guerras convencionales –guerra entre dos ejércitos– pero se hace inexistente en conflictos como el nuestro en el que no llegó a darse guerra alguna, es decir, el enfrentamiento entre fuerzas regulares.

Fue la lucha, en nuestro caso, entre el orden establecido y la insurgencia que pretendía subvertirlo.

Se ha dejado de imputar al coronel Gordillo lo referente a la violación de la joven guerrillera que se habría dado en aquella zona militar, así como lo referente a la desaparición forzosa de su hermano que ocurriera en otra zona, pero persiste la imputación que se le hace por el delito de incumplimiento de deberes de humanidad, imputación que se sustenta en la línea tradicional de mando, desdibujada como estuvo en aquella lucha irregular, la contrainsurgencia no solo militar, sino civil, patrullas de autodefensa incluidas.

La imputación que se sostiene sobre Francisco Luis Gordillo Martínez pretende que aceptemos que el Ejército de Guatemala –a lo largo de la lucha que se diera entre aquellos que defendían el orden establecido y la insurgencia– estuvo rígidamente sujeto a la línea de mando que es propia de cualquier ejército en las guerras convencionales, haciendo caso omiso de los caracteres irregulares de la lucha.

Cabe señalar que, en todo caso, e incluso siguiendo la línea de mando, la carga de la prueba recae sobre la acusación y tendrá que ser la acusación la que demuestre que los hechos –si se dieron– fueron ordenados por el jefe de aquella zona militar o, al menos, que le fueron reportados.

Se pretende ver en el Ejército de Guatemala una línea de mando inalterable a pesar de la lucha irregular que se vivía –jamás una guerra convencional– pero, viendo la paja en el ojo ajeno, no se admite la viga en el propio: la línea de mando que habría habido en la insurgencia, los firmantes de la paz, sus jefes admitidos y que –si fuere inexistente, peor aún, haría de todos los insurgentes responsables, escogido como escogieron el camino del delito para hacerse del poder, los crímenes adoptados como arma de lucha: asesinatos secuestros, masacres y torturas.

La guerrilla marxista, leninista, maoista o trotskista ¿Qué importancia tienen los matices? quiso tomar el poder por las armas y fue repelida en su intento por el Ejército y las fuerzas civiles afines al Estado siendo el caso que en aquella lucha absolutamente irregular –irregular no solo en la insurgencia– sino –también– en la contrainsurgencia que –la irregularidad– no fue monopolio de ninguno, se hizo del crimen el arma de combate: Para combatir el delito, convertido el Estado en delincuente.

Por ello fue la necesidad de la firma de la paz, incluida la amnistía–perdonándose los delincuentes entre sí– delincuentes de la insurgencia y del Estado, hecha con nuestra venia esa amnistía –incluso la del gobierno de facto, puesto que hicimos, de las amnistías, ley de la República.

Pareciera ser que aquellas sombras del pasado ¿Quedó el conflicto en el pasado? no solo hicieron entonces infelices nuestras vidas sino que nos la quieren seguir haciendo ahora –obviando el necesario perdón y arrastrando a los jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando la paz fuera firmada: población que debería de estar inmersa en todo cuando conduzca a su progreso, sin ataduras de ese sórdido pasado.

Por lo demás, reitero: quien justifica un crimen los justifica  todos y quien no los persigue –todos– avala los crímenes que no sean perseguidos.

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