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Editorial de hoy

Vientos de desolación

opinion

El demagogo charlatán más exitoso en la historia política de Estados Unidos es una construcción inadvertida, pero directa, del Partido Republicano.

Estados Unidos es la más grandiosa república desde la gran Roma y ha sido, como bien nota Martin Wolf del Financial Times, el bastión del sistema democrático y el garante del orden liberal mundial. En su columna de la semana pasada, Wolf presenta el planteamiento que el señor Trump personifica el camino hacia el fin de toda gran república. Y es que, efectivamente, el Donald es, por partes iguales, un promotor de fantasías paranoicas, un racista y, sobre todo, un recóndito ignorante. De quedar electo, el suceso sería una catástrofe para la unión americana y un desastre global.

Estamos viviendo un momento sumamente dramático en el que, como dice Anne Applebaum (directora del Programa de Transición Global), estamos a dos o tres malas elecciones de perder la OTAN y la Unión Europea. Por un lado, en Estados Unidos podría estar en el ejercicio del poder el descarrilado de Trump, que ha declarado públicamente que no está interesado en la OTAN ni en sus garantías de seguridad. Acerca de Europa ha escrito en The America We Deserve, que “…sus conflictos no valen la pena el sacrificio de vidas americanas. Separarnos de Europa ahorraría a este país millones de dólares cada año”. Por otro lado, en Francia veremos elecciones en un año y allá también una de las principales candidatas, Marine Le Pen del Frente Nacional, ha prometido dejar la OTAN y la Unión Europea de quedar electa. Al igual que Trump, ella también prevé una relación especial con Rusia, de donde se presume viene mucho del financiamiento de su campaña. Gran Bretaña podría ser el dominó final. En junio votarán en un referéndum para determinar si dejan la Unión Europea. Ahora mismo el sentir popular está casi empatado, pero si el voto por el desmembramiento sale vencedor, quién sabe qué pueda suceder. Sin Francia, el mercado único europeo dejará de existir y, sin Gran Bretaña, prácticamente no quedará mucho tiempo antes que caiga la OTAN.

Ciertamente, las probabilidades de que todo esto suceda se ven escuetas ahora, pero lo que me asusta es que hace un año las posibilidades de que Trump ganara la nominación republicana se veían igual de lacónicas y pues ya ven cómo estamos ahora. Sería un terrible error seguir dando por sentada la estabilidad macropolítica de los últimos cincuenta años.

El hecho de que Trump se encuentre en una posición tan favorable en la intención de voto del Partido Republicano, es culpa precisamente de la dirigencia del partido. El demagogo charlatán más exitoso en la historia política de Estados Unidos es una construcción inadvertida, pero directa, del mismo partido. Robert Kagan, del Washington Post, lo pone mejor al describirlo como el monstruo Frankenstein del Partido Republicano: “Es la creación del partido, traído a la vida, alimentado y, ahora, suficientemente poderoso para destruirlo”.

Según Kagan, las legiones de personas “enfurecidas” que respaldan al Donald, no están enfurecidas por el estancamiento de los salarios, como muchos dicen, más bien están enojadas por todas esas cosas que durante los últimos siete años, el partido les ha dicho que deben molestarles: los inmigrantes –legales e ilegales­–, las políticas del presidente Obama (que critican de forma tan ácida que raya en racismo), la economía. Trump no es producto de la casualidad, más bien él es un aprovechado que está cosechando las frutas de las ineptitudes de la dirigencia del Partido Republicano.

Uno debe preguntarse ¿cómo fue que la dirigencia del partido dejó que las cosas llegaran a este punto, por qué no lo pararon antes, por qué lo dejaron crecer tanto? Ahora sus patadas de ahogado prueban ser inefectivas e insuficientes.

Así como se ven las cosas, con la mayoría de colegios electorales alineándose con Trump, muy pronto la bestia quedará libre y si los republicanos no fueron capaces de pararla, ojalá los demócratas puedan hacerlo. Quizá el Partido Republicano ya no se pueda salvar, quizá el sistema bipartidista de los Estados Unidos ha llegado a su fin, pero ojalá que la estabilidad global aún tenga futuro.

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