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Editorial de hoy

No entienden que no entienden (I)

opinion

Si se quieren seguridad y otros servicios, deben pagarse los impuestos.

 

Si el ser humano pretende que su vida sea protegida, que su libertad pueda ejercitarse sin tropiezos y que pueda gozarse en paz de aquello que le es propio –de su propiedad privada, por ejemplo– pues bien debe comprender, entonces que debe pagar impuestos ya que la seguridad y todo cuanto se hace preciso para que la vida, la libertad y la propiedad privada –incluyendo la comunal– sean debidamente garantizadas y protegidas –tal y como ocurre con cualquier otro servicio– no surge por emanación espontánea ni se produce gratis.

No es gratis el funcionamiento de las fuerzas de seguridad del Estado, ni es gratis, la administración de Justicia, pilares indiscutibles de la seguridad pero, algo más, no es gratis la seguridad que es más importante, la preventiva, la que busca que existan condiciones tales, sociales y económicas, que la seguridad, sin más, sea posible y que aquella represiva constituya la excepción y no la regla.

A ciertos loros neoliberales he debido explicarles, repetidamente, que para que pueda haber seguridad se hace preciso que existan condiciones sociales y económicas que la hagan posible y que no es populismo alguno sino liberalismo bien entendido, la creación de las condiciones necesarias para lograrlo y, es más, para que el liberalismo se haga posible.

A los loros neoliberales –no todos los neoliberales son loros (quede constancia expresa)– he debido explicarles con un ejemplo simplificado –como los ejemplos de que tanto gustan– que en una isla en que se encuentren dos náufragos y que exista como única fuente de agua y comida una palmera (corrijo, lo que existe, es un cocal, que, las palmeras, no dan cocos) –siendo el caso que tan solo uno de los náufragos tiene la capacidad de subirse al cocal y de bajarlos– podría ocurrir que el primer día, suba este por “su” coco, tome su agua en solitario y devore su carnaza, el otro náufrago, como el chino, participe de este “festín”, solo “milando” y que haga otro tanto el segundo día y quizá hasta el tercero, pero que podemos tener por seguro que el cuarto bajará dos cocos y compartirá uno de ellos con el náufrago inepto o zángano, percibido que, si no lo hace, posiblemente reciba una soberana paliza y se quede, incluso, sin “su” coco.

¿Les gusta a los loros neoliberales vivir encerrados en esas jaulas que, aunque de oro, llegan a ser sus casas y vivir de jaula en jaula, incluidos los centros comerciales, imposibilitados de gozarse su ciudad, presos del miedo?

Pues bien, la seguridad no es gratis y si se quiere seguridad hay que pagarla, incluidos los programas que alivian la pobreza y que promueven que pueda superarse.

Ese pago –el pago por la seguridad de que queremos gozar– se hace a través de los impuestos y, cuantos menos impuestos se paguen, peores serán la seguridad y todos los servicios.

¿No lo entienden? Continuará…

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