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Editorial de hoy

El libro de Héctor

opinion

Lean pues los lectores estas páginas claras, veraces y honestas.

El amigo Héctor Nuila Ericastilla, puso en mis manos el libro de su autoría: Los tentáculos del poder en el Congreso de la República, el cual es una historia fidedigna y sincera de su presencia, andanzas y trabajos en el Organismo Legislativo; no digo Congreso porque ese nombre corresponde a lo que tenemos ahora en este siglo XXI: un conglomerado amorfo y heterogéneo compuesto por 158 –ahora ya son 160– cómodas sillas de descanso (en la antigüedad les llamaban curules) en las que se apoltronan de vez en cuando, un montón de vagos, ineptos y desfachatados, que utilizan el escritorio que tienen enfrente para saborear las viandas y licores con las que se atiborran durante las pocas y muy escasas horas de permanencia en ese adefesio de concreto, mal llamado Asamblea Legislativa; al mismo tiempo que hurgan con curiosidad malsana bajo las carpetas, en la búsqueda de jugosos cheques con los que –gobierno y empresarios– los incitan a emitir leyes amañadas y sesgadas que, brotan de ese inútil y oneroso poder del Estado.

Puedo decir que, mi larga convivencia con los apellidos Nuila y Ericastilla viene desde hace más de setenta años, pues en la escuela primaria encontré a un maestro: don José Ericastilla, quien nos enseñó los principios del Trabajo Manual que, quién iba a decirnos nos serviría de mucho cuando emprendimos el laborioso pero agradable ejercicio de la Cirugía. Años después en las aulas del Instituto Nacional Central de Varones, un profesor que se transportaba en una modesta motobicicleta nos enseñó la importante asignatura de la Zoología; y fue por don Héctor Nuila –estudiante de los últimos años de la Facultad de Medicina– que pudimos familiarizarnos con aves, reptiles e insectos y así conocerlos por sus nombres sonoros en latín: el quetzal pasó a llamarse, Pharomacrus mocinno; el zopilote, Catharista atrata; el loro, Brotogerys jugularis; cobrando así respetabilidad y veneración esos seres del mundo –ahora tan deteriorado– de Carlos Darwin.

Pues con el nombre sonoro de Héctor su padre, acompañado de esos nobles apellidos se graduó como Médico y Cirujano: Héctor Nuila Ericastilla; involucrándose desde un principio en la docencia para después meterse de lleno en la política sana y honesta; no la corrupta y mañosa de estos tiempos. Así fue como llegó a ocupar una honesta curul desde el 14 de enero de 2008 hasta el 14 de enero de 2012, cobijado bajo el alero de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), y sin intercambiar ninguna de sus siglas, durante el período en el que fuera diputado; mucho menos pecar de tránsfuga como ahora acostumbran muchos a los que no se les puede llamar Padres de la Patria, y sí: Veletas acomodaticias o marionetas que danzan al son que les tocan.

Lean pues los lectores estas páginas claras, veraces y honestas escritas por Héctor Nuila Ericastilla, en donde deja constancia histórica de su actividad legislativa. De este médico, político y patriota, podría decirse parafraseando al excelso Salvador Díaz Mirón: “Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan… y su plumaje es de esos”.

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