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Editorial de hoy

Los asesinatos secretos a distancia

opinion

Para juzgar y evaluar la moralidad de estos habrá que tratar de entender las circunstancias.

El número exacto no es conocido. Quizás nunca se conozca. El presidente Bush ordenó cuarenta y ocho ataques con los temibles “drones” en Pakistán y uno en Yemen. Durante la actual administración estadounidense, se han realizado al menos trescientos cincuenta y cuatro ataques en Pakistán, utilizando esta nueva tecnología, y otros ciento veintisiete en Yemen. Se trata de un incremento superior al 700 por ciento. El resultado ha sido entre 1,900 y 3 mil muertos, una centena de ellos civiles inocentes. ¿A dónde vamos a llegar por este camino?

Para juzgar y evaluar la moralidad de estos asesinatos secretos a distancia, habrá que tratar de entender las circunstancias concretas en las que se han realizado tales acciones por el gobierno de los Estados Unidos. Por otra parte, también deberán preverse las consecuencias del ejemplo estadounidense en los otros ocho países que cuentan con la misma tecnología. De hecho, el Reino Unido, Israel y Pakistán han usado ya los “drones” para cometer asesinatos a distancia, siguiendo el ejemplo de los propios Estados Unidos.

Las invasiones estadounidenses en Afganistán y en Irak, durante los primeros años de este milenio, desataron una guerra asimétrica que hasta hoy continúa y que no tiene trazas de terminar. Una guerra en la que los Estados occidentales enfrentan a pequeños grupos de individuos desempoderados, que no tienen otra arma que provocar el terror entre sus enemigos: una guerra sin fronteras, ni términos, ni límites; una guerra para la que todavía no se han elaborado normas.

La administración estadounidense ha comenzado a desarrollar un conjunto de normas internas para decidir cuándo, cómo y dónde se justifican los asesinatos de “terroristas” mediante “drones”. Así, por ejemplo, se ha establecido que es aceptable el asesinato secreto a distancia cuando: 1.- un determinado individuo es una amenaza inminente y continua para la seguridad del pueblo estadounidense; 2.- no existe otro gobierno capaz de enfrentar efectivamente esa amenaza; 3.- no es posible capturarlo; 4.- existe una alta probabilidad de que no serán muertos o heridos civiles inocentes.

Aún con estas directrices generales, quedan sin resolver numerosos aspectos sobre la legalidad y la moralidad de estos homicidios intencionales contra unos “terroristas” y civiles inocentes que se encontraban en el momento y en el lugar equivocado.

Los Estados modernos han aceptado sujetarse a sí mismos a ciertas normas, cuando se trata de afectar los derechos fundamentales de los seres humanos. Por ejemplo: el gobierno no debe quitar la vida a ninguna persona, si no es como consecuencia de una sentencia resultante de un proceso legal, en el que se supone de inicio la inocencia del acusado. Por otra parte, la defensa de la propia vida sin duda justifica acciones proporcionales, enfocadas directamente a evitar el daño inminente. Nada más.

Si bien la moralidad de la pena de muerte es discutible y cada vez más rechazada por las poblaciones de los países civilizados, los asesinatos secretos a distancia, mediante los “drones”, deben ser intensamente discutidos, evaluados con base en sólidos y claros principios éticos, y en su caso, rechazados como una regresión a etapas bárbaras de la humanidad. La civilización consiste precisamente en distanciarse de la barbarie.

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