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Editorial de hoy

Linchamiento en Taxisco

opinion

El miércoles pasado, dos presuntos delincuentes, a quienes se atribuían asaltos, extorsiones y atracos, fueron linchados por vecinos del municipio de Taxisco, departamento de Santa Rosa, ante la pasividad de las autoridades policiales.

El Código Penal castiga los linchamientos bajo la denominación de “delito de muchedumbre”, que tiene las siguientes notas típicas: Si la reunión tuvo por objeto cometer determinados delitos, responderán como autores todos los que hubieren participado materialmente en su ejecución, así como los que sin haber tenido participación material, asumieron el carácter de directores.

Asimismo, el Código Penal dispone que comete el delito de asesinato quien matare a una persona con alevosía, premeditación o perversidad brutal, y que el responsable será sancionado con prisión de 25 a 50 años o con pena de muerte cuando el imputado acusare peligrosidad social. El Código Penal también estipula que comete el delito de lesiones quien, sin intención de matar, causare a otro daño en el cuerpo o en la mente.

En consecuencia, exigimos a las autoridades civiles que los referidos hechos punibles, con ensañamiento brutal, sean debidamente esclarecidos y que todo el peso de la ley penal caiga sobre los responsables (autores, cómplices y encubridores), tanto por acción como por omisión.

En todo caso, cabe recordar a los valientes “linchadores anónimos” las siguientes palabras del papa Francisco: “(…) ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? (…) Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar –o condeno yo– a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elige a Barrabás? Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena voluntad de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de

Jesús?: “¡Pero (…) tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.

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