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Editorial de hoy

El comunicado de Semilla: ¿por qué no cambiamos?

opinion

La mayor parte de los conflictos terminan en compromisos.

Vale la pena reflexionar sobre el comunicado del domingo, publicado en elPeriodico, por el Movimiento Semilla, porque en el mismo se reflejan los vacilantes problemas  colectivos: improvisación, carencia de estrategia, discriminación, racismo, exclusión, prevalencia de brechas abismales y presencia de grandes obstáculos para la construcción de una ciudadanía política.

¿Por qué nos está sucediendo eso? Amitai y Eva Etzioni se ocuparon de sistematizar en un libro clásico a los autores y  problemas que tienen las sociedades para llevar a cabo los cambios transformadores. Se trata de grandes trabas del poder del pisto, y de la presencia de  fantasmas mentales; y es que si hace algunas décadas fue el tiempo de los genocidas, hoy es el tiempo de los alienadores de la mente y el espíritu.

Para entendernos, por ejemplo, podríamos recurrir a Max Weber y su explicación sobre  la rutinización del carisma: cuando se agota la legitimidad de una estructura histórica, el nuevo jefe y sus secuaces toman el poder y construyen una estructura “para mientras”, la cual se encontrará más tarde o más temprano con la carencia de legitimidad.

Ferdinand Tönnies nos cae como anillo al dedo: las sociedades se tienden a volver más complejas, y de la visión aldeana se pasa a una visión más urbana y social. Ello hace romperse a la sociedad primitiva, y la vida comunal, con sus caciques, su solidaridad orgánica y su tradicionalismo. Si lo que viene no es bien guiado dentro de un contrato social, la descomposición será lo que priva.

El conservadorazo de Spengler considera que las sociedades tienen el mismo derrotero del cuerpo humano: simplemente envejecen y muy poco se puede hacer, desde una parte activa para detener los procesos de decadencia.

Tenemos por supuesto a  Marx y sus seguidores, que hablan de la prevalencia de los necesarios cambios en donde hay que forjar un estado de lucha para transformar a la sociedad y eliminar sus grandes desigualdades.

En donde todos estos grandes pensadores tienen un punto en común, afirma Etzioni, es que cuando cunden los períodos del militarismo, todo llega a joderse: “los tiempos revueltos producen el militarismo”, siendo dicha situación una perversión del espíritu humano, llevado por canales de destrucción mutua. El militarismo ha sido la causa más evidente del colapso de las civilizaciones, afirman los pensadores del cambio social.

La conformación de un Estado moderno y de paz social  y de una esfera pública que presione a los grandes cambios es también un denominador común de las grandes soluciones a los más ingentes problemas colectivos.

Lo cierto de todo esto es que si queremos avanzar, la lógica social, a lo largo de la historia, apunta a la transformación de  los grandes conflictos, –porque la historia humana es una historia de conflictos–, las partes deben ponerse de acuerdo sobre reglas y normas que les permita estimar su respectiva posición de poder en la lucha: “si el vencedor y el vencido han de contribuir a la terminación de su conflicto, tienen que llegar a un acuerdo” afirma Lewis Coser en su trabajo interesante sobre la terminación de los conflictos.

La mayor parte de los conflictos terminan en compromisos, y resulta muy difícil lograr determinar quién llevó la mejor parte de las ganancias del acuerdo, pero lo importante es llegar a arreglos.

Tiendo a concluir que a los principales perpetradores de los conflictos chapines de larga data les aterra llegar a acuerdos, porque su propio grado de obcecación y la avaricia que poseen los lleva a discernir que  saldrían perdiendo al salir de sus zonas de confort. Obligarlos a sentarse a la mesa, sin estar incidiendo por atrás, es entonces uno de los principales retos.

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