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Editorial de hoy

El primer círculo

opinion

Nadie más comprende al gobernante.

El primer círculo del Presidente es en realidad su familia, donde anida la seguridad primaria, que es emocional. Es altamente probable que un gobernante con su centro estabilizado mantenga perspectiva, serenidad y  equilibrio en la toma de decisiones. Desde su propio centro el mandatario construye su poder como estadista, siendo capaz de identificar colaboradores políticos que le ofrecen miradas complementarias de los campos de acción y de los actores.

Visto así el primer círculo de poder después de afirmado el centro afectivo, es el político. Su función es hacer viables los objetivos estratégicos de gobierno, y su método consistirá en ganar aliados clave para volver favorable la relación de fuerzas políticas en coyunturas decisivas. Claro está, no será cualquier método ni toda alianza política. En estos tiempos que corren la eficacia pura y dura de la política es insostenible, y hasta podría ser un boomerang como lo pueden testificar varios políticos en el último año.

La inexperiencia o desconocimiento de la naturaleza o de los entresijos del Estado no es el argumento que explica la relación entre el Presidente y su primer círculo político, pues básicamente la gestión del poder es cuestión de hincar los sentidos sobre la condición humana de los últimos 5 mil años. Cuando el primer círculo se erige en el muro que impide que un mandatario vea y se desplace, la relación es insana. En un ambiente cerrado donde no corre aire ni luz, gobiernan los miedos. Ese miedo cultivado se mitiga con sensaciones creadas por el primer círculo de aparente seguridad afectiva total.

El primer miedo inyectado a un gobernante es el de la conspiración. Lo quieren matar. Hay un mundo afuera perfectamente alineado con el propósito de despojarlo como sea del poder legítimo que el pueblo le confirió en las urnas y que los dioses favorecieron. De manera que la política ya no es el campo de edificación, conflictos y tensiones normales, sino el terreno hostil, sembrado enteramente de amenazas y riesgos. Fuera del primer círculo, los amigos son falsos y los enemigos verdaderos. El miedo es un condicionante casi absoluto que confunde fines y medios del primer círculo con los que debe encarnar un “representante de la unidad nacional”.  Nadie comprende los esfuerzos, sacrificios y desvelos del “número uno”, a excepción del primer círculo que es el único capaz de apreciar la “trascendencia” de la “presidencia histórica”.

El gobernante sin centro ni objetivos de Estado, además condicionado por el medio hostil, es cooptado a las agendas del primer círculo, integrado por dos tipos de agentes: aquellos que dan aparente sombra (poseen un poder particular independiente  que buscan proteger) y quienes crecen a la sombra. Si ambos agentes provienen del mismo tronco, el mandatario está irremediablemente inerte, lo cual tampoco lo vuelve oveja en medio de lobos. Cuando al final el Presidente despierta, sin centro ni círculos, es tarde y por lo general ya no hay una próxima.

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