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Editorial de hoy

Una muerte inaudita

opinion

La  tristeza que sentí no me permitió escribir este artículo antes.

Vivíamos en Ciudad Nueva. Mario Ocampo era el menor del grupo y el más simpático, porque hablaba con la z. Sí. Lo recuerdo cuando tenía él unos seis añitos y sus hermanas y yo, quinceañeras. Lo veo atravesándose la calle corriendo atrás de su perro Rubí, para alcanzarlo y guardarlo en casa. El perrito era muy necio y, cada vez que abrían la puerta, ¡zaz! se salía y atrás iba Mario corriendo, sin percatarse del peligro del escaso tráfico. Unas, corríamos para salvar a Mario y otras, al perrito. La que siempre padecía era su mamá, doña Mina, porque se daba cuenta de que, con cada salida precipitada del pequeño, su vida peligraba. La escena del riesgo callejero se repetía frecuentemente. Ese fue el principal entretenimiento que tuvo de niño: querer y cuidar mucho a su perrito Rubí. Ya de joven, decidió salir de Guatemala, buscar un mejor horizonte y lo encontró. Vivió trabajando en Nueva York varias décadas y, recientemente regresó, como jubilado a quien, le entregarían su apartamento donde viviría cómoda y holgadamente. Sin embargo, el destino le marcó una ruta inesperada.

Sucedió hace tres semanas. Sin duda, la tristeza que sentí no me permitió escribir este artículo antes. Perdí a un amigo de la juventud de la manera más inaudita. Si el desconocimiento, llamémosle mejor, la ignorancia no hubieran dominado el ambiente, su vida se habría salvado. La forma como murió y sus causas fueron devastadoras. Alguien que, buscando un rato de esparcimiento, la muerte lo escogió cuando estaba conversando y comiéndose un churrasco. Así, como muchas personas lo hacen para celebrar, cualquier día, y salir de la monotonía expansionándose un poco. Solamente que en su caso, se atragantó. Ni sus amigos, ni el personal del restaurante, ni otros comensales que estuvieron a su alrededor supieron cómo se aplica la maniobra de Heimlich, para salvarle la vida. Increíble ¿verdad?

La maniobra de Heimlich es la técnica, de emergencia, que se aplica cuando a una persona se le atasca un alimento en la faringe, la laringe o la tráquea, y le obstruye las vías respiratorias. –No requiere algún aparato, solamente de una mano empuñada–. A partir de ese instante, si no hay forma de que alguien lo asista, inmediatamente, para que expulse el objeto y vuelva a respirar, pronto llega la muerte cerebral y, en seguida, el paro cardiaco. Es un accidente que sucede en distintos ámbitos no solamente en restaurantes.

La falta de resignación por esas formas de morir, es darse cuenta que socialmente nos abunda el desconocimiento, la ignorancia, de cómo prestar los primeros auxilios a una persona o niño que se ve en una situación similar. Se lo dejamos a los bomberos, a la Conred o a ponernos a gritar como locos: ¡Que venga un médico, que venga un médico! Sin embargo, en este caso, en particular, un médico no apareció, hasta que a alguien se le ocurrió llevarlo a un hospital cercano. Y así fue, unos minutos tarde: cerebralmente estaba muerto, aunque lo conectaron a un respirador artificial. Siete días después, lo perdimos.

Digo que fue una muerte inaudita porque pudo haberse evitado con, tan solo una persona, de todas las que había en el restaurante hubiera tenido algún conocimiento de los primeros auxilios. Reitero que fue inaudita, porque en este país la mayoría sabemos qué hizo Messi cuando Cristiano Ronaldo le sacó la lengua, pero muy pocos piensan que es importantísimo, especialmente, para un restaurante de caché, con chef y todos sus nombrecitos de platos, no cuenten con un solo miembro del personal que sepa primeros auxilios.

En otros países, donde las vidas humanas no se aprecian por lo que rinden o no, económicamente, sino por su calidad de personas, saber primeros auxilios es parte integrada a lo que llaman: Medicina de Seguridad. Tanto en las oficinas estatales como en las de las empresas particulares, un curso de primeros auxilios al personal es obligatorio.

Ahora que está tan de moda pregonar los programas que llaman Responsabilidad Social Empresarial, sería muy provechoso para trabajadores y empresarios iniciar la enseñanza de un cursito de Primeros Auxilios para todos, especialmente, en los establecimientos donde las personas van a comer los manjares que venden y, de repente, les sucede un accidente.

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