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Editorial de hoy

Una coyuntura de “aguas podridas”

opinion

Falta la sinergia de la movilización ciudadana.

La bocanada de oxígeno político vino del Congreso desde el 14 de enero, pero no se amplificó al Ejecutivo como era deseable. Al revés, después de un mes la contra ofensiva restauradora del viejo sistema se apalancó firmemente desde la Casa Presidencial y ahora comienza a anegar al poder Legislativo que deja en evidencia su propia porosidad, a juzgar por las dos votaciones en el Pleno la semana pasada, los acuerdos poco presentables entre las bancadas mayoritarias y el reacomodo quietista de la agenda legislativa.

Así, comienza a instalarse una coyuntura de “aguas podridas” que podría paralizar a los poderes del Estado. Los escándalos en el Ejecutivo son una sucesión en serie que ha saturado al presidente Jimmy Morales a la vez que desencanta a sus votantes, acelerando su desgaste político. Morales ha intentado contener con agresividad, elusión y amabilidad a la prensa, pero las fórmulas resultan peor una que la otra, simplemente porque el mandatario no tiene agenda proactiva que haga sintonía con el ambiente ciudadano.

El recurso espurio del transfuguismo del que echa mano el presidente Morales y su partido FCN-Nación, eficazmente administrado por los poderes tradicionales, puede ser el arma que neutralice los aires reformistas y en favor de la transparencia que lidera el presidente del Congreso, Mario Taracena. En los alrededores hay incertidumbre. La Corte Suprema de Justicia ha quedado entre la espada y la pared, después de rechazar el antejuicio contra el líder del partido oficialista Édgar Ovalle; entre tanto, en la Corte de Constitucionalidad se ha instalado plenamente su propia época electoral.

Los factores económicos agregan complejidad a la coyuntura. Los precios de las exportaciones que han demandado ingentes inversiones, siguen mal, y el abaratamiento de la energía ha trastocado las expectativas del mercado. Esas alteraciones que se confirman como tendencias de los próximos cuatro años, agregarán presión sobre la política económica local. Por eso el refugio de los capitales puede conspirar contra las reformas que demanda la ciudadanía desde 2015.

El mercado interno tiene, a pesar de su poca profundidad, espacios de reacomodo pero su maduración (tasas de retorno) no es inmediata, y la activación de nuevos motores de crecimiento es viable liberando las fuerzas del mercado (lo cual incluye la multiplicación de propietarios) y abatiendo privilegios fiscales.

Delante de la restauración conservadora siguen caminando el MP y la CICIG, y se agrega la agenda de Washington que podría articular una estrategia de reformas con amplia participación y cobertura territorial. Pero a esos dos soportes de modernidad institucional y de desarrollo les hace falta el componente sinérgico y desequilibrante de 2015, las movilizaciones ciudadanas.

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